Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Agricultura transgénica y agricultura ecológica, ¿incompatibles?

La Agricultura ecológica, también denominada orgánica o biológica, se basa en la utilización exclusiva de recursos naturales de un modo sostenible y equilibrado, sin usar productos de síntesis ni organismos genéticamente modificados (OGM) como abonos, pesticidas, etc. La Agricultura transgénica se basa en el uso de OGM, concretamente de plantas modificadas genéticamente, que les permite adquirir alguna ventaja como resistencia a plagas, salinidad, estrés hídrico, temperatura o una mejora en la composición de los productos derivados de su cultivo.

Agricultura transgénica y agricultura ecológica, ¿incompatibles?
Ilustración :: ÁLEX

AGRICULTURA ECOLÓGICA

En la Unión Europea está regulada por el Reglamento (CE) 834/2007 y otras normas posteriores.  Allí se especifican las técnicas autorizadas y que los productos ecológicos deben llevar obligatoriamente el sello oficial de la Unión Europea, aparte de otros del país o región de origen, existiendo mecanismos de control en las Comunidades Autónomas españolas para garantizar la veracidad de los contenidos.

Dados sus objetivos de obtención de alimentos saludables por medios totalmente naturales la Agricultura ecológica tiene un apoyo prácticamente unánime por parte de los consumidores y está muy tecnificada y desarrollada en aspectos como tipos de cultivos, control de plagas (sobre todo el biológico, feromonas, atrayentes y repelentes), abonados, rotaciones de cultivo, etcétera.

Indicativo del avance de la agricultura ecológica en España son las cifras siguientes: En el año 2000 las hectáreas cultivadas fueron unas a 400.000 y el valor de la producción comercializada fue de unos 120 millones de euros; una década después el número hectáreas supera las 1.650.000 y el valor los 700 millones de euros. Andalucía copa el mayor porcentaje de superficie total de agricultura ecológica, un 53,3% del nacional y Murcia representa un 3,72%, con 61.400 hectáreas, de las que 24.860 corresponden a los frutos secos. La velocidad de crecimiento de la agricultura ecológica ha multiplicado sus parámetros por 500 entre los años 1990 y 2010 y por 5 entre los 2000 y 2010.

Como datos positivo reseñaremos que numerosas experiencias han demostrado que el laboreo biológico es más beneficioso para el suelo  que el mecánico y que, contra los agoreros de una deforestación porque la agricultura ecológica sólo obtendría rendimientos inferiores al 33% del tradicional, la realidad es que alcanzan el 80%. Como dato neutro o negativo el que ninguna investigación seria haya establecido que el consumo de productos biológicos tenga un efecto beneficioso en la salud. La británica Food Standard Agency revisó en el año 2010 los 98.727 estudios científicos existentes; los resultados se publicaron en el American Journal of Clinical Nutrition, concluyendo la inexistencia de diferencias nutricionales significativas para la salud entre los alimentos ecológicos y los tradicionales.

AGRICULTURA TRANSGÉNICA

Los avances de la Biología y la Genética moleculares permiten al hombre transferir controladamente genes entre especies vivas. Los alimentos transgénicos son producidos a partir de OGM mediante ingeniería genética. La mejora genética de las plantas mediante otros procedimientos diferentes al de la ingeniería genética se realiza de modo natural o de una manera buscada desde hace más de 10.000 años: selección de variedades de plantas, cruzamientos entre géneros distintos, etcétera.

En 1994 se aprobó la primera comercialización de un alimento transgénico, un tomate. El auge de la agricultura transgénica se evidencia por cifras como que en el 2009 se utilizaron para estas prácticas más de 180 millones de hectáreas de 25 países o que EE.UU, con más de 65 millones de hectáreas, más del 90% de las plantaciones de soja sean transgénicas, así como el 85% del algodón o el 65% del maíz. España, en el 2010, cultivó 76.500 hectáreas (un 23,2% de las cultivadas) y es el país de la Unión Europea (UE) con más cultivos transgénicos: 80% del maíz transgénico de la UE (el 22% del total producido en nuestro país). Las predicciones indican que en el año 2015 unos 20 millones de cultivadores de 40 países dedicarán unos 200 millones de hectáreas a los cultivos transgénicos.

Los alimentos transgénicos encuentran la oposición de sectores muy importantes de la opinión pública, ecologistas, asociaciones de derechos del consumidor e, incluso, algunos científicos y políticos, con  preocupaciones sobre el impacto ambiental, la seguridad alimentaria, los cambios culturales o las  dependencias económicas (patentes). Los políticos son sensibles a ello y por ello el único cultivo autorizado en la UE es el maíz Bt.

Es bueno que haya polémica respecto a cualquier asunto que nos afecte para sopesar sus ventajas e inconvenientes existentes, pero desde el punto de vista científico las razones esgrimidas por los opositores son endebles. Como el asunto es prolijo basta reproducir lo escrito a los dirigentes del mundo por más de 400 científicos tras la cumbre de Rio de 1992: “Los más grandes males que acechan a nuestra tierra son la ignorancia y la opresión, y no la ciencia, la tecnología o la industria, cuyos instrumentos, cuando se manejan adecuadamente, son herramientas indispensables para salvar la sobrepoblación, el hambre y las enfermedades mundiales”

¿INCOMPATIBILIDAD?

Recientemente, en la sede del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAAMA), se celebraron las jornadas `Biotecnología y su contribución a una Agricultura Sostenible’ con una ponencia magistral de Peter J. Davies, un reputado profesor estadounidense experto de Fisiología Vegetal. En su intervención resaltó la importancia de los cultivos transgénicos en la producción de alimentos para hacer frente al reto de conseguir un 70% más de alimentos en los próximos 38 años para poder alimentar a los más de 9.500 millones de habitantes que poblarán el planeta en 2050, afirmando que no existe evidencia científica alguna de que los cultivos y alimentos modificados genéticamente tengan riesgos diferentes a los convencionales. Otro participante, Antonio Villarroel destacó la importancia de los cultivos transgénicos ante problemas sanitarios de primer orden como la celiaquía, una enfermedad que según datos médicos podría estar afectando a más del 12% de la población mundial de los cuales el 80% sin diagnosticar. Ante ello, ya se ha desarrollado un trigo transgénico sin  la proteína del gluten  que causa la enfermedad.

En la correspondiente mesa redonda se trató sobre la coexistencia entre agricultura ecológica y transgénica. Los participantes estuvieron de acuerdo en que ambos tipos de agricultura son completamente compatibles y que no deberíamos enfrentarlas ya que cada una tiene su espacio. Cerrar las puertas a la Biotecnología no ayudaría ni a Agricultura de España ni a la de Unión Europea.

Todo ello simultáneo a los necesarios controles, a la vigilancia respecto a los posibles excesos de algunas multinacionales propietarias de patentes o al innegable derecho del consumidor para que los etiquetados correspondientes proporcionen una información veraz y completa respecto a cada componente de la posible compra y su procedencia, para poder elegir según las opción que considere oportuna.

Más en:

http://fundacion-antama.org/