Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

1992: España, ni en tercera división

En un mundo cada vez más tecnificado, la Ciencia y la investigación ocupan puestos muy preeminentes, ya que estas actividades son los pilares sobre los que se asientan los avances tecnológicos

En un mundo cada vez más tecnificado, la Ciencia y la investigación ocupan puestos muy preeminentes, ya que estas actividades son los pilares sobre los que se asientan los avances tecnológicos. Debido a ello, los países que desean mejorar su posición mundial invierten importantes recursos en investigación y desarrollo (I+D) y es claro que la sociedad del siglo XXI estará muy tecnificada, lo que no debe significar automáticamente deshumanizada o insensibilizada, pues los avances científicos son siempre convenientes y el problema consiste en su adecuada o inadecuada aplicación, que no radica intrínsecamente en ellos, sino que está relacionada con problemas individuales o sociales de educación y cultura.
 
La explosión científica de los últimos tiempos hace que no sólo estén vivos más del 90% de TODOS los científicos que han existido a lo largo de la historia de la humanidad, sino que su actividad se plasma, sólo en ciencias experimentales, en la publicación anual de más de un millón de artículos de investigación originales. En el último medio siglo el número de revistas especializadas se han multiplicado por 20 y mientras hace 100 años el peso científico relativo de EE.UU. y Francia estaba igualado, y era en cada caso el 23% del total mundial, actualmente los científicos americanos se responsabilizan de más de la mitad de la producción científica mundial y la aportación francesa no alcanza el 6%.
 
Un ejemplo muy significativo es el de Japón, donde se gradúan más ingenieros que abogados (en España la proporción es muy inferior a 1 por 10), se invierten en I+D el equivalente a unas 50.000 ptas. anuales por habitante (en España menos de la décima parte), mientras los gastos militares sólo suponen una tercera parte de los de I+D (en España más de dos veces), todo lo cual concuerda con otro tipo de indicadores como el que la tirada de periódicos sea superior a los 50 ejemplares por 100 habitantes (en España menos de 8) o que el porcentaje de población con estudios equivalentes a los de grado medio o superior sea unas cinco veces superior en Japón que en nuestro país. Más aún: la preocupación japonesa por la educación científica les llevó a dos reformas del sistema educativo realizadas en 1968 y 1977. Actualmente se está implantando otra reforma, que pretende desarrollar mentes creativas capaces de manejar las aplicaciones de la ciencia más que de recitar sus principios más complejos. Así, por ejemplo, los niños de 9 años se encuentran sobre sus pupitres un tostador de pan con las conexiones estropeadas para que intenten repararlo, con lo que al paso de los años es posible que estén capacitados para fabricarlos o inventarlos mejor. Los chicos de 10 años manejan pequeñas baterías solares y cochecitos de juguete e intentan acoplarlos en modelos que posiblemente serán los precursores de la invasión futura de automóviles solares japoneses.
 
Los recursos económicos que las naciones gastan el I+D se expresan usualmente como un porcentaje del PIB (producto interior bruto). En un símil futbolístico, la primera división estaría constituida por los países que superan o se acercan al 3%, que son EE.UU., Japón, Alemania, Suiza y Suecia. La segunda división, que gasta un 2% del PIB, comprende a otros 5 países europeos (Francia, Países Bajos, Gran Bretaña, Noruega y Finlandia), mientras que la tercera división, con inversiones entre el 1 y el 2%, incluye a otros 7 u 8 países europeos entre los que tampoco está España, que tiene el dudoso honor de liderar lo que se podría denominar categoría regional, con menos del 1% del PIB, siendo seguida a cierta distancia por Portugal, Grecia y Turquía. Estaba previsto que España superase en 1992 la barrera del 1% ascendiendo, según el símil, a tercera división, pero los últimos recortes presupuestarios del Gobierno han impedido que los fastos españoles del 92 se hagan extensibles también al mundo de la Ciencia española.
 
A pesar de ello es justo reconocer que en los últimos 10 años la Ciencia española ha cuadriplicado sus recursos económicos y ha dado grandes pasos. Pero, en todo caso, no podemos olvidar que, aunque somos el país 11 ó 12 gel mundo en riqueza, pero ocupamos el puesto 20 en lo que dedicamos a I+D. Que nuestros científicos son relativamente buenos lo demuestra el que a pesar de esta posición 20 en recursos invertidos, su producción científica, contrastable internacionalmente, vuelve a adelantar a España al número 12 mundial, siendo significativo por ejemplo que las 10,2 veces con que Alemania nos superaba en 1979 se habían reducido a 4,7 veces tan sólo 10 años después. España es especialmente competitiva en los campos de Astrofísica, Bioquímica, Biología molecular, Física de alta energía y Química orgánica.
 
Todos nosotros estamos acostumbrados a comprobar cómo se gasta el dinero público en actividades de discutible eficacia. Es evidente que los recursos económicos en nuestro país son limitados. Pero precisamente por ello deben emplearse del modo más rentable para todos los españoles. La investigación y la Ciencia son de los mejores candidatos para ello. Como mero ejemplo, sin duda en unos años se reduciría nuestro déficit de la balanza de pagos tecnológicos, o sea la diferencia entre los que nos pagan por aportar nuestra tecnología y lo que pagamos por la importación de la de los demás. Tan sólo en los tres años que van desde 1987 a 1990, ese déficit se ha duplicado pasando de 90 mil millones de pesetas a más de 180 mil millones.
 
Si queremos que España ocupe el puesto que le corresponde en el concierto mundial de naciones es obvio que debemos exigir a nuestros gobernantes, políticos, responsables sociales, empresariales, etc. que sus decisiones sean tomadas con criterios de rentabilidad social y bien común. En el mundo desarrollado ello tiene una traducción: apostar de una vez por todas por la Ciencia y la Tecnología de un modo serio y responsable.