Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Vicente del Bosque no dice toda la verdad

Indudablemente no son cuestionables su sabiduría ni su buen hacer futbolísticos sino su faceta de anunciador y, más concretamente, en el caso del anuncio de un producto comercial destinado a reducir la colesterolemia gracias a su contenido en fitoesteroles, que reducen la absorción intestinal del colesterol.

Vicente del Bosque no dice toda la verdad
::Alex
CRÍTICAS
El anuncio, que todos hemos contemplado, suscitó en su día una reclamación por parte de la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC), alegando que al incluirse la expresión “El fútbol me ha enseñado que hay momentos en los que hay que reaccionar. Con el colesterol, igual. En unos análisis me salió alto. Y con el colesterol no puedes esperar”, se infringía la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición que prohíbe la aportación de "pacientes reales o supuestos como medio de inducción al consumo, así como la sugerencia de un aval sanitario o científico". Sin embargo, la Asociación para la Autorregulación de la Comunicación Comercial (Autocontrol) desestimó esa reclamación.
 
En nuestro caso no vamos a comentar aspectos legales. Para cuidar ese punto las grandes empresas tienen asesores que controlan cuidadosamente el contenido literal de sus anuncios. Pero, a veces, se puede inducir a la confusión del consumidor, no por lo que se dice, sino por lo que no se dice. Por ello, brevemente, vamos a comentar algunos hechos científicos relacionados con el metabolismo del colesterol, su ingesta, su biosíntesis interna en nuestro organismo, su homeostasis y el papel de los fitoesteroles, destacando algunas de las más recientes investigaciones al respecto. Y quedará claro al final que el mensaje que se transmite en los anuncios comentados es incompleto y que, en muchos casos, seguirlo al pie de la letra, automáticamente no conllevará una reducción de la colesterolemia y que, incluso, en algunas ocasiones, la modificación de la homeostasis del colesterol puede llegar a ser perjudicial para la salud.
 
METABOLISMO
Para comenzar hay que destacar que el colesterol es esencial en nuestro organismo donde desempeña acciones esenciales, por ejemplo, en las importantes funciones de las membranas celulares, en la estructura del sistema nervioso, como precursor de las sales biliares y de sustancias como las hormonas esteroideas o la vitamina D3, y un largo etcétera de acciones beneficiosas. El colesterol supone el 50% del peso seco de las glándulas suprarrenales, el 15% del cerebro o el 10% del corazón. Y sólo un 5% del colesterol corporal circula por la sangre; el resto realiza sus funciones vitales en las células.
 
Dentro de un amplio margen de variaciones normales, nuestro colesterol total corporal puede suponer unos 100 gramos. Es importante que los tengamos. ¿De dónde procede? De la ingesta de la dieta y de su biosíntesis en nuestras células. Como valor orientativo, la biosíntesis interna puede suponer 1,5 g/día y la ingesta 1 g/día, de los que se absorben solo unos 0,4 g/día, el resto se elimina por las heces. Normalmente esos 1,9 g diarios de colesterol adquiridos se transforman en otras sustancias metabólicas importantes (unos 0, 4 g) o se metabolizan y eliminan por las heces (1,5 g). Eso sería lo normal. Por tanto, el primer hecho llamativo es que la mayor parte de nuestro colesterol corporal no procede de la ingesta sino de nuestra síntesis intracelular. Y, del que ingerimos en la dieta sólo se absorbe una parte minoritaria. La consideración obligada es evidente: los fitoesteroles sólo pueden actuar reduciendo la absorción del colesterol presente en la dieta. ¿Cuánto?. Sólo entre el 10 y el 25% del ingerido.
 
Más aún, los sistemas normales corporales de equilibrio homeostático hacen que si uno de los dos factores (biosíntesis o ingesta) se altera, el otro tienda a compensarlo. Por ello, una reducción importante en la ingesta y absorción de colesterol puede conducir a una mayor biosíntesis del mismo. Por regla general se estima que un 80% del colesterol plasmático circulante está determinado por el genotipo de la persona, su edad y estado fisiológico (ejemplo: menopausia en la mujer) y sólo un 20% restante tendría su origen en el nivel de su ingesta.
 
Otro aspecto a tener en cuenta con los fitoesteroles es su efecto negativo a largo plazo, ya que al inhibir  también la absorción de otros compuestos lipídicos como la provitamina A, licopeno y vitamina E, su consumo prolongado (más de 12 meses) o el consumo de cantidades superiores a 3 g/día, pueden provocar una carencia perjudicial de estas sustancias.
 
INVESTIGACIONES
La ciencia nos revela otros hechos importantes a tener en cuenta, tales como los siguientes: a) No siempre existe una relación rígida entre el colesterol alimentario y colesterol sanguíneo (hay casos de personas con ingestas diarias de dos docenas de huevos con un colesterol inferior a 200 mg/dl); b) Es un error fijar cifras mágicas para la colesterolemia. Sus niveles muestran un comportamiento ondulante sinusoidal y su variabilidad lleva a aumentos del 20% en otoño respecto al invierno y depende de otras muchas otras circunstancias. Más que valores estrictos de referencia se deberían usar niveles individuales; c) Niveles bajos de colesterol no son saludables en algunos casos: cáncer, enfermedades neurológicas, etc.; d) Experimentalmente, las lesiones  arteriales parecen estar favorecidas por  oxicolesterol (LDL oxidado) más  que por colesterol y los procesos industriales modernos de los alimentos de consumo masivo usan técnicas de deshidratación y secado con chorros de aire y oxígeno que generan este oxicolesterol (huevos en polvo, leche en polvo, queso rallado, comidas preparadas, mayonesas, pastas,  golosinas, chocolates, cremas heladas, etc.).
 
Por todo ello son comprensibles resultados como los muy recientes publicados en dos revistas internacionalmente muy prestigiosas. El primero, noruego, se publicó en junio en la revista Atherosclerosis y concluye que, mientras la ingesta de 2g/día de fitoesteroles presentes en alimentos reducía un 10% los niveles de LDL (“colesterol malo”), si esa ingesta de fitoesteroles era en forma de cápsulas no causaba efecto positivo alguno. El segundo, en agosto, en la revista PharmaNutrition, por científicos canadienses, con el sugestivo título (traducido) de “Obesidad abdominal, resistencia a insulina, síndrome metabólico y homeostasis del colesterol”. Entre muchas interesantes conclusiones, la más llamativa es que los estudios sugieren “que el síndrome metabólico se asocia con un incremento de la síntesis endógena del colesterol y con una disminución de la absorción intestinal del mismo”.  Y, curiosamente, esto es lo que persigue el uso de fitoesteroles.
 
Las conclusiones parecen evidentes. Junto al llamamiento de seguir investigando más, el de actuar con sensatez. No se trata de anatemizar a los beneficiosos, en tantas ocasiones, fitoesteroles, sino de someterse siempre a la supervisión de profesionales médicos o nutricionales, y seguir las   recomendaciones que en cada momento aconseje el conocimiento científico, sabiendo que no es inamovible y puede cambiar con el tiempo. Pero, mientras tanto, sería deseable que los intereses comerciales no lleven a que por acción u omisión no se informe al completo al consumidor de la situación real.  
 
Más en:
http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S221343441300039X