Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

La búsqueda molecular de Adán y Eva

El horno sapiens pertenece al orden de los primates, suborden antropoide, familia de los homínidos, pero ¿cuándo y cómo tuvo lugar su aparición sobre la Tierra?

La búsqueda molecular de Adán y Eva
El horno sapiens pertenece al orden de los primates, suborden antropoide, familia de los homínidos, pero ¿cuándo y cómo tuvo lugar su aparición sobre la Tierra? Responden los paleoantropólogos que ello ocurrió de un modo multirregional, simultáneamente en diferentes grupos, como resultado de una larga y continua evolución, o sea que existieron numerosos y diferentes Adanes y Evas a lo largo de un periodo de tiempo y en diversas zonas geográficas.
 
Sin embargo, el uso de las modernas técnicas de análisis de ADN ha conducido a que algunos biólogos moleculares y genéticos ofrezcan otra respuesta diferente que, desde luego, por ahora está sometida a intensas discusiones. Deducen que lo ocurrido hace no mucho tiempo (uno o dos centenares de miles de años) fue la sustitución de los grupos arcaicos humanos existentes (Neardenthal, Dali, Ngadong, etc) por un grupo humano moderno de origen africano, o sea que no hubo muchos Adanes y Evas sino en todo caso un número restringido de ellos. En consecuencia, la polémica está servida entre paleontólogos y paleoantropólogos, de un lado y algunos científicos moleculares, por el otro.
 
Según los primeros, la teoría de la evolución da una explicación gradual satisfactoria del origen del hombre, ya que los fósiles hallados en muchos lugares diferentes del mundo, y que se corresponden a un periodo de unos 70 millones de años, permiten elaborar un árbol evolutivo continuo. Hace unos 65 millones de años, al comienzo del Terciario, aparecieron los primeros primates. En el Mioceno, hace unos 20 millones de años, los monos antropoides predecesores de los actuales gorilas y orangutanes. Hace unos 5 a 10 millones de años se produjo una segregación o incluso un origen diferente, que dio lugar a los primeros homínidos, Rarnapitecos, que evolucionaron a cerebros mayores como los de los Australopitecos. Representantes del horno erectus se han encontrado en diferentes yacimientos del Pleistoceno (1,5 a 0,5 millones de años; por ejemplo, el hombre de Pekín) y en algunos casos sus cerebros alcanzaron volúmenes semejantes a los del horno sapiens posterior. Un nuevo paso evolutivo conduce al hombre de Neanderthal y al de Cro-Magnon, pero es difícil establecer el lugar a partir del cual existe el hombre moderno pues, como ya indicaba el propio Darwin, en una serie de formas que se graduaran progresivamente desde un mono primitivo hasta el hombre actual, sería imposible fijar el punto exacto en el que fuese posible utilizar adecuadamente el término hombre.
 
¿En qué consiste la aportación de los biólogos moleculares? Es sabido que el genoma humano consta de unos cien mil genes localizados en el núcleo, con dos copias de cada gen, una procedente del padre y otra de la madre. Sin embargo, en las mitocondrias, suborgánulos celulares, existe una pequeña porción de ADN, equivalente tan sólo a 37 genes y estos genes se heredan únicamente de la madre, ya que las mitocondrias de cada nuevo individuo proceden de las mitocondrias del óvulo y no del espermatozoide. Por tanto, estos genes se van transmitiendo a las sucesivas generaciones a través de las descendencias femeninas, y en el momento en que en una generación una hembra no tenga hijas su papel transmisor se anula. En una población que permaneciese estable, en número, los genes supervivientes cada vez procederían de un número menor de antecesoras femeninas y en concreto se ha calculado que el tiempo necesario para retroceder desde una determinada situación a un único linaje materno sería el producto de la multiplicación de la duración de la generación por el doble del tamaño de la población.
 
Es de gran importancia el hecho de que de un modo relativamente rápido y periódico el ADN mitocondrial sufre mutaciones que permanecen y por ello son transmisibles, por lo que el fenómeno actúa como una especie de reloj molecular interno, de modo que como los métodos analíticos actuales permiten conocer las divergencias existentes entre genes semejantes, a partir de ahí se puede calcular el tiempo transcurrido desde su origen evolutivo común. 
 
Desde 1988, y principalmente en la Universidad de Berkeley, California, se han venido realizando análisis del ADN mitocondrial de miles de personas de origen africano, asiático, australiano, neoguineano, caucasiano, etc., así como de varios chimpancés. Los más recientes resultados parecen demostrativos de que efectivamente los linajes humanos y del chimpancé se separaron hace unos cinco millones de años, pero lo más notable son las deducciones de que todo el ADN mitocondrial existente actualmente en los humanos procede de un único origen, una mujer, la Eva molecular, que vivió en África hace sólo unos doscientos mil años, así como que en esa época deberían vivir tan sólo unos diez mil individuos, o sea que de las aproximadamente 5.000 Evas entonces existentes, a lo largo de las generaciones se fueron perdiendo los ADN mitocondriales de todas ellas, si eran diferentes, excepto el de una, que se fue transmitiendo y mutando. Esta rama africana originaria del hombre moderno pudo ser contemporánea a otros grupos humanos arcaicos (Neardenthal, Ngendong, etc) y se fue extendiendo paulatinamente a otros lugares geográficos en fechas calculables por las divergencias de sus ADN actuales. La desaparición de esos grupos arcaicos pudo estimularse por procesos infecciosos o por algún factor genético propio de los humanos modernos que favoreciese su capacidad de lenguaje.
 
Actualmente se están realizando otras investigaciones similares analizando los genes del cromosoma Y, determinante de la masculinidad, que se hereda tan sólo del padre. Los resultados preliminares también apuntan a un origen africano del progenitor común, el Adán molecular. Como por otra parte se están produciendo grandes y rápidos avances en los estudios directos de los restos de ADN de fósiles de hace miles de años, sea cual sea el resultado de la controversia actual entre paleontólogos y algunos genetistas moleculares, lo presumible es que pronto conoceremos mejor nuestro origen.