Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Basura espacial, ¿será mi problema?

Todo indica que sí, que lo será muy pronto. La NASA tiene establecido en uno por 10.000 el límite máximo aceptable para los riesgos producidos por los desechos espaciales. Hace unos días ocurrió la caída incontrolada del satélite UARS de la NASA, con un cálculo, realizado por dicho organismo, de una probabilidad entre 3.200 de producir algún tipo de herida a una persona. Ahora se anuncia otra caída similar para el próximo mes. Esta vez del viejo telescopio espacial alemán RORSAT, de 2,4 toneladas, que se romperá en unos 30 fragmentos con un total de 1,6 toneladas, que caerán, más o menos desintegrados, sobre la Tierra, con una entre 2.000 posibilidades de causar daños personales. Por tanto, los riesgos actuales triplican o cuadriplican ya los máximos aceptables. Y el futuro es más bien pesimista. Hace unos días la NASA se hacía eco de ello en un informe del NATIONAL RESEARCH COUNCIL, titulado “Confronting space debris”, alertando de la gravedad del hecho.

Basura espacial, ¿será mi problema?
Foto :: ÁLEX

SITUACIÓN

¿Cuál es? El problema de la basura espacial se ha multiplicado enormemente en los últimos seis años. En la órbita terrestre ya existen unos 25.000 fragmentos, cuyo tamaño varía desde sólo unos centímetros hasta satélites enteros en desuso. Se vienen acumulando desde hace más de medio siglo, desde el inicio de la carrera espacial, y lo alarmante es que en las próximas dos décadas la cifra se triplicará.

Lo peor no es que la Tierra esté envuelta en una nube de basura espacial sino que la nube sigue creciendo, como atestiguan los radares de la Red de Vigilancia Espacial estadounidense. Los fragmentos de basura en órbita alcanzan velocidades de más de 7 kilómetros por segundo, por lo que incluso una partícula de pocos milímetros se convierte en una bala capaz de provocar daños graves. Los expertos temen que su acumulación provoque una verdadera “reacción en cadena”. Algo semejante sucedió cuando hace cuatro años China destruyó uno de sus satélites con un misil, generando millones de partículas de menos de un centímetro de diámetro, decenas de miles de entre 1 y 10 centímetros y unas 800 más grandes. Esta operación fue considerada por algunos como un ensayo de nuevas tecnologías bélicas. Y hace dos años chocaron por primera vez dos satélites enteros, uno ruso, en desuso, y otro de la red de comunicaciones Iridium, con la consiguiente producción masiva de chatarra espacial.

Para la NASA, la actual situación debe servir como punto de inflexión de un problema grave por su complejidad, la severidad del acúmulo de basura espacial, los recortes presupuestarios y la dilución de responsabilidades. Los peligros de colisiones con satélites y otras instalaciones son ciertos, los de caída de restos a la Tierra cada vez lo serán más y una dificultad adicional es la citada responsabilidad, ya que los Estados Unidos son el origen de un 30% de la basura espacial y el restante 70% corresponde a un, cada vez más, nutrido grupo de países. Y, según los principios legales internacionales ninguna nación puede hacerse cargo o destruir objetos espaciales propiedad de otros países. Indudablemente, para abordar correctamente el problema es necesario un gran acuerdo internacional al respecto aunque, desgraciadamente, este tema está todavía muy verde.

POSIBILIDADES

Evidentemente, las agencias espaciales procuran seguir un código de buenas prácticas para intentar evitar aumentar el cinturón de basura espacial que nos rodea.  Cuando un satélite se acerca al final de su vida intenta usar parte de su combustible restante para conducirlo a otra órbita y evitar el choque con otros satélites -lo que generaría infinidad de fragmentos de chatarra. Con el ERS1 no fue posible porque dejó de funcionar repentinamente en el año 2000. ERS1 y ERS2, de la Agencia Espacial Europea (ESA),han sido dos excelentes satélites de observación de la Tierra. Para que no suceda lo mismo con el  ERS2 se ha elegido finalizar su misión con suficiente antelación, proporcionándole una muerte digna, para lo cual se ha bajado desde los 800 kilómetros de altura a los 550 mediante controles realizados desde el Centro Europeo de Operaciones Espaciales (ESOC), en Darmstadt (Alemania). Tras ello, se espera que ERS2 vaya perdiendo altura poco a poco hasta que dentro de unos 25 años vuelva a entrar en la atmósfera y se desintegre. Desgraciadamente con el caso del ROSAT, próximo a caer, como indicábamos en el inicio, no se pueden realizar actuaciones parecidas.

Y, siguiendo las referencias al reciente informe de la NASA, reconoce que aún no existen estudios completos que contemplen todos los aspectos económicos, científico-tecnológicos, políticos y legales. Las dos actuaciones más inmediatas que recomienda son: 1. Mejor conocimiento y manejo de la basura espacial ya existente; 2. Crear sistemas para destruirla

ACTUACIONES

La vigilancia de los desechos espaciales puede realizarse mediante telescopios. La Estación Óptica Terrestre (OGS) de Tenerife, en nuestro país, se encuentra a una altitud de 2.393 m  y su telescopio fue construido por la ESA para realizar pruebas con enlaces ópticos –por láser- con satélites,  y para la observación de la  basura espacial. La cámara CCD y el espectrógrafo instalados en ese telescopio también se dedican a observar asteorides y cometas, dentro de la misión Rosetta.

Por su parte, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados para la Defensa estadounidense (DARPA) ha construido el mayor telescopio del mundo destinado exclusivamente a observar la basura espacial.  Se trata del Telescopio para la Vigilancia Espacial SST (de sus siglas en inglés), que actualmente está en fase de ensayos en una base militar cerca de Socorro, en Nuevo México. Ha costado 110 millones de dólares, estará operativo en unos seis meses  y, presumiblemente , concentrará sus observaciones en la órbita más poblada de satélites de telecomunicaciones, la geoestacionaria, a unos 35.000 km de altura, ayudando a los operadores de satélite y a los controladores de la Estación Espacial Internacional, o de cualquier otra misión tripulada, a evitar posibles colisiones. Entre sus características interesantes, el SST posee un espejo de 3,5 metros de diámetro, tres veces mayor que los hasta ahora disponibles. Como su campo de visión es más amplio, sensible y rápido, se podrán detectar objetos hasta ahora invisibles.

En cuanto a los sistemas posibles de eliminación de la basura espacial todavía carecemos de opciones claras para lograrlo. Una reciente propuesta apuesta por el uso de láseres de muy baja potencia que, ante la previsión de un choque, serían capaces de calentar la partícula diana lo bastante como para modificar su trayectoria. Pero algunos analistas indican que este método podría ser usado también como arma contra otros satélites, por lo que su desarrollo no genera mucha confianza.

Más en: http://www.rand.org/pubs/monographs/2010/RAND_MG1042.pdf