Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Un importante dilema ético-científico: la modificación del ADN de embriones humanos

Durante mucho tiempo fue la propia comunidad científica la que, informalmente, determinaba la política de sus propias acciones, cuando surgían peocupaciones éticas sobre la naturaleza de sus investigaciones.

Un importante dilema ético-científico: la modificación del ADN de embriones humanos
Durante mucho tiempo fue la propia comunidad científica la que, informalmente, determinaba la política de sus propias acciones, cuando surgían peocupaciones éticas sobre la naturaleza de sus investigaciones.
 
Sin embargo, en el último cuarto del pasado siglo XX la situación cambio como consecuencia de los fascinantes avances de la Biología y Genética moleculares que posibilitaban la modificación de lo más íntimo de la personalidad biológica, el ADN de los seres vivos. En el año 1975, la realidad de hibridación del ADN y de la obtención de organismos genéticamente modificados, provocó la primera gran alerta. Ese año el conocido como informe Ashby indicaba que “es necesario que los valores sociales de la comunidad se incorporen a las decisiones de la política científica” y, poco antes un artículo publicado en la revista Nature destacaba la necesidad de un debate sobre la libertad académica de realizar ciertos tipos de investigaciones.
 
Por ello, tras los grandes logros científicos conseguidos en la obtención de genes mixtos por el laboratorio de Stanley Norman Cohen, expuestos en la Gordon Research Conference on Nucleics Acids de 1973, el propio mundo científico consideró necesario pedir a la Academis de Ciencias de Estados Unidos la creación de un Comité para considerar la cuestión, Así sucedió y se convocó y realizó entre el 24 y el 27 de febrero de 1975 la Conferencia Internacional de Asilomar en la que, aparte de la participación de 139 grandes científicos de todo el mundo, también fueron invitadas muchas personalidades del campo del Derecho, la Ética y la Administración, en sesiones abiertas para la prensa que dieron lugar a unos acuerdos sobre niveles de riesgo y seguridad. Admitidos y seguidos por la comunidad científica, ello permitió la aplicación de una moratoria y unas reglas que permitieron un avance seguro en las investigaciones sin que se conozcan de producción de casos de riesgos peligrosos.
 
Han transcurrido 40 años desde entonces y nos encontramos ante lo que podríamos denominar un segundo  gran dilema ético-científico: la posibilidad, ya real, de poder modificar el ADN en los embriones humanos con las enormes consecuencias que, de ello, se pueden derivar. A nivel del público existen dos tipos de acciones en la ingeniería genética del hombre que causan preocupación o temor: la producción de copias clónicas y la modificación genética de la naturaleza de las personas. Tras muchas informaciones sensacionalistas respecto a la primera de ellas, parece que, de intentarse, su consecución no sería de un modo inmediato y  su repercusión mínima ya que afectaría a uno o unos pocos seres.
 
Respecto a la segunda, previamente debemos tener en cuenta la diferencia esencial que existen entre los caracteres poligénicos y los monogénicos. Los caracteres que modelan la personalidad humana tales como sus rasgos físicos, tamaño, fuerza, destreza, inteligencia, temperamento, etc. son poligénicos, dependiendo de la suma de pequeñas contribuciones de muchos genes, junto con diversos factores ambientales. Otro aspecto diferente es el de la modificación terapéutica, el de enfermedades o el de la susceptibilidad a sufrirlas que, en algunos casos, ello depende de un solo gen, por lo que su modificación embrionaria podría solucionar completamente el problema.
 
Por ejemplo, el gran científico albacetense Juan Carlos Izpisua Belmonte, investigador del Salk Institute for Biological Studies de La Jolla, California, investiga en esta línea para eliminar mutaciones causantes de enfermedades mitocondriales. El trabajo de su equipo se ha realizado sobre huevos no fertilizados, pero los huevos humanos con las mitocondrias modificadas podrían usarse alguna vez en fertilizaciones in vitro para evitar descendencias afectadas de tales enfermedades mitocondriales.
 
En principio la modificación genética con fines terapéuticos sería aceptable para muchas personas. Pero, ¿dónde establecer la frontera? Las líneas no parecen muy bien definidas. El genetista Xingxu Huang de la Universidad ShanghaiTech de China, está esperando el permiso del comité de ética de su institución para modificar genéticamente embriones humanos desechados. En febrero de 2014, informó del éxito obtenido con su técnica de edición de genes para modificar embriones, que se desarrollaron en monos vivos. Y opina que la técnica “ofrece un gran potencial para su aplicación en el ser humano”.
 
Más aún. Hay sospechas de que algunos científicos ya han creado embriones humanos con genomas editados. Varios investigadores que no han querido ser identificados señalan que algunas investigaciones de este tipo están siendo considerados para su publicación en varias revistas.
 
Los científicos que asistieron a una reunión en Napa, California, en enero para discutir posibles usos de la línea germinal de genes de edición han escrito un papel perspectiva acerca de sus preocupaciones para su publicación en la Ciencia . El genetista Dana Carroll, de la Universidad de Utah en Salt Lake City, que estaba en la reunión de Napa, dice que va a llamar para el debate de la seguridad y la ética de la utilización de técnicas de edición con embriones humanos.
 
La revista Nature se ha hecho eco recientemente de la situación puntualizando que las alteraciones del genoma de la línea germinal son permanentes y hereditarios, por lo que antes de realizar este tipo de aplicaciones deben someterse a una consideración muy profunda. Además, ello significaría alterar, sin su consentimiento, las características esenciales de un ser humano.
 
Por ello, bastantes científicos opinan la conveniencia de una moratoria sobre la investigación y  uso de estas tecnologías en las células reproductoras hasta tanto no se alcance un gran acuerdo ético-social al respecto, ya que, de lo contrario, los hallazgos podrían ser explotados con fines no terapéuticos, incluso para obtener “niños a la carta”, lo que sin duda provocaría un rechazo social, que podría incluir a esas nuevas criaturas a las que se habría cambiado su personalidad genética sin su consentimiento, pasando esos cambios a las futuras generaciones.
 
¿Qué hacer? En una reciente revisión hecha en Japón se encontró que de 39 países examinados en 29 de ellos se habían establecido normas al respecto. En países como los Estados Unidos la edición de la línea germinal no está prohibida, sino que requiere la aprobación del gobierno, pero esas restricciones tienen precedentes de ser eludidas, como ha sido el caso de los tratamientos con células madre no probados. Él también está preocupado por China, que prohíbe gen de edición de embriones, pero no hace cumplir estrictamente normas similares, como se muestra por los intentos fallidos por detener el uso de la ecografía para la selección del sexo y para acabar con las clínicas de células madre no autorizadas.
 
Pero ello no parece suficiente dado los grandes avances en el campo. Así, existen nuevas técnicas que utilizan enzimas nucleasas para cortar el ADN en lugares específicos y luego borrar o reescribir la información genética en esos lugares. Y los métodos son lo suficientemente simples como para que puedan ser utilizados en clínicas de fertilidad, aumentando los temores de que pudieran ser aplicadas sin controles adecuados.
 
Por ello, al igual que hace 40 años sucedió con la conferencia de Asilomar para regular la recombinación del ADN, se hace preciso un gran esfuerzo internacional para lograr un acuerdo de normas y de aplicaciones sobre las técnicas de modificación o edición de ADN en los embriones humanos.
 
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