Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Terapia génica y genes terapéuticos

Conforme van siendo vencidas las enfermedades infecciosas, con la excepción de algunas producidas por virus, van adquiriendo mayor peso relativo los desórdenes de tipo genético, de los que ya se llevan identificados varios miles distintos

Conforme van siendo vencidas las enfermedades infecciosas, con la excepción de algunas producidas por virus, van adquiriendo mayor peso relativo los desórdenes de tipo genético, de los que ya se llevan identificados varios miles distintos. Los humanos posiblemente poseemos unos cien mil genes diferentes, cada uno  de ellos constituido por centenares de letras o unidades nucleotídicas, ensambladas como las perlas  de un collar, existiendo una gran posibilidad de que ocurran errores debidos a fallos, defectos o excesos en esas letras constitutivas del ADN  de los genes, lo que se traduciría en que los productos finales que codifican esos genes, resultasen afectados en sus funciones esenciales (enzimas, hormonas, receptores, anticuerpos, etc.)
 
Todos y cada uno de nosotros, incluso las personas normales, poseemos algunas de esas alteraciones, que no tienen importancia práctica si no se altera la función biológica de la proteína implicada. Pero si falla esa función se producen efectos que v n desde una mínima hasta una a extrema gravedad.
 
En los últimos años los avances de los conocimientos básicos en genética molecular y su aplicación a la denominada Ingeniería Genética, han hechos posible el fraccionar, separar e insertar genes en diferentes células, con lo cual se ha abierto una nueva posibilidad, la Terapia Genética, que trata de sustituir el material genético defectuoso del individuo afectado por otro que lo reemplace en su genoma de un modo permanente. 
 
Se han iniciado en los dos últimos años algunas actuaciones clínicas al respecto, aunque son mu y grandes las dificultades técnicas y científicas a vencer. Para ello se ha de aislar el gen sano considerado, colocándolo en un vector, o plásmido de ADN, que actúa de transportador y que a su vez se puede insertar en virus no patógenos, de la familia de los retrovirus, a fin de que éstos sean los encargados de infectar las células del paciente, introduciendo así en su genoma el material genético de repuesto. Entre los problemas a resolver están el tener la total seguridad de que el retrovirus no posea efectos colaterales indeseables, por sí solo o por que se recombine con otros virus, así como evitar que se produzcan mutaciones productoras de infecciones deletéreas o de cáncer. Por otra parte, el uso de un retrovirus determinado producirá respuestas inmunológicas que haría que la repetición de los tratamientos fuese cada vez menos efectiva. Por añadidura, al realizarse de un modo permanente la inserción genética en las células, ello significa la irreversibilidad del proceso aun en el caso de detectarse efectos laterales indeseables. A pesar de todo ello, la Terapia Génica es uno de los grandes y prometedores retos científicos que actualmente tiene planteados la Medicina. 
 
En los últimos años, investigadores de varios laboratorios han comenzado a trabajar sobre otra alternativa de tipo genético a la que se tiende a denominar Genes Terapéuticos. Aunque lo parezca, no se trata de un juego de palabras, sino la constatación del descubrimiento, en animales de experimentación, de que se pueden administrar algunos genes funcionales, acoplados a sus vectores o plásmidos, por inyección directa, sin necesidad de retrovirus infectantes. El material genético así suministrado es capaz de alcanzar las células, a veces incluso selectivamente, e introducirse en ellas y, aunque no se integren en el genoma establemente, los genes pueden expresarse durante mu ch o tiempo, transcurrido el cual podrían tener lugar sucesivas inyecciones del gen considerado.
 
Se han publicado ya unas decenas de investigaciones de este tipo usando genes vehiculados con plásmidos no infectivos ni oncogénicos, encapsulados en liposomas y otros agentes, de modo que, inyectados por diferentes vías, dependiendo de las condiciones particulares de cada caso, han sido capaces de mostrar actividad, incluso específicamente en órganos determinados y durante periodos de tiempo largos, de meses. Más recientemente, otros grupos han comenzado a usar técnicas de bombardeo con micropartículas a alta energía, o sea que con armas y microproyectiles apropiados consiguen introducir los genes en los tejidos animales, donde posteriormente esos genes se expresan específicamente, por ejemplo, en la piel, hígado, intestino o mamas.
 
Con los avances obtenidos en la producción  de genes por Ingeniería Genética, si estas esperanzas iniciales se van confirmando, las posibilidades de los genes terapéuticos pueden igualar o superar las perspectivas  de la Terapia Genética, convirtiéndose en una útil arma  de lucha contra las enfermedades, entre las que parece serán candidatas prioritarias: la distrofia muscular, suministrando intramuscularmente el gen  de la distrofina; la fibrosis quística, con aerosoles respiratorios conteniendo el gen regulador transmembrana para que llegue a los pulmones; el Parkinson, inyectando directamente en el cerebro el gen de la tirosina hiclroxilasa o la hipercolesterolemia, haciendo llegar al hígado el gen del receptor  de la lipoproteína  de alta densidad. Todos estos genes actuarían de modo semejante a los medicamentos, con lo que al cabo de cierto tiempo serían necesarias nuevas dosis. 
 
Por añadidura, la aplicación de la administración de los genes no se limita a corregir defectos genéticos, sino que podrían usarse para, por ejemplo, intensificar respuestas inmunes como las de tipo vacunas o para incrementar la producción insuficiente de hormonas o factores de crecimiento en casos necesarios, tales como la hormona de crecimiento en el enanismo, la insulina en algunas formas de diabetes, la hormona eritropoyetina en ciertas afecciones hematológicas, etc.
 
Estas nuevas fronteras de la Medicina significarán muy posiblemente unos hitos de referencia muy importantes en el camino  de la transformación  de la medicina desde un arte de curar, con cierto contenido empírico, hasta una verdadera Ciencia de la salud y de la enfermedad.