Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

El Hespérides y la Antártida

Hace unos pocos meses fue entregado en Cartagena por el ministro de Educación y Ciencia a la Armada Española el buque de investigación oceanográfica Hespérides, construido por la Empresa Nacional Bazán, cuya botadura había sido presidida por los Reyes de España un año antes, iniciando en octubre su viaje a la base española antártica Juan Carlos l

El Hespérides y la Antártida
Hace unos pocos meses fue entregado en Cartagena por el ministro de Educación y Ciencia a la Armada Española el buque de investigación oceanográfica Hespérides, construido por la Empresa Nacional Bazán, cuya botadura había sido presidida por los Reyes de España un año antes, iniciando en octubre su viaje a la base española antártica Juan Carlos l.
 
¿Por qué invierte nuestro país 9.000 millones de pesetas en este buque y mantenemos en la isla Livingston una base científica, una entre las 50 existentes en ese lejano, solitario y helado territorio, la Antártida, cuya belleza hizo que Neruda lo denominase la catedral del hielo? Aún más, el proyecto Antártida constituye una de las 26 acciones prioritarias del Plan Nacional de Investigación Científica y Técnica y Desarrollo Tecnológico, y ha contado con unas inversiones de más de 9.000 millones de pesetas en el cuatrienio que ahora finaliza.
 
Indudablemente los españoles tenemos razones históricas para interesarnos por aquellas tierras. El almirante Gabriel de Castilla fue el primero que, en marzo de 1603, divisó la "Tierra Incógnita Australis", aunque ya antes los griegos se refieran a su existencia. A pesar de que Felipe II procedió al reparto del territorio, no fue hasta el siglo XIX cuando los hombres consiguieron poner allí sus pies, y lo hicieron por motivos de codicia, realizando una matanza tan extensa de focas que, en sólo un decenio, el de 1820-1830, casi se llegó a extinguir la especie. Y la siguiente matanza fue la de las ballenas, favorecida por la instalación de la Sociedad Ballenera. Magallanes en la isla Decepción. En algunas temporadas llegaron a morir hasta cuarenta mil ejemplares, con los naturales efectos nocivos sobre la supervivencia de la especie.
Otros visitantes antárticos tenían pretensiones más científicas, comenzando por la célebre carrera, en 1912, entre Admunsen y Scott por alcanzar el polo Sur. Numerosos científicos y explotadores de muchos lugares vivieron tremendas aventuras alentados por las pretensiones colonizadoras de sus respectivos países, varios de los cuales aún poseen reivindicaciones territoriales: Argentina, Australia, Chile, Francia, Gran Bretaña, Noruega y Nueva Zelanda.
Los intentos internacionales para que el estudio científico de la Antártida llevase pareja la protección de sus delicados ecosistemas comenzaron en 1957 y a través del Tratado Antártico, afortunadamente, han conducido a la firma de acuerdos y protocolos para conservar la fauna y flora autónomas, así como para prohibir la explotación de sus recursos naturales. Este mismo año 1991, la Reunión Especial Consultiva celebrada en Madrid ha supuesto el triunfo difícil, pero unánime, de las posturas proteccionistas del medio ambiente frente a las partidarias de la explotación controlada de los recursos de la Antártida, declarada por otra parte zona no nuclearizada, territorio de la Ciencia y archivo del clima planetario. Aunque la Antártida posee una superficie equivalente a la de USA y Europa juntos, en invierno el número de sus habitantes es inferior a dos mil, alcanzando los diez mil en la época estival (noviembre-febrero), de clima más benigno. Esa inmensidad y características hacen que se considere el termostato de nuestro planeta y que, por ejemplo, allí estén localizadas más del 70% de todas las reservas de agua potable existentes en la Tierra.
Desde 1988, en que España entró a formar parte del Tratado Antártico, la base española Juan Carlos I desarrolla una intensa actividad durante los veranos antárticos, con dos tumos en los que se integran dieciséis científicos dirigidos por Josefina Castillví, la única mujer que dirige una base antártica. Fundamentalmente se dedican a investigaciones sobre meteorología, mares, glaciares y líquenes.
El Hespérides, verdadero laboratorio flotante capaz de acomodar a treinta investigadores, con sus 82 metros de eslora y 2.700 toneladas de desplazamiento, posee una autonomía de 1.200 millas, es capaz de romper hielos de 40 centímetros de espesor y alberga a varios laboratorios especializados, incluso uno radiactivo, así como abundante equipamiento sofisticado, tal como sondas y cañones sísmicos para conocer la naturaleza y composición del fondo marino, sondas multihaces para realizar las correspondientes cartas batimétricas hasta 12.000 metros de profundidad o, en otro orden de cosas, un completo gimnasio a fin de que sus moradores puedan cuidar adecuadamente su forma física. Aparte del apoyo logístico a la base española, está previsto que las actividades del buque sean determinadas por una Comisión de Gestión formada por representantes de ministerios y entidades científicas y de investigación, con el propósito de que sea útil a proyectos nacionales o internacionales en los que pueda participar; y aunque la misión prioritaria del Hespérides es la investigación antártica, su compleja instrumentación científica se espera que pueda ser usada en el adiestramiento de personal científico en nuevas técnicas punteras.
Parece pues, que a las razones históricas de la aventura antártica española, se pueden sumar otras de prestigio internacional, de firme postura de defensa del medio ambiente y las indudablemente valiosas del interés científico de las investigaciones a realizar.