Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Un laboratorio especial: el de aduanas

Posiblemente pocas personas sepan que probablemente el café que tomaron en el desayuno, la cerveza del mediodía, el kiwi del postre, el cigarrillo que acaban de fumar o ver fumar, el tejido de su camisa, el material de las suelas de sus zapatos, los componentes del detergente que se acostumbra usar en su casa, la pasta de papel de su periódico, etc

Posiblemente pocas personas sepan que probablemente el café que tomaron en el desayuno, la cerveza del mediodía, el kiwi del postre, el cigarrillo que acaban de fumar o ver fumar, el tejido de su camisa, el material de las suelas de sus zapatos, los componentes del detergente que se acostumbra usar en su casa, la pasta de papel de su periódico, etc., todos ellos, han sido analizados previamente en unos laboratorios, los de Aduanas, que aparte de las sedes de carácter regional ubicadas en Barcelona, Irún, Sevilla y Valencia cuenta con una localización principal, la del Laboratorio Central, de la calle Guzmán el Bueno de Madrid, en el mismo edificio en el que se celebran los sorteos de la Lotería Nacional.
Muchas mercancías tales como el alcohol, la cerveza, las bebidas alcohólicas, el tabaco o sus derivados están sometidas a impuestos especiales cuya cuantía se relaciona con su composición. Por otra parte es evidente que la adecuada aplicación de los aranceles de aduanas o la protección del ciudadano ante la posible introducción en España de productos peligrosos depende en gran manera del conocimiento exacto de la composición de esos productos, lo que es extensible a toda mercancía que se intercambie con el exterior y de cuyo proceso se deriven factores económicos, de fiscalidad, comerciales, de seguridad, etc. Por ello no es de extrañar que hace ya más de 100 años, en 1888, un Real Decreto crease lo que entonces se denominó Laboratorio Químico del Ministerio de Hacienda con la finalidad de realizar esas tareas analíticas y asesoras. Más de una veintena de profesores químicos y cerca de una treintena de analistas se han especializado en estudiar productos tan dispares como aceites, grasas, multitud de alimentos, bebidas, condimentos, cauchos, calzados, detergentes y grado de biodegradabilidad de los mismos, textiles, metales, productos químicos, farmacéuticos, petrolíferos, tabacos, etc.; es decir, prácticamente cualquier material por complejo que sea. Aparte de ello colaboran en tareas tales como la redacción de textos arancelarios del Subcomité Científico de Coordinación Aduanera de Bruselas, la emisión de dictámenes relativos a las clasificaciones arancelarias, la identificación de las materias objeto del llamado tráfico de perfeccionamiento, informes para tribunales como el de Contrabando o los Económico-Administrativos, asesoramiento a otros órganos de la Administración del Estado, etc. Por ejemplo, fue importantísima la labor química asesora que se realizó con motivo del tristemente conocido caso del aceite de colza. Para hacerse una idea del volumen de las actuaciones de los científicos del Laboratorio basta con considerar que el pasado año el valor de las mercancías sometidas a sus análisis superó el billón de pesetas, realizando más de veinte mil dictámenes, boletines de análisis y análisis contradictorios.
La complejidad de la metodología que es necesario utilizar se deriva de la gran diversidad de circunstancias y materiales que son motivo de estudio. Por ejemplo, conozcamos que cuando un cigarrillo se quema en una máquina fumadora diseñada al efecto en el Laboratorio, los químicos son capaces de distinguir y caracterizar a más de 150 componentes distintos en el humo producido o sepamos que en el laboratorio donde son estudiados los detergentes se han analizado más de 1500 sustancias tensioactivas diferentes. Por ello han de utilizarse los equipos instrumentales más actualizados y sofisticados empleando técnicas modernas como la cromatografía líquida (HPLC); la cromatografía de gases; espectrofotometrías de absorción atómica, UV-visible e infrarroja (dispersiva y transformada de Fourier); así como espectrometría de masas, de resonancia magnética nuclear, fluorescencia o difracción de rayos X, aparte de los análisis térmicos diferenciales, electroforesis o el equipo de fumar antes citado.
A lo largo de la historia del Laboratorio Central de Aduanas, entre sus miembros y directores han figurado destacados científicos y diversos catedráticos de Universidad. Desde hace varios años está dirigido por un químico murciano, el Dr. Enrique Monzón Baño, quien fue premio extraordinario de la licenciatura de Químicas por la Universidad de Murcia en 1962, realizando posteriormente su doctorado en el Departamento de Química Analítica, tras lo que ocupó una cátedra de Química de Escuela de Ingeniería, puesto que dejó tras su ingreso como profesor químico del Laboratorio de Aduanas.
El buen hacer durante más de 100 años de este veterano Laboratorio Central de Aduanas es la causa de la participación de sus profesores químicos en reuniones y comités técnicos internacionales tales como el de Nomenclatura Agrícola y Química de la CEE, el Subcomité Científico CCA, los grupos de expertos de la FIL, el Consejo Europeo de Cooperación Aduanera, etc. Por otra parte, su labor de asesoramiento ha sido crucial para la puesta en marcha de otras instalaciones semejantes que en los últimos años se han ido montando en algunos países iberoamericanos o de la antigua Unión Soviética.
En el futuro previsible de una Europa sin fronteras el papel del Laboratorio no quedará desvirtuado, sino que se potenciará al funcionar todo el territorio europeo corno una unidad por lo que sus resultados tendrán validez no solo para el territorio nacional sino para el de la Europa unida. Para facilitar ese cometido sería deseable que sus instalaciones estuviesen ubicadas en un emplazamiento más conveniente y acorde con los tiempos actuales que las del vetusto edificio que ocupan.