Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Berlín, ¿capital científica europea?

En la nueva Europa que nos toca vivir, la interdependencia es cada vez mayor y por ello es de interés conocer no sólo cuáles son las consecuencias políticas y económicas de la nueva situación alemana, sino otros aspectos

En la nueva Europa que nos toca vivir, la interdependencia es cada vez mayor y por ello es de interés conocer no sólo cuáles son las consecuencias políticas y económicas de la nueva situación alemana, sino otros aspectos, ya que la caída del muro de Berlín, que ha afectado y seguirá afectando profundamente a los hábitos de vida de los alemanes, también tendrá repercusiones que alcanzan a todo género de circunstancias, entre las que no podían faltar las científicas.
 
Hoy día la grandeza de un país se mide no sólo en términos de riqueza y recursos, sino por el grado de desarrollo científico-tecnológico. El ejemplo de Japón es harto elocuente, mientras que por el contrario España, que en otros indicadores figura como el décimo o undécimo país mundial, solo dedica al presupuesto de I+D menos del 1% del PNB, comparado con el 2,3% de Francia o el 2,7% de Alemania. Sin duda la habitual poca preocupación de los poderes públicos de nuestro país por la Ciencia ha dado lugar a que España sea una de las naciones del mundo que compra más tecnología (ocho veces más que vende) y a que las empresas españolas dediquen globalmente más dinero a tales compras que a sus propias investigaciones.
 
Hasta la llegada de los nazis al poder en Alemania en 1933, Berlín era una ciudad de gran brillantez científica. Por ejemplo, en su Universidad, desde 1892 ocupaba el puesto de catedrático Max Planck y sus esfuerzos consiguieron que en 1914 también se instalase allí Albert Einstein. Tras recibir Max Planck, en 1918, el premio Nobel de Física, su sucesor en la cátedra fue un científico tan prestigioso como Schrödinger. Fue en esta misma Universidad donde, en otro orden de cosas, Hegel enseñó Filosofía, contando entre sus discípulos a Karl Marx. Una de las primeras medidas del régimen nazi fue proceder a la quema de centenares de volúmenes procedentes de la excelente biblioteca de la Universidad.
 
Tras la división de Berlín como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, la prestigiosa Universidad de Berlín fue bautizada como Universidad Humbold, en honor de su fundador Wilhem Von Humboldt, dedicando buena parte de su actividad a la enseñanza del marxismo.
 
Paradójicamente la división de la ciudad hizo que en los pasados 40 años la ciencia y la cultura se impulsasen de un modo especial a ambos lados del muro con realidades de tanta calidad como, por ejemplo, la Universidad Libre de Berlín, en el lado occidental. La Alemania del Este consideró su parte de ciudad como un escaparate científico y técnico. En el próximo pasado la Universidad Humboldt tenía casi cerca de 20.000 estudiantes y unos 5.000 profesores, con una relación de estudiantes/alumnos del orden de 4 (en las universidades españolas son frecuentes relaciones cercanas a 20). Por otra parte, el régimen comunista contaba con la Academia de Ciencias de Alemania Oriental, con más de 26.000 componentes, de los cuales un 45% trabajaban en instituciones científicas del Berlín Oriental.
 
Posiblemente el Berlín reunificado constituirá un Land (Estado) separado, en el que, con la aportación proveniente de los sectores occidentales existirán un total de tres grandes universidades con 120.000 estudiantes; y más de 70 centros superiores de investigación, de los que los 20 situados en la parte occidental de la ciudad poseen un reconocimiento internacional muy cualificado.
 
Por otra parte, el Instituto Max Planck, que posiblemente es la institución científica alemana más prestigiosa y una de las líderes en Europa, tiene en estudio situar en Berlín a algunos de sus grupos de investigación pioneros e, incluso, a algunos de sus institutos al completo.
 
La reestructuración necesaria para conseguir la integración científica de la Alemania Oriental en la Occidental será cara y necesitará algún tiempo, evaluándose un gasto previsible de 400.000 millones de pesetas en los próximos cinco años. Especialmente duro será el proceso para varios miles el científicos germano-orientales que perderán su empleo debido a su falta de cualificación respecto al nivel occidental, y probablemente algunos de h institutos de investigación, si no son absorbidos por las industrias, simplemente desaparecerán.
 
De todos modos, y sean cuales sean las dificultades a resolver la realidad evidente es que en el Berlín reunificado el número y calidad de sus Universidades y centros de investigación es comparable con los lugares de excelencia más prestigiosos en Estados Unidos y Europa. Se revive así el glorioso pasado, sobre todo el medio siglo transcurrido entre 1880 y 1930 en el que Berlín fue la capital mundial de la Ciencia, al menos en algunos de sus aspectos, como el de la Física Teórica, aspirando a ser considerada otra vez, hoy día, como la capital europea de la Ciencia.