Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

El decálogo de mitos sobre los OGM-I

En general, hacia los organismos genéticamente modificados (OGM) existe un rechazo amplio entre el público, rechazo que se hace más especialmente intenso en Europa

El decálogo de mitos sobre los OGM-I
En general, hacia los organismos genéticamente modificados (OGM) existe un rechazo amplio entre el público, rechazo que se hace más especialmente intenso en Europa. Los detractores de los mismos defienden que no se ha evaluado convenientemente la seguridad del consumo de transgénicos y ponen en cuestión la objetividad de las autoridades reguladoras y de los científicos que los defienden. Sin embargo, actualmente existe una amplia evidencia científica, por ejemplo. de que los alimentos transgénicos no representan un peligro mayor que la comida convencional y tampoco existe evidencia científica de que su consumo sea perjudicial para la salud humana
 
En las próximas décadas vamos a necesitar todos los recursos disponibles y en especial los descubrimientos y aplicaciones de la ciencia genética, para afrontar el reto de alimentar a una creciente población que se acerca cada vez más a la mítica cifra de diez mil millones de personas dentro del panorama global del cambio climático. ¿Podría la Biotecnología, a través de los OGM ayudar a resolver este tremendo problema? Pero, sin duda cualquier solución ha de contar con todas las garantías necesarias. ¿Las tienen los OGM?
 
Recientemente, dos escritores científicos, Peter Hess MJ y Michael Hess, con la asesoría de los genetistas Andrew Watson y Craig Branch, acaban de publicar en el marco del conocido como Genetic Literacy Project un par de artículos analizando algunos de los mitos existentes sobre este tema. Vamos a organizarlos en forma de decálogo. Esta es la primera parte.
 
Primer mandamiento anti-OGM.
 
OGM es sinónimo de MALO Y PELIGROSO, porque son creaciones no naturales de laboratorio
 
Para muchos la palabra natural es algo casi sagrado, pero no olvidemos que, durante cientos de millones de años, la selección natural ha actuado sobre mutaciones genéticas aleatorias y se seleccionaron aquellas más beneficiosas para un organismo particular, a menudo a expensas de otros organismos y ciertamente sin ninguna consideración por el daño causado en el ecosistema. Así, son naturales el botulismo, las aflatoxinas, la malaria, la viruela el Ébola, el SIDA y multitud de organismos amenazantes del ser humano. Por otra parte, las modificaciones de genes es un hecho continuado y, frecuentemente, aleatorio e incontrolado en la historia de la evolución. La diferencia en que, en el caso de los OGM, existen estrictos controles científicos para ayudar a crear cultivos transgénicos que sean más tolerantes a la sal, a la sequía, a los mohos, o inmune a los virus.
 
Un solo ejemplo, la modificación genética que consiguió que la la papaya de Hawai fuese inmune al virus de la mancha anular de la papaya. Hacia 1990 la enfermedad casi había destruido la industria de la papaya en las islas de Oahu, Kauai y Hawai. El virus de origen natural, portado por los áfidos, es mortal para los árboles de papaya, pero inofensivo para los animales y la mayoría de otras plantas. En un proceso similar a cómo los científicos fabrican las vacunas para gripe, los investigadores de la Universidad de Hawai y la Universidad de Cornell consiguieron usar parcialmente el virus para inocular las papayas contra la enfermedad. La papaya transgénica, que ahora supone un 80% de la producción total, superó todo tipo de pruebas y resolvió el problema, certificando los organismos científicos competentes que la fruta transgénica y no transgénica eran “sustancialmente equivalentes” en términos de valor nutricional.
 
Segundo mandamiento anti-OGM.
 
Los genetistas que trabajan sobre OGM son simples peones de Monsanto.  Monsanto es una inmensa multinacional y se pueden tener objeciones éticas a algunas de sus prácticas, pero la afirmación es tan pueril como la de algunos creacionistas cuando afirman que los biólogos evolutivos no son más que herramientas ateas al servicio de Satanás, príncipe de la oscuridad. Equiparar toda una disciplina de ciencia genética con una ignorante no tiene sentido. En el mundo existen miles y miles de genetistas muy comprometidos éticamente que trabajan sobre estos temas en multitud de centros universitarios de investigación y de otras instituciones, incluyendo pequeñas empresas.
 
Tercer mandamiento anti-OGM.
 
Los científicos juegan con los genes sin saber lo que puede ocurrir
 
En la Naturaleza, la modificación de los genes es una realidad continua. La transferencia horizontal o lateral de genes de una especie a otra, ha estado ocurriendo en la naturaleza durante cientos de entre los genomas de diferentes especies y ha sido la base de las prácticas usuales de selección genética. Hace 8.000 a 10.000 años las civilizaciones humanas en diferentes partes del mundo iniciaron la selección de variedades mejoradas de plantas para obtener rendimientos más altos, frutas más sabrosas y robustas, etc. Y después se incorporaron técnicas de mutagénesis (como las radiaciones) para acelerar la obtención al azar de más mutaciones y escoger, entre ellas, las más convenientes.
 
En los OGM se trabaja no solo con inserción o sustitución de un gen sino tan sólo con modificaciones muy controladas y experimentadas de algún o algunos genes (edición). Por supuesto, siempre bajo el más estricto control científico, no al azar.
 
Cuarto mandamiento anti-OGM.
 
Las multinacionales de OGM pretenden arrebatar sus tierras a los agricultores
 
Los datos indican que ello no es así. El porcentaje de litigios contra millones de agricultores de todo el mundo en relación con el uso de OGM es muy pequeño. El problema fue sacado a la luz pública con el estreno, en el año 2008 de Food, Inc. un documental estadounidense dirigido por Robert Kenner, ganador de un Emmy. La trama pone énfasis en los contratos que las empresas suministradoras de alimentos de OGM imponen firmar a productores, agricultores y granjeros, con numerosas cláusulas sobre cría, alimentación y aspectos claves del crecimiento y desarrollo de los animales. Y sobre todo sobre su acción sobre los que plantan semillas OGM no compradas a ellas.
 
Pero el caso del agricultor canadiense Percy Schmeiser puesto de relieve en la película, puede ser significativo. Monsanto acusó a Schmeiser de usar semillas patentadas sin un contrato, una violación de la ley de patentes y Schmeiser afirmó que desde un camión se habían diseminado las semillas OGM en sus tierras de cultivo. El tribunal determinó que esto era imposible, ya que el 95% de los cultivos de Schmeiser eran semillas de Monsanto, con el gen patentado Roundup Ready. La película muestra a Schmeiser como una víctima inocente de un Goliat corporativo.
 
La decisión del tribunal fue la de que el agricultor no había ocasionado ningún daño a Monsanto, Inc. Por tanto, es loable la vigilancia y control de las prácticas empresariales abusivas, más sabiendo que las 10 compañías de semillas más grandes controlan la mitad del mercado comercial de semillas del mundo, pero también lo sería el rechazo a su demonización generalizada
 
Quinto mandamiento anti-OGM.
 
OGM es sinónimo de genes Terminator
 
La incorporación de un hipotético gen Terminator a una semilla vegetal significaría que, tras su primer uso, en las siguientes generaciones, al contrario de lo que sucede con las semillas naturales, sería estéril, por lo que la dependencia sería total hacia el suministrador.  ¿Es ello así?
 
La Tecnología Terminator es el nombre coloquial con que se conoce a los métodos propuestos para la restricción del uso de vegetales genéticamente modificados, consiguiendo que la segunda generación de semillas devenga estéril. Es una tecnología perteneciente a las GTRU, acrónimo de Grupo de Tecnologías de Restricción de Uso. La tecnología fue inicialmente desarrollada por el Departamento de Agricultura de EE.UU. pero no ha sido incorporada a cultivares comerciales, y por supuesto, no está autorizada su venta.  La principal compañía dedicada a la producción de bienes OGM para usos agrícolas, decidió no comercializar esta tecnología, aún si llegase a estar comercialmente disponible y, para asegurarlo, Greenpeace ofreció comprar la patente por 1 libra esterlina.
 
En realidad, para el fin pretendido, no es preciso el gen Terminator. Los clientes de OGM deben firmar un contrato para no guardar o vender las semillas de sus cosechas, y, si contraviene ello, el uso posterior de las semillas suele producir peores resultados. Un ejemplo puede ser ilustrativo: la mayoría del maíz cultivado hoy en día es híbrido y tiene un pobre rendimiento en las siguientes generaciones, por lo que las compañías de semillas mantienen “líneas parentales inbed” para producir semilla híbrida nueva cada año, y los agricultores usan anualmente esta semilla híbrida. El costo adicional de pagar por una semilla híbrida o GMO patentado es más que compensado por los beneficios derivados de su uso.
 
Otro punto de vista diferente sería que la introducción de la tecnología de restricción del uso genético (TRUG) podría ser una herramienta valiosa para el mantenimiento de la biodiversidad y la prevención de la polinización cruzada de los cultivos naturales, impidiendo alterar permanentemente la reserva genética permitiendo, por tanto, proteger la diversidad genética.
 
Más en:
 
https://goo.gl/evFtMJ
 
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