Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

La paradoja de la obesidad

Virginia Hughes es una joven francesa, graduada como neurocientífica en el año 2005 en los Estados Unidos y como periodista científica en el 2006. Hace dos años fue incluida en ese país en la lista de las diez mujeres con mayor impacto tecnológico

La paradoja de la obesidad
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Virginia Hughes es una joven francesa, graduada como neurocientífica en el año 2005 en los Estados Unidos y como periodista científica en el 2006. Hace dos años fue incluida en ese país en la lista de las diez mujeres con mayor impacto tecnológico.  En Twitter se autodeclara especialista en cerebro, genes y fármacos, publicando sus colaboraciones en revistas tan señaladas como 'Popular Science', 'National Geographic', 'New Scientist, Popular Mechanics', 'Science', 'Scientific American', 'Nature', etc. Precisamente, en esta última prestigiosa revista se ocupaba extensamente la última semana de lo que ha comenzado a divulgarse como la paradoja de la obesidad. 
Un problema mundial
Sin duda todos ustedes conocen la existencia de la denominada paradoja francesa, que es un hecho nutricional que no encaja bien con la teoría nutricional establecida, ya que en ese país la incidencia de enfermedades cardiovasculares es mucho menor que en otras naciones, aunque la dieta media francesa sea más rica en grasas saturadas. Consecuencia de ello fue la divulgación de las grandes ventajas de la dieta mediterránea. 
Del mismo modo que grasas saturadas y salud cardiovascular se ofrecen como conceptos totalmente contrapuestos sucede con los conceptos de obesidad y salud. Como ejemplo, podemos considerar el consenso SEEDO'2000, es decir, el acuerdo redactado por la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad para evaluar los efectos del sobrepeso y la obesidad. El primer párrafo se inicia así: «La obesidad, o excesiva acumulación de grasa en el organismo, constituye uno de los mayores problemas a los que se enfrentan las sociedades modernas». 
En la web de la OMS (Organización Mundial de la Salud): «La obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas a nivel mundial, y cada año mueren, como mínimo, 2,6 millones de personas a causa de la obesidad o sobrepeso. Aunque anteriormente se consideraba un problema confinado a los países de altos ingresos, en la actualidad la obesidad también es prevalente en los países de ingresos bajos y medianos». Para definir sobrepeso y obesidad la OMS utiliza el Índice de masa corporal (IMC, peso en kilos dividido por el cuadrado de la talla en metros). El sobrepeso es un IMC igual o superior a 25, y la obesidad se da si el IMC es igual o superior a 30. Una buena parte de casos de diabetes, cardiopatías isquémicas e, incluso, cánceres se atribuyen a sobrepeso y obesidad. Por ello, según la OMS, es necesario poner en marcha para luchar contra la obesidad una estrategia mundial, poblacional, multisectorial, multidisciplinaria y adaptada al entorno cultural.
Todo parece claro. Pero, entonces, ¿qué sucede con las investigaciones científicas que vienen apareciendo desde hace años y que culminaron con una publicación aparecida a principios de este año en la importantísima revista médica 'JAMA', que evidencian que el sobrepeso no siempre acorta la vida sino que incluso la alarga? De ahí la expresión paradoja de la obesidad.
Muertes
El estudio, liderado por la epidemióloga Katherine Flegal, publicado en 'JAMA' diseccionaba los resultados de 97 investigaciones realizadas sobre 2,88 millones de personas en las que ocurrieron 270.000 muertes. El impactante resumen global fue que las personas consideradas con sobrepeso (IMC 25-30) presentaron un 6% menos de probabilidades de morir respecto a los de peso normal, en el mismo período de tiempo. Y, para el grado 1 de obesidad (IMC 30-35) fue del 5% inferior, mientras que para los grados 2 y 3 de obesidad (IMC >35) el riesgo de muerte no disminuyó, sino que aumentó un 29%.
Y existían precedentes semejantes. La noción de que el exceso de peso acelera la muerte se originó en los estudios de la industria de seguros de Estados Unidos. En 1960, un voluminoso informe basado en datos de 26 empresas de seguros de vida encontró que las tasas de mortalidad eran menores en las personas que pesaba unos kilos menos que la media de Estados Unidos. Se actualizaron las tablas de pesos deseables, y se desarrollaron numerosas normas médicas al respecto. Sin embargo, una veintena de años después, Reubin Andres, quien dirigió el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Bethesda, en Maryland, reanalizó todos los datos que se habían usado y concluyó que los pesos recomendados por las aseguradoras podrían ser apropiados para personas de mediana edad, no para los de 50 años o más. 
Otro trabajo previo realizado por Flegal en el 2005, así como los elaborados por el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos en Chile eran coincidentes en que los adultos mayores obesos vivían algo más.
En las personas con sobrepeso, si se compara en una gráfica la edad (horizontal) contra tasa de mortalidad (vertical) aparecía una gráfica en forma de U, de modo que en los extremos los valores de mortalidad supera a la de los nos obesos, pero en una amplia zona intermedia la mortalidad era menor.
Se agrandaba así la paradoja de la obesidad y se intensificaron las acaloradas discusiones al respecto, casi siempre basadas en datos discordantes obtenidos con investigaciones epidemiológicas. 
¿Qué hacer?
Las posturas son encontradas. Según algunos, como Walter Willett, experto en Nutrición y epidemiólogo de Harvard, el último estudio de Katherine Flegal «es realmente un saco de basura» y considera que puede acentuar el peligro de confundir a médicos y público en la necesaria lucha contra la obesidad.  Otros científicos como Samuel Klein, experto en obesidad, opinan que no se puede permanecer ciego cuando se repiten una y otra vez evidencias en el sentido apuntado por Flegal.
En lugar de posturas apriorísticas dogmáticas, la mesura, el equilibrio e investigaciones rigurosas son las que se necesitan aplicar para aclarar la paradoja de la obesidad. Ya comienzan a conocerse datos reveladores. Por ejemplo, parece que en personas con enfermedades graves quienes tienen sobrepeso parecen tener tasas de mortalidad más bajas, posiblemente porque tienen más reservas de energía para luchar contra la enfermedad.  También pueden colaborar factores genéticos y metabólicos. Recientemente, se ha encontrado que los adultos con diabetes tipo 2 y peso normal tienen el doble de probabilidades de morir durante un período determinado que los que tienen sobrepeso u obesidad. Posiblemente el IMC es demasiado rudimentario para que sirva bien como índice de salud personal. Y lo que sí está claro es que el excesivo sobrepeso es siempre perjudicial y que ello debe ser un motivo importante de cuidado en los jóvenes. Y todo ello nos lleva a recordar la gran sabiduría de Hipócrates cuando decía: «Si pudiéramos darle a todas las personas la cantidad adecuada de alimentos y ejercicio, ni demasiado ni poco, habríamos encontrado el camino más seguro hacia la salud».
·· Más información en:  http://www.nature.com/news/the-big-fat-truth-1.13039