Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Dinosaurios cinematográficos

La película Parque Jurásico, excelentemente dirigida por Steven Spielberg, lleva camino de batir las marcas de espectadores y de recaudaciones mundiales previamente alcanzadas por E.T

La película Parque Jurásico, excelentemente dirigida por Steven Spielberg, lleva camino de batir las marcas de espectadores y de recaudaciones mundiales previamente alcanzadas por E.T. La dinosauriomanía no solo es privativa de los jóvenes: si dejamos aparte los miles de objetos diferentes comercializados con el pretexto del filme, en los últimos meses se han publicado centenares de libros sobre el tema y la Dinosaur Society, en USA, compuesta de entusiastas divulgadores, pero también de prestigiosos investigadores, asegura que al menos 80 de los libros publicados al respecto poseen las garantías de un correcto tratamiento científico del tema.
 
Como ya todo el mundo archiconoce los dinosaurios fueron los animales terrestres dominantes en gran parte de la era Mesozoica (hace 225.000 a 65.000 años), cubriendo el final del Triásico, todo el Jurásico y parte del Cretáceo. Su nombre se deriva del griego, con el significado de terrible lagarto, el descubrimiento de su primer esqueleto completo no tuvo lugar hasta 1870, y se han considerado tradicionalmente como seres poco inteligentes, exclusivamente de sangre fría y de carácter poco evolutivo, habiéndose llegado a afirmar que su extinción fue debida en gran parte a la casi nula capacidad de adaptación de sus grandes moles. Hoy se sabe que la mayoría de esas afirmaciones son inexactas y respecto a las circunstancias de su rápida y misteriosa extinción hace unos 65 millones de años, aunque no estén totalmente aclaradas existen bastantes datos que avalan que, al menos en gran parte, pudo ocurrir como consecuencia de un gran cataclismo cósmico, el tremendo impacto de un enorme meteorito sobre la tierra que provocó la muerte de un gran porcentaje de todos los seres vivos existentes en aquel entonces. Aunque existen investigaciones sobre varios de estos acontecimientos, recientemente se ha señalado como la más probable entre todas la de una colisión localizada en Nuevo México, donde quedan restos de un cráter de más de 200 kilómetros de diámetro.
 
La historia de Spielberg narra como un millonario, John Hammond (Richard Attenborough) instala un parque en una isla cercana a Costa Rica. Para poblarlo con dinosaurios reales contrata a un grupo de científicos que hacen uso de las técnicas de ingeniería genética, partiendo de un depósito de ámbar mesozoico cuyo interior contiene un mosquito fosilizado que había picado a un dinosaurio sorbiendo su sangre un poco antes de morir. Del tracto digestivo del mosquito se extrae el ADN correspondiente a la sangre del dinosaurio, se amplifica y con la ayuda de superordenadores y técnicas sofisticadas de secuenciación genética, los científicos consiguen pegar las secuencias parciales dinosaúricas del ADN obtenidas, rellenando los huecos con otras secuencias adecuadas procedentes de ADN de ranas. El genoma así reconstruido se introduce en huevos de cocodrilos, adecuadamente preparados, para que tras esa fertilización artificial tenga lugar el desarrollo del embrión dinosaúrico. En el filme, un excelente audiovisual, en el que participa Mr. ADN, explica de un modo soberbio y claro todas las particularidades del proceso de ingeniería genética.
 
Cuando desde el Departamento de ordenadores tiene lugar un alevoso corte de corriente eléctrica lo que sucede a continuación es previsible y constituye el argumento del filme. Dejando aparte aspectos apasionantes sobre los diferentes tipos de dinosaurios, sus características y sus costumbres, nos podemos preguntar si científicamente la ficción de Parque Jurásico es realmente posible hoy día o si es simplemente eso, ficción. Hay dos dificultades científicas principales que se pueden apuntar de un modo inmediato, una de tipo genético y la otra de desarrollo.
 
En cuanto a la consideración genética hay que tener en cuenta, que al igual que el del resto de los seres diploides el ADN sufre lesiones que son proporcionales al tiempo transcurrido, por lo que cabe esperar que tras tantos millones de años se den algunas alteraciones letales en la secuencia del ADN que lo hagan poco o nada operativo al respecto, aparte del problema de la propia fragilidad e inestabilidad de las moléculas de ADN, aun en adecuadas condiciones de conservación. El otro problema radica en un punto discutible, pero en principio no parece factible el desarrollo de un huevo cuando el genoma (material genético) y el citoplasma de la célula (material no nuclear) del huevo no son de la misma especie. Este es un tema muy controvertido, pero hasta el presente es evidente que existen importantísimas dificultades para ello, aun en el caso de especies muy estrechamente relacionadas, por lo que la situación es mucho más hipotética si las especies fueran diferentes. Para conseguir el desarrollo de un dinosaurio habría que partir de un buen genoma completo de dinosaurio (no de uno reparado y rellenado con ADN de rana) y este genoma tendría que situarse en un huevo con un citoplasma compatible, es decir con un citoplasma de huevo de dinosaurio, no de cocodrilo, cuya reconstrucción por ahora parece ser difícil, aunque no por ello deben descartarse todas las posibilidades futuras. Es importante señalar que los buscadores de restos de dinosaurios últimamente han encontrado algunos restos de huevos de dinosaurio, por ejemplo, en Colorado, de 145 millones de años de antigüedad, lo que podría permitir disponer de una mejor fuente de ADN, así como conocer y analizar la composición de la cáscara de los huevos y, lo que es más importante, del citoplasma fosilizado de los mismos. 
 
Tampoco podemos ignorar para abordar estos problemas de compatibilidad que las aves actuales son en buena parte descendientes directos de un pequeño grupo de dinosaurios que eran carnívoros, por lo que algunos dinosaurios evolutivamente están más cercanos a la clase Aves que a la de Reptiles.
 
Por último, una referencia española. Gran parte de nuestro país fue poblado por dinosaurios y concretamente el norte peninsular, hace unos 160 millones de años, debía de ser una zona pantanosa, por lo que allí quedaron impresas multitudes de huellas de dinosaurios, como las encontradas en la playa asturiana de la Griega, en Colunga, que son las mayores del mundo con 1,35 x 1,18 metros de extensión. Por el contrario, en la Rioja, se han encontrado algunos de los restos más pequeños, concretamente de la especie Ibermesornis, de un tamaño semejante al de los actuales gorriones. Y este último verano, en los yacimientos de Enciso, Munilla y de Igea, se han descubierto más de un millar de huellas diferentes de dinosaurios.
 
Información adicional
 
*Los dinosaurios pertenecían a dos órdenes taxonómicos distintos, pero relacionados: el Saurischio, tipo reptil y el Ornithischia, tipo pájaro, emparentados respectivamente con cocodrilos, reptiles voladores y ancestros de aves. Los primeros dinosaurios fueron bípedos y muchos permanecieron así a lo largo de la historia de estos animales, pero algunos herbívoros desarrollaron, en los dos órdenes citados, comportamientos cuadrúpedos.
 
*Hasta las fases finales del periodo Cretáceo se han encontrado evidencias de la existencia de un gran número de dinosaurios, que llegaron a ser los animales terrestres dominantes, pero no hay ninguna huella de su existencia ya en los comienzos de la era Cenozoica, que es la que va inmediatamente a continuación. Ello avala su posible extinción masiva debido a una catástrofe astronómica.
 
*Las simulaciones y cálculos más precisos han concluido que la colisión de un gran meteorito, como alguno de los que existen vestigios de que así lo hicieron, generó una inmensa nube de polvo que provocó una oscuridad total que pudo durar unos tres años. La falta de luz solar impediría la fotosíntesis y el desarrollo de los vegetales, con lo que se interrumpió toda la cadena alimentaria lo que conduciría no solo a la extinción de los dinosaurios sino de la mayor parte de los seres vivos existentes.