Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Nuevos efectos de la vieja Vitamina E

La vitamina E, de naturaleza lipídica, pertenece químicamente a la familia de los tocoferoles, fue reconocida hace más de 75 años y se obtuvo sintética y en forma pura en 1936. Se encuentra esta vitamina ampliamente distribuida en los alimentos, sobre todo en los gérmenes de cereales y aceites vegetales, por ejemplo, en el aceite de germen de trigo

La vitamina E, de naturaleza lipídica, pertenece químicamente a la familia de los tocoferoles, fue reconocida hace más de 75 años y se obtuvo sintética y en forma pura en 1936. Se encuentra esta vitamina ampliamente distribuida en los alimentos, sobre todo en los gérmenes de cereales y aceites vegetales, por ejemplo, en el aceite de germen de trigo. Salvo recién nacidos prematuros que no poseen casi grasa corporal, o en personas que no pueden absorber grasas de la dieta, es muy raro que existan situaciones esenciales de carencia de la vitamina, pues con cualquier régimen normal de alimentación se colman las 10-15 unidades diarias recomendadas.
 
Pero esta aparente falta de papel protagonista de la vitamina E está cambiando rápidamente conforme se dan a conocer más y más resultados de investigaciones que demuestran los efectos beneficiosos que en diversas situaciones se producen por la administración continuada de dosis altas de vitamina E. Ello se debe a la alta efectividad de la vitamina E frente a la acción destructora de los radicales libres oxigenados, de cuyos efectos negativos nos ocupamos hace poco tiempo.
 
Así, la propia Academia de Ciencias de Nueva York y otras instituciones muy respetables han patrocinado conferencias internacionales sobre las implicaciones para la salud de la vitamina E, se han publicado muchos libros al respecto, e incluso se ha montado un servicio de información internacional periódico dirigido a profesionales de la salud y de la nutrición. Por lo pronto, en numerosas tiendas y supermercados norteamericanos, se ha notado un gran incremento en las ventas de frascos conteniendo varios centenares de píldoras de vitamina E de 200 a 400 unidades.
 
La lista de posibles efectos beneficiosos de la vitamina E es variada y, refiriéndonos tan solo a investigaciones publicadas el último año, cubren efectos tan diversos como: ayuda a la prevención de angioplastias diabéticas, evitación de complicaciones neurológicas en afectados de fibrosis quísticas, prevención de daños en los tejidos corporales de los alcohólicos crónicos, intensificación de la respuesta inmunológica contra varios tipos de cáncer, ayuda al tratamiento de quemados, reducción de los efectos perniciosos del tabaco sobre los fumadores, mitigación del daño cerebral tras isquemia y trauma, reducción hasta del 50% del riesgo de cataratas en diabéticos, reducción del riesgo de enfermedad isquémica cardiaca, minoración de la progresión en la enfermedad de Parkinson, incremento de la respuesta inmune y mejora de la situación psicológica de ancianos, menor riesgo de desarrollar Alzheimer en los mongólicos, menor riesgo de cáncer gastrointestinal, disminución de hipercolesterolemia e hiperlipemia (y por tanto del riesgo de infarto de miocardio), disminución de la agregación plaquetaria, ayuda eficaz en la evitación de crisis epilépticas, corrección de la cirrosis biliar, protección contra carcinoma oral, regresión de cánceres epidérmicos en hámster, etc., sin olvidar su postulado papel retardador del envejecimiento.
 
Hay dos aspectos en los que los efectos protectores de la vitamina E son muy destacados. El primero de ellos es su eficacia contra los contaminantes atmosféricos. El humo del tabaco contiene gran número de compuestos que producen radicales libres y, aparte del daño directo que ello ocasiona a los fumadores cuyo peligro de cáncer de pulmón puede multiplicarse por 20, no es de desdeñar el producido a los fumadores pasivos. Así, la esposa de un fumador empedernido tiene un riesgo de contraer cáncer de pulmón dos veces y media mayor que si su marido no fumase. Otros contaminantes abundantes productores de radicales libres y presentes en zonas contaminadas, por ejemplo, las de intenso tráfico en grandes ciudades, son el ozono y el dióxido de nitrógeno. Los datos actualmente disponibles indican que dosis altas de vitamina E, gran antioxidante, incrementa los sistemas de defensa pulmonares contra los gases contaminantes, atrapando y neutralizando eficazmente a los radicales libres y protegiendo contra la aparición de diversos tipos de cáncer, sobre todo el de pulmón.
 
El segundo aspecto diferente se deriva del hecho de que, al realizar fuertes ejercicios en prácticas deportivas intensas, maratón, escaladas, etc., se producen daños musculares como consecuencia del proceso denominado peroxidación lipídica, en el que también participan, junto al oxígeno, los radicales libres. Este proceso se redujo drásticamente en atletas que fueron suplementados con 300 unidades diarias de vitamina E.
En conclusión, parece que en la lucha contra los efectos perniciosos de los radicales libres, la vitamina E tiene un papel muy importante. En algunas ocasiones más eficaz que el de los carotenos y el de la vitamina C. Dosis altas de la vitamina E ejercen numerosos efectos beneficiosos que necesitan ser confirmados e investigados con mayor profundidad. Hasta tanto, y aunque no parecen existir demasiados efectos negativos relacionados
con la administración de cantidades elevadas de vitamina E, se debe recordar que siempre es conveniente consultar con el médico antes de consumir algún medicamento.