Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Genes contra el crimen

Recientemente los medios de comunicación anunciaban los progresos realizados en las investigaciones que se llevan a cabo respecto al asesinato del juez Giovanni Falcone perpetrado por la Mafia

Recientemente los medios de comunicación anunciaban los progresos realizados en las investigaciones que se llevan a cabo respecto al asesinato del juez Giovanni Falcone perpetrado por la Mafia. Se informaba que, con la colaboración del FBI, y a partir de las colillas de los cigarrillos dejados en el lugar del atentado, había sido posible determinar las huellas dactilares genéticas o impronta genética de su asesino, o sea, una caracterización propia y exclusiva del individuo que dejó su saliva en esas colillas. Ello permitirá su precisa identificación si, a lo largo de la investigación policial, se le incluye entre los sospechosos y se le somete al análisis genético.
 
La técnica de huella o impronta genética la desarrolló hace ya siete años en Inglaterra el Dr. Alec Jeffreys, profesor de genética en la Universidad de Leicester, analizando dentro del material genético las áreas específicas del ADN (ácido desoxirribonucleico) humano, denominadas regiones minisatélites. En el genoma humano, que consta de unos cien mil genes distintos codificadores de sus correspondientes enzimas y proteínas, existen otras muchas zonas no codificadoras a lo largo de cada cromosoma. Estas regiones minisatélites, repetitivas, varían de persona a persona, sobre todo en la magnitud de las repeticiones de ciertas secuencias de sus elementos constituyentes, los nucleótidos. Así en una cierta región minisatélite, una determinada pareja nucleotídica en una persona se repetirá por ejemplo 15 veces, en un segundo individuo 22 veces y en un tercer caso 34 veces. Situaciones semejantes ocurrirán con otras regiones minisatélites, lo cual da lugar a una variedad individual de modo que, exceptuando a los gemelos idénticos que poseen el mismo genoma, la probabilidad de que dos personas distintas tengan la misma distribución en esas regiones es tan sólo de uno en 30 mil millones. Teniendo en cuenta que el número de habitantes de la Tierra es bastante inferior, ello hace prácticamente imposible la coincidencia de dos improntas genéticas.
 
Por otra parte, afortunadamente, las actuales técnicas de la Biología molecular permiten trabajar con muestras biológicas muy pequeñas, como los restos de saliva de un cigarrillo, un trocito de la piel del asaltante en las uñas de la víctima, un cabello arrancado, restos de semen en la vagina de una violada, gotas de sangre procedentes de heridas, etc. De esas muestras se extrae el ADN, que está presente en prácticamente todas nuestras células, y con técnicas de amplificación como la PCR (Polimerase Chain Reaction) se produce la autocopia del ADN millones de veces hasta conseguir cantidades suficientes para someterlo a fraccionamientos específicos con métodos basados en enzimas de restricción. Las características de los segmentos obtenidos son ya propias de cada individuo y permiten que se separen mediante electroforesis, con lo que tras, el revelado, se obtienen sobre la "pista" considerada unas manchas cuyo número, ubicación e intensidad es la llamada impronta o huella genética, individualizada, y por ello comparable y diferenciable de cualquier otra.
 
Lógicamente la primera aplicación práctica se realizó cerca de la Universidad de Leicester. En la pequeña localidad de Enderby, dos adolescentes habían sido violadas y asesinadas. La policía pudo recoger de sus cuerpos pequeñas muestras de semen, pero después de 3 años de pesquisas la única deducción era que el criminal debía de ser uno de los 4.000 varones de la zona comprendidos entre ciertas edades. Las autoridades pidieron que todos estos varones se sometieran voluntariamente a la toma de muestras de sangre, y de saliva, y tras descartar un 40% de las muestras por razón de compatibilidad de grupos sanguíneos, el resto de muestras se analizó genéticamente, con la sorpresa de no encontrar ninguna de las características atribuibles al asesino. La situación se aclaró ante los rumores de que uno de los voluntarios se había presentado dos veces, la segunda de ellas usando el nombre de un amigo que así se lo pidió por encontrarse muy ocupado. Tras la localización del ocupado amigo, su impronta genética coincidió exactamente con la buscada y ante la evidencia de los hechos confesó los delitos y por ellos fue condenado. Desde entonces, en Gran Bretaña se ha usado esta metodología en más de 200 pesquisas criminales.
 
Las posibilidades se extienden a otros tipos de ejemplos. Como el ADN mitocondrial se transmite sólo por vía materna, es posible aplicar la técnica a este ADN para analizar las relaciones madre-descendientes, y así se ha utilizado en algunos casos como el de posibles nietos descendientes de las célebres madres de mayo argentinas. La técnica general, mediante análisis comparativos, también es de gran utilidad en la investigación de la verdadera paternidad entre varios posibles candidatos. Por otra parte, en accidentes de tráfico, aéreos o grandes catástrofes los restos humanos frecuentemente resultan inidentificables por los medios tradicionales y en esos casos las huellas genéticas suelen ser determinantes.
 
En España, el Instituto de Toxicología del Ministerio de Justicia se sumó en 1991 a la tendencia mundial del uso generalizado de esta técnica, de la que ha sido adalid el FBI, a pesar de que en el pasado año haya habido discusiones legales sobre su utilización, debido a problemas de control en algunos de los laboratorios comerciales a los que el FBI envió muestras. La situación está siendo revisada y sin duda el resultado final no pondrá en duda la fiabilidad de la técnica, sino que redundará en mayores garantías analíticas del método, claro exponente del avance de la Biología molecular cuyas aplicaciones trascienden cada vez más a campos muy diferentes.
 
En los últimos meses se ha avanzado enormemente en la consecución de la fácil y segura informatización de las improntas genéticas, lo que permitirá el intercambio de información entre verdaderos bancos de datos genéticos sobre individuos. No sería extraño que en el futuro una banda magnética en los carnets de identidad recogiese la verdadera e infalsificable identificación genética de cada persona.