Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

¿Pudo o puede haber vida en Marte?

La idea generalizada es que su clima lo impide. Pero hace unos días la geóloga Kathleen E. Scanton de la Universidad de Brown, con la colaboración de otros tres científicos, estadounidenses y británicos, replantearon el asunto en un interesante artículo publicado en la revista ICARUS, con el título de ¨Volcano–ice interactions in the Arsia Mons tropical mountain glacier deposits”

¿Pudo o puede haber vida en Marte?
En el recuadro de la fotografía se destacan los posibles canales fluviales trenzados habitables? que
La idea generalizada es que su clima lo impide. Pero hace unos días la geóloga Kathleen E. Scanton de la Universidad de Brown, con la colaboración de otros tres científicos, estadounidenses y británicos, replantearon el asunto en un interesante artículo publicado en la revista ICARUS, con el título de  ¨Volcano–ice interactions in the Arsia Mons tropical mountain glacier deposits”.
 
La prestigiosa Universidad norteamericana de Brown, en Providence, Rhode Island, es una de las más antiguas de EE.UU. Su servicio de prensa ha publicado una información respecto a la investigación comentada (http://news.brown.edu/pressreleases/2014/05/mars), indicando que en un pasado relativamente reciente, debajo de un inmenso glaciar existente en Marte se produjo la erupción de un volcán (el Arsia Mons) y que ello condujo a la creación de grandes lagunas de agua líquida. Y lo que han intentado es aclarar cuánta agua y cuánto tiempo pudo permanecer (o permanece todavía), ya que donde hay agua existe la posibilidad de vida.
El Arsia Mons es casi dos veces tan alto como el Monte Everest, es el tercer volcán más alto en Marte y es una de las montañas más grandes del sistema solar. Las investigaciones muestran que hace 210 millones de años un gran glaciar cubría la región y que se produjeron erupciones a lo largo de flanco noroeste del volcán. El calor de las erupciones habría fundido enormes cantidades de hielo que formaron lagos, en forma de una especie de grandes burbujas líquidas situadas en medio del hielo semicongelado. Estos lagos, según el cálculo de la investigadora Kat Scalon, representaron cientos de kilómetros cúbicos de agua de deshielo.
 
Además, 210 millones de años es un tiempo relativamente mucho más reciente que el de otros ambientes habitables de Marte que han sido investigados por la Curiosity y otros vehículos exploradores en ese planeta, que parecen datarse hace unos 2500 millones de años. La relativa juventud del Arsia Mons le convierte en un objetivo interesante para posibles futuras exploraciones.
 
El estudio del Arsia Mons se impulsó en el 2003 cuando los geólogos Jim Head, de la Universidad de Brown, y David Marchant, de la Universidad de Boston, demostraron que el terreno alrededor de Arsia Mons se parecía sorprendentemente al existente en las zonas dejadas al descubierto tras el retroceso de los glaciares en los valles secos de la Antártida, con crestas paralelas, descendentes en la montaña, así como pequeñas colinas formadas por  montones de escombros depositados en los bordes del retroceso glaciar.
 
La idea del glaciar marciano sufrió otro empujón con los modelos climáticos recientemente desarrollados que tienen en cuenta los cambios en la inclinación de eje del planeta Marte. Los modelos sugieren que durante los períodos de mayor inclinación, el hielo que ahora se encuentra en los polos habría migrado hacia el Ecuador. Eso situaría a las montañas gigantes de las latitudes medias de Marte — Ascraeus Mons, Pavonis Mons y Arsia Mons — como ubicaciones ideales de la glaciación de hace 210 millones de años.
 
Lo primero que confirmó el equipo investigador fueron las múltiples evidencias de que lava volcánica caliente pudo fluir en la zona coincidiendo con la existencia del glaciar. La Mars Reconnaissance Orbiter (acrónimo: MRO) es una nave espacial multipropósito, lanzada por la NASA el 12 de agosto de 2005 con el fin de examinar potenciales zonas de aterrizaje para futuras misiones en la superficie. Usando los datos enviados por la MRO Scanlon encontró la existencia de una especie de almohadas de lava, similares a las que se forman en la tierra cuando irrumpe la lava en el fondo del océano. También encontró las mismas clases de crestas y montículos que se forman en la tierra cuando un flujo de lava se ve limitado por hielo glacial. La presión de la capa de hielo limita el flujo de lava, y el hielo glaciar rompe la lava en fragmentos de roca volcánica, formando montículos y cantos con lados empinados y cubiertas planas. También aparecieron evidencias de la existencia de un río tipo jökulhlaup, que es un término islandés usado para describir los eventos violentos producidos por el contacto entre las erupciones volcánicas y los glaciares que conllevan a la creación de enormes inundaciones, y el desprendimiento de bloques de hielo. lo que —junto con el material derretido— constituye un importante medio de erosión y de transformación del paisaje geográfico.
 
Basándose en los tamaños de las formaciones, Scanlon podría estimar cuánta lava habría interactuado con el glaciar y cuánta agua fundida se produciría. Encontró que dos de los depósitos habrían creado lagos conteniendo alrededor de 40 kilómetros cúbicos de agua cada uno y que otra de las formaciones habría creado alrededor de 20 kilómetros cúbicos de agua.
 
Incluso en las condiciones frígidas de Marte, esa gran cantidad de agua semihelada cubierta hubiera podido seguir estando líquida durante un gran período de tiempo, cientos o miles de años, suficiente para permitir su colonización por formas de vida microbianas. Los investigadores no descartan la posibilidad de que parte de aquel hielo glacial todavía pudiera seguir allí, lo que, además, sería interesante desde el punto de vista científico porque es probable que conserve, en pequeñas burbujas, muestras de la atmósfera de Marte de hace cientos de millones de años atrás. Por otra parte, evidentemente, la existencia de un depósito de hielo podría ser constituir una extraordinaria fuente de agua, aprovechable en futuras exploraciones humanas.
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