Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Una extraordinaria nueva galaxia

El 26 de marzo pasado, en la gran revista científica Nature, un grupo investigador bajo la dirección del astrónomo americano P.M. Solomon, de la Universidad de Nueva York, aportaba nuevos datos sobre el objeto astronómico más brillante jamás estudiado que, por vez primera, fue dado a conocer en esa misma revista el 27 de junio de 1991

El 26 de marzo pasado, en la gran revista científica Nature, un grupo investigador bajo la dirección del astrónomo americano P.M. Solomon, de la Universidad de Nueva York, aportaba nuevos datos sobre el objeto astronómico más brillante jamás estudiado que, por vez primera, fue dado a conocer en esa misma revista el 27 de junio de 1991. Equivalente a trescientos billones de soles, con una luminosidad 30.000 veces superior a la de la Vía Láctea, el hallazgo del nuevo complejo galáctico, IRAS 10.214 + 4.724, se realizó en la última noche de una campaña de investigación llevada a cabo por astrónomos ingleses, irlandeses y americanos con la misión principal de utilizar el satélite infrarrojo IRAS (InfraRed Astronomy Satellite) para analizar ciertas radiaciones débiles procedentes de las 1.400 galaxias que existen identificadas en el Cosmos.
 
Recordemos que la Tierra y el sistema solar pertenecen a una galaxia, la Vía Láctea, que es parte de un grupo local de 20 galaxias simples, existiendo también galaxias en parejas, galaxias grandes rodeadas de galaxias satélites, así como cúmulos galácticos con miles de constituyentes. Por otra parte, es bien sabido que la unidad astronómica de distancia es el año-luz, o sea la distancia que recorre la luz en un año a velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, lo que equivale a unos 10 billones de kilómetros. Para darnos una idea de la inmensidad del Universo, podemos tener en cuenta que la distancia media entre galaxias vecinas es de unos 10 millones de años-luz.
 
También es conocido que el Universo está en continua expansión y que —gracias al descubrimiento del astrónomo Hubble, en 1929— se conoce la existencia de un efecto parecido al efecto Doppler de los sonidos que al aproximarse se agudizan y al alejarse se vuelven más graves. Por ello, conforme se aleja una galaxia, se observa un aumento en la longitud de onda de las radiaciones que emiten, lo que se cuantifica mediante el llamado valor "z", de modo que cuando mayor es "z" ello significa que la galaxia está más lejana en el espacio, o sea que lo que se está observando ocurrió hace más tiempo, fijándose un origen o inicio del Universo hace 1,9 x 1029 años.
 
Por todo ello tiene gran interés que mientras las galaxias más fácilmente observables poseen valores de "z" próximos a 0,2 la nueva galaxia tiene un "z" = 2,286, lo que significa que es de los objetos astronómicos detectados más lejanos o, lo que es igual, que lo que ahora se observa en ella ocurrió cuando el Universo tenía una edad entre 1/6 y 1/3 de la actual, indicando con ello que lo que los astrónomos están analizando es lo que sucedía hace 10 millones de millones de millones de años (1019 años), en una etapa muy inicial de la larga historia del Universo, lo que podría ayudar a evaluar las hipótesis sobre formación de las galaxias a partir del hidrógeno y helio gaseosos.
 
Con el satélite IRAS se pueden estudiar las radiaciones infrarrojas, cuyas longitudes de onda están comprendidas entre las que corresponden a las visibles y las de una micra (10-4 cm.) Los pioneros en este tipo de investigaciones fueron los astrónomos americanos Goblentz, Pettit y Nicholson en los años 20, pero en esa época las limitaciones instrumentales eran enormes y hasta 1965 no se comenzaron a usar globos, cohetes y aeronaves, lanzándose en 1983 el satélite no tripulado IRAS, equipado con un telescopio infrarrojo enfriado criogénicamente ya que como es sabido las radiaciones infrarrojas poseen efectos térmicos.
En los 6 meses de observación de la nueva galaxia se ha podido calcular por medio de este satélite que su masa total de gas molecular es del orden del medio billón de masas solares, comparable por tanto a la masa total de todas las estrellas de las mayores espirales de galaxias existentes, representando un porcentaje respecto a la masa total de la galaxia superior al 90%, lo que confirma que se está observando la formación de la galaxia en sus estados iniciales de conversión de los gases hasta el nacimiento de las estrellas. En otro orden de cosas la gran luminosidad observada ha dado lugar a especular sobre la consideración del fenómeno como un cuásar emisor de radiaciones ópticas, ultravioletas y de rayos X, que estuviese recubierto de una gran capa de polvo que hiciese modificar las longitudes de onda de las radiaciones. Otra opción es que las causas de las observaciones se deben a súper explosiones estelares, mientras otros investigadores intentan aunar ambas posibilidades. En todo caso, para poder tener ideas más precisas sobre todo ello, posiblemente haya que esperar a los datos que se aporten como consecuencia del proyectado lanzamiento de otro observatorio espacial con tecnología infrarroja a comienzos de 1994, lo que sin duda será de gran ayuda para profundizar más sobre los acontecimientos que tuvieron lugar en el inicio de nuestro Universo.