Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Valoración del mundo científico

En algunos medios informativos se ha llegado a decir que "la casi totalidad de los profesores universitarios españoles han sido suspendidos en investigación"

En algunos medios informativos se ha llegado a decir que "la casi totalidad de los profesores universitarios españoles han sido suspendidos en investigación". Esta escandalosa frase se ha debido a que recientemente el Ministerio de Educación y Ciencia ha dado a conocer algunos datos globales y particulares de la evaluación investigadora efectuada al profesorado universitario que en su día solicitó ser sometido a este mecanismo de control. Para ello, cada interesado dividió su carrera investigadora en tramos de seis años consecutivos, solicitando la valoración de uno o más de estos tramos, y en caso de resultar positiva ello se traduce en la percepción por los catedráticos de unas 180.000 pesetas anuales brutas por cada tramo, cuyo número máximo alcanzable se ha establecido en seis, que representarían 36 años de continuada labor investigadora. Los profesores titulares son recompensados con cantidades algo inferiores.
 
Las Juntas de Gobierno de muchas Universidades, Juntas de Facultad, conferencias de Decanos y otras instituciones están expresando durante estos días sus profundas reservas y objeciones respecto al sistema seguido y los resultados obtenidos. Se ha insistido a lo largo de todo el año 1990, por parte de fuentes oficiales, en que la evaluación positiva significaría un aumento de alrededor de un millón de pesetas en las remuneraciones anuales de los catedráticos, pero esta posibilidad ha resultado ser totalmente minoritaria, ya
que para hacerse realidad se hubiese necesitado: a) poseer 36 años de productividad científica, lo que en la práctica significa más de 40 años de investigación continuada, pues los resultados de las investigaciones, sobre todo las iniciales, tardan 3 o 4 años en ser completados y publicados; b) tener derecho a solicitar todos los tramos, lo cual no es fácil por diversos condicionamientos burocrático-administrativos; e) haber sido evaluado positivamente en todos los tramos. Además, la citada remuneración no significa incremento de sueldo, sino que tiene carácter complementario.
 
¿Cuál ha sido la realidad de la evaluación científica? Aunque aún no se conocen todos los datos globales ni particulares, en primer lugar, existió una importante autolimitación entre los peticionarios, ya que muchos de ellos no consideraron su currículum investigador suficientemente relevante, en ocasiones por circunstancias totalmente ajenas a ellos, tales como la inexistencia de infraestructura investigadora en bastantes Departamentos, en muchas Escuelas Universitarias e incluso en algunas Universidades, sobre todo las jóvenes. En todo caso, a alrededor de la cuarta parte de los profesores universitarios se le ha negado todo lo que pedían y, en el resto, sólo una pequeña proporción ha sido evaluada de un modo totalmente positivo. Aproximadamente, la media solicitada de evaluación ha sido de 3 tramos por catedrático y 2 tramos por profesor titular, y lo concedido ha sido sólo de dos tramos y uno, respectivamente, por lo que efectivamente la mayor parte del profesorado universitario ha sido evaluado negativamente al menos en parte de sus peticiones. 
 
Pero ello, aparte de la crítica al método seguido, no significa el suspenso global, y la calidad de la investigación española, sobre todo en algunas materias, es notable a nivel europeo tal como sucede por ejemplo en Medicina, donde se publican anualmente en revistas de gran prestigio internacional cerca de 400 artículos de investigación. Paradigmáticamente ha sido en este área de Medicina donde los resultados evaluadores han sido más pobres, y es que el gran fallo que ha existido, tal como ponen en evidencia las protestas institucionales y el alto número de recursos individuales que se están presentando, ha consistido en aplicar criterios evaluadores correctos actuales, tales como el índice de impacto o el factor de impacto a situaciones pasadas, algunas de ellas de hace cerca de 40 años, en las que las circunstancias de la Ciencia española eran muy diferentes y en la mayoría de los centros investigadores, sobre todo en los universitarios, bastante se hacía con intentar el mantener viva la llama de la ilusión y del trabajo.
 
¿Cómo se evalúa la calidad de la investigación? Existen muchas posibilidades, pero, por ejemplo, en el campo de las ciencias de la vida, lo normal es seguir criterios americanos, acudiendo a considerar tan sólo las revistas científicas que ·se incluyen en ciertos repertorios, tales como las 600 que cubre el Current Contents of Life Sciences. Las revistas pueden ser clasificadas, al igual que los equipos de fútbol, por sus resultados, expresados en forma de factor de impacto, que se define como el número de veces que una revista es citada por otras durante un año en relación con el número total de artículos que esa revista publicó ese año anterior. Así, entre las revistas de un gran factor de impacto, se encuentra el New England ]ournal Medicine, con 21 puntos, lo que significa que por término medio cada artículo que aparece en esa revista, al año siguiente es citado 21 veces en otras publicaciones.
 
Una vez establecida lo que podríamos denominar tabla de clasificación científica de las revistas, y siguiendo con el símil futbolístico, puede ser de interés valorar dentro de un equipo a cada jugador, o sea saber cómo es de bueno un artículo científico determinado publicado en una revista. Para ello, se utiliza el denominado índice de impacto, que significa la importancia relativa del artículo en relación a la media de los artículos de la revista en que se publicó, lo que se calcula dividiendo el número de citaciones que realmente tiene ese artículo en el año por el factor de impacto de la revista.
 
Como es lógico, aunque estos parámetros son muy útiles para la valoración científica, ello no significa que no tengan fallos debidos a que la selección positiva para publicar un artículo se puede deber a ciertos amiguismos, presiones e incluso, afortunadamente en pocas ocasiones, a engaños. En todo caso, los países débiles científicamente y las disciplinas científicas poco desarrolladas tienen dificultades adicionales, pues la tendencia de los grandes grupos mundiales de investigación es la de respetarse entre sí, citarse mutuamente y tender a ignorar a los grupos que ellos no conocen directamente.
 
En resumen, la producción científica puede y debe ser evaluada, pero no existe un método con la suficiente precisión que permita una garantía total. Los resultados objetivos han de ser matizados con el conocimiento de las circunstancias subjetivas existentes y, sobre todo, con la consideración del entorno instrumental, humano, científico e histórico que ha rodeado la investigación.