Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Apigenina: una saludable molécula natural

El uso de sustancias naturales para mejorar la salud es una constante histórica desde los albores de la humanidad. La medicina tradicional ha venido utilizando variados extractos de plantas en el tratamiento de las más diversas enfermedades

Apigenina: una saludable molécula natural
El uso de sustancias naturales para mejorar la salud es una constante histórica desde los albores de la humanidad. La medicina tradicional ha venido utilizando variados extractos de plantas en el tratamiento de las más diversas enfermedades. Es cierto que numerosos estudios epidemiológicos estadísticos sugieren la importancia de la ingesta de dietas ricas en productos vegetales en la prevención de numerosas patologías, como cáncer, diabetes tipo II, o enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas, e inflamatorias crónicas y alérgicas, radiaciones, etc. lo que ha justificado que, en las últimas décadas, muchos científicos se hayan esforzado en encontrar las moléculas responsables de ello y de sus posibles mecanismos de acción.
 
Una consecuencia de ello es que la mercadotecnia nos inunda con alegaciones y preparados que prometen el oro y el moro. En la mayoría de los casos no existe justificación científica al respecto. Algo de ello sucede incluso con los flavonoides, descubiertos en 1930 por el gran premio Nobel Sent György cuando aisló una sustancia, la citrina, de la cáscara del limón, que regulaba la permeabilidad de las pequeñas arterias. Los flavonoides son unos compuestos polifenólicos con una estructura química particular, ampliamente distribuidos en la naturaleza, en plantas, vegetales, semillas y frutas, habiéndose identificado más de 8.000 moléculas diferentes de ellos. Es conocido que poseen “buena prensa” y su presencia o adición es un reclamo publicitario muy usado. No en vano, algunos de ellos, muy pocos, han alcanzado el “status” de producto farmacéutico ortodoxo, sobre todo en lo relacionado con la salud cardiovascular y que compuestos como la hesperidina, diosmina y los ésteres de la rutina aún perduran como productos farmacéuticos y como suplementos nutricionales, redescubiertos, cada día con nuevas formas de presentación, solos o mágicamente combinados con otros compuestos (minerales, vitaminas, ácidos grasos,…) en busca de una sinergia, generalmente poco contrastada científicamente. El problema es la excesiva generalización tanto científica como comercial; con un simple experimento hablamos de “los flavonoides son, pueden, actúan sobre….”, y con una simple idea marketiniana convertimos a estos compuestos  en moléculas milagrosas pleiotrópicas bajo el paraguas del término generalista e incorrecto de “productos naturales antioxidantes”.
 
Es significativo que una de las industrias de más rápido crecimiento en el mundo (http://goo.gl/1O2rOP) es la de complementos alimenticios, por importe de más de más de 60 mil millones de dólares anuales, con incrementos en torno al 8% al año.
 
En contraposición a cierta ligereza existente al respecto, en esta ocasión vamos a comentar las características de un flavonoide, una molécula natural, la apigenina, utilizada inmemorialmente en forma de los vegetales que la contienen y que, redescubierta en los últimos años, ofrece unas posibilidades enormes de cooperación a nuestra salud y bienestar. Si las investigaciones sobre flavonoides deben centrarse en dos aspectos, encontrar novedades con eficacia real y superior a las existentes, establecer una relación específica entre flavonoide y diana fisiológica, huyendo de la generalización de “esto sirve para todo”, la apigenina cumple ambas premisas, para poder convertirse en un flavonoide de segunda generación, tras los cincuenta años dominados por los otros antes mencionados.
 
La apigenina, cuyo nombre científico es 5,7,4´-trihidroxiflavona está presente en vegetales como las flores de la manzanilla, el apio, perejil y numerosas plantas aromáticas como la menta, la mejorana, el orégano, el tomillo, la salvia, o la col china, ajo, guayaba o romero, así como, en menor cantidad en otros alimentos como las alcachofas, el vino tinto, la cerveza, la miel, las lechugas, el zumo de pomelo, los chiles, la cebolla roja, el nabo o el té verde. En concreto, su concentración en la manzanilla, puede llegar a ser de 80 mg/gramo, eso sí, en forma de compuestos glicosilados, lo que equivaldría a unos 30 mg de apigenina libre. Debido a que su presencia es en alimentos no muy comunes en la dieta, la ingesta de apigenina es muy variable en rangos que van desde casi 5 mg/día en China a 0,45 mg/día en Australia o 0,13 mg/día en Estados Unidos.
 
Las plantas que ahora sabemos que poseen un alto contenido en apigenina han sido muy utilizadas en la medicina tradicional. Así, la flor de la pasión, que contiene vitexina (8-glucosil-apigenina) se ha empleado para tratar el asma, el insomnio, la enfermedad de Parkinson, la neuralgia o el herpes zóster y la manzanilla, en distintas formulaciones, se ha usado para calmar la gastritis y la indigestión, o para reducir la inflamación cutánea y otros problemas dermatológicos.
 
En los últimos años el interés científico por la apigenina se ha incrementado mucho al demostrarse en el laboratorio sus propiedades antimicrobianas cuando se combina con otros polifenoles bacteriostáticos, anticancerígenas, antiinflamatorias, radioprotectoras, cardiosaludables o protectoras de las paredes vasculares. Como ejemplo de este interés, el número de investigaciones científicas publicadas en relación con esta molécula supera las 40.000 y en los últimos cinco años el mayor interés lo han acaparado la relación apigenina-inflamación (2270), apigenina-cáncer (2660), apigenina-cardiovascular (1990), apigenina-sistema nervioso (811), apigenina-alzhéimer (611) o apigenina-esclerosis lateral amiotrófica (130). Sin embargo, la mayor parte de las investigaciones son en sistemas in vitro o sobre animales de experimentación, siendo bastantes escasos los ensayos clínicos sobre humanos. Ello se debe a varias razones, pero las actuales investigaciones sobre dianas más tradicionales que las tradicionales de inflamación y relajación, usando un producto muy puro, prometen desarrollar aplicaciones de la apigenina más reales y específicas, eso sí, desde el punto de vista farmacológico, y no como un simple compuesto de moda o de “buena prensa” como flavonoide “antioxidante”.
 
Como exponente del interés de su estudio comentaremos brevemente cuatro investigaciones sobre algunas propiedades de la apigenina publicadas en este año 2015 que acaba. La primera que su adición a cultivos de células madre humanas pluripotentes favoreció la formación de neuronas en pocos días (http://goo.gl/fVg1qi) lo que guarda gran relación con  las enfermedades neurodegenerativas. La segunda se refiere a la prevención y tratamiento del alzhéimer mediante mezclas de curcumina y apigenina (http://goo.gl/uqAg64), por lo que los autores urgen a la realización de los oportunos y urgentes ensayos clínicos. La tercera, sí, es un ensayo clínico sobre el uso del aceite de manzanilla en la osteoartrosis (http://goo.gl/uqAg64),  con el resultado de que el “aceite de manzanilla disminuyó la demanda de analgesia de los pacientes con artrosis de rodilla”. Y la cuarta es un ensayo en humanos con carcinomas hepatocelulares, demostrativo de que la apigenina mejora la eficacia de los fármacos quimioterapéuticos y disminuye la quimiorresistencia hacia los mismos (http://goo.gl/5I7AGK)
 
Para finalizar, una información interesante. Hace 18 años un grupo de investigadores de la Universidad de Murcia y de una empresa de Alcantarilla se interesaron por este flavonoide por ser el único antiinflamatorio natural por entonces conocido y desarrollaron un procedimiento propio industrial de extracción y purificación. Con la incorporación de otros grupos investigadores nacionales y extranjeros su labor al respecto ha sido muy extensa e intensa durante estos años. Y la empresa en cuestión es en la actualidad la mayor productora mundial de apigenina, con una pureza del 95%, exportada en su totalidad desde Murcia, con un volumen que representa más del 60% del mercado mundial de la sustancia.
 
(Con agradecimiento a los acertados comentarios del Dr. Julián Castillo)