Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Los científicos también se equivocan

Existe en la Ciencia y particularmente en algunos campos específicos una extraordinaria competitividad entre los diferentes grupos de investigación que trabajan sobre un mismo tema

Los científicos también se equivocan
Existe en la Ciencia y particularmente en algunos campos específicos una extraordinaria competitividad entre los diferentes grupos de investigación que trabajan sobre un mismo tema. Ello hace que, junto a las complejidades inherentes al propio trabajo y a sus interpretaciones, exista una fuerte presión por publicar rápidamente los resultados obtenidos, sobre todo si se refieren a temas de vanguardia científica. La contrapartida es que, a veces, ello conduce a que los resultados, acogidos con expectación y alborozo, no puedan ser repetidos por otros grupos porque no estaban suficientemente contrastados. Así ha sucedido recientemente en algunos casos llamativos.
 
Todos somos conscientes de la gran repercusión que tienen en nuestra sociedad las enfermedades mentales y particularmente los síndromes maniaco-depresivos y la esquizofrenia, que afectan a un buen número de humanos. Además, los tratamientos a menudo no son tan satisfactorias como serian de desear. Por otra parte, no se trata de enfermedades con esquemas de herencia mendelianas, sino de tipo multifactorial, existiendo una predisposición genética hacia ellas como queda demostrado al estudiar su incidencia en el caso de hermanas gemelos homocigóticos. 
 
Por ello, la búsqueda y caracterización de los genes responsables de la predisposición genética hacia la enfermedad podrían suponer grandes pasos que posteriormente se traducirían en diagnósticos más precisos de los afectados, estudios de predisposiciones hereditarias, orientación genética, detección prenatal e incluso, en su día, una posible terapia génica.
 
En 1987 se publicó en la prestigiosa revista Nature un artículo relacionando la enfermedad maniaco-depresiva con unos determinados genes situados en el brazo corto del cromosoma número 11. Por otra parte, en 1998 otro excelente equipo de investigadores anunció sus resultados, en la misma revista, relacionando la predisposición a la esquizofrenia con una zona precisa del cromosoma 5. Más aún, y en otro ámbito completamente diferente, en junio del presente año, en la revista Cell, un grupo italiano explicaba su éxito en la producción de ratones transgénicos, a sea que llevan genes procedentes de otras especies, mediante un nuevo procedimiento revolucionario por su sencillez, comparado con los métodos complicados usados hasta la fecha. El grupo de investigadores romanos afirmaba conseguirlo simplemente mezclando con los espermatozoides el ADN extraño que querían introducir, con lo que los espermatozoides transmitían el ADN
hasta los embriones de los ratones.
 
El denominador común de los tres hechos hasta aquí relatados ha sido precisamente que a lo largo del mes de noviembre último ha ido apareciendo diversos informes de varios grupos científicos afirmando no poder
reproducir los experimentos por lo que, como mínimo, su significado queda en cuarentena, cuando no desmentido.
 
En todos los casos se han dado una serie de coincidencias: los grupos investigadores son prestigiosos, la metodología usada fue adecuada y los trabajos fueron previamente discutidos con cualificados jueces de las excelentes revistas en las que aparecieron. Pero también en todos ellos, los factores involucrados en el proceso investigador son muy variados y muchos incluso totalmente desconocidos, por lo que no todas las circunstancias posibles pudieron ser tenidas en cuenta. De todos modos, incluso de los fallos se pueden obtener consecuencias positivas y sin duda el que numerosos científicos estén intentando ahora descifrar las razones de esos fallos significará un conocimiento más profundo sobre las bases genético-moleculares de las enfermedades mentales o sobre las técnicas de transferencia del material genético entre organismos diferentes.