Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Un gen homosexual

En un artículo publicado hace algo más de un año en esta misma sección de La verdad, nos preguntábamos ¿está condicionada de un modo innato la homosexualidad?

En un artículo publicado hace algo más de un año en esta misma sección de La verdad, nos preguntábamos ¿está condicionada de un modo innato la homosexualidad? Lo hacíamos al hilo de una publicación en la revista Science, en la que el neuroanatómico, y también homosexual, Dr. Simon LeVay, mostraba en autopsias de cerebros de varones homosexuales la existencia de una zona INAH-3, o tercer núcleo intersticial del hipotálamo anterior que participa en la regulación y orientación de la actividad sexual, con un tamaño semejante al de las hembras heterosexuales y, en ambos casos, solo la mitad del correspondiente a los varones heterosexuales. Algunas críticas posteriores indicaron que los datos correspondían a víctimas del SIDA, por lo que los resultados podrían estar afectados por ello. En todo caso se abría un interrogante sobre la naturaleza genética o adquirida del comportamiento homosexual y la conveniencia o no de su tratamiento corrector, fundamentalmente por métodos sicológicos.
 
En conexión con estos temas, muy recientemente se estrenó en el bello Centro Kennedy de Washington, y pronto lo será en Broadway, una interesante obra teatral del dramaturgo, y también homosexual, Jonathan Tolins, titulada The Twilight ofthe Golds (El crepúsculo de los Golds), en un juego de palabras con la wagneriana The Twilight of the Gods (El crepúsculo de los Dioses), basado en la similitud entre las palabras inglesas Golds y Gods. En la ópera de Wagner, final del ciclo del Anillo de los Nibelungos, los dioses juegan y disponen sobre el destino de los hombres. En la obra teatral, la familia Golds, cuya esposa está embarazada, se entera, a través de un estudio genético del feto, que el niño cuando nazca será homosexual, por lo que los Golds se sitúan en una encrucijada semejante a la de los dioses wagnerianos, planteándose decidir sobre la vida o la muerte, mediante aborto, del niño afectado. En la obra se tratan de analizar las consecuencias de este planteamiento de ficción.
 
La demostración de que la realidad supera en muchas ocasiones a la ficción es la investigación que, nuevamente en Science, acaba de publicarse, realizada por el equipo del Dr. Hamer, de los laboratorios de Bioquímica de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. Cuando estudiaron las familias de 76 varones homosexuales quedaron intrigados por las diferencias halladas entre los parientes de las correspondientes ramas materna y paterna. En efecto, la incidencia de homosexualidad en el caso de los parientes paternos no difería de la de la población en general, es decir aproximadamente un 2%. Sin embargo, en la rama materna los tíos y primos homosexuales superaban el 7,5%, es decir era un 375% superior a lo supuesto como normal. Ello parecía sugerir la transmisión por vía materna de algún carácter ligado a la homosexualidad. Más aun, la naturaleza genética de ese carácter vendría a explicar diferentes estudios previamente conocidos sobre numerosas parejas de hermanos gemelos no idénticos (genes no iguales) e idénticos (genes iguales) demostrativos de que cuando uno de los hermanos es homosexual, la probabilidad de que también lo sea el otro es superior al 50% en los idénticos genéticamente, bajando la cifra al 22% en los hermanos no idénticos, pero si relacionados genéticamente, y siendo tan solo del 11% entre hermanos adoptivos, sin relación genética entre sí.
 
Dados los precedentes, los investigadores pensaron que, de existir, los hipotéticos genes asociados a la homosexualidad masculina deberían estar localizados en el cromosoma sexual X, ya que es archiconocido que la dotación cromosómica sexual del varón es XY y la de la hembra es XX. Con esa hipótesis de partida, el grupo del Dr. Hamer ha estudiado el ADN de 40 parejas de hermanos homosexuales y los primeros resulta­ dos han mostrado que, en efecto, en 33 de las parejas masculinas su único cromosoma X presentaba cinco porciones características de material genético agrupado en torno a una zona específica del cromosoma, con identidad en la composición del ADN, lo que sugiere que allí se encuentra al menos un gen estrechamente relacionado con la expresión de la homosexualidad masculina, es decir que parece existir en homosexuales un componente genético íntimamente relacionado con la orientación y comportamiento homosexual, ausente en el heterosexual. El que ello sea así explicaría que el fenómeno de la homosexualidad masculina no tienda a desaparecer, a pesar de que los homosexuales suelen tener menos hijos que la media, lo que sucedería si el gen o genes responsables se situasen en los otros cromosomas, no sexuales, que presentan doble copia tanto en varones como en hembras. En éste, como en otros casos de localización de un gen específico raro dentro de un cromosoma X, una hembra podría ser normal por la duplicidad XX, pero actuaría de portadora, y su descendencia con un varón XY normal, sería tal que ninguna de las hijas estaría afectada, pero la mitad serían portadoras y transmisoras del gen raro, y respecto a los hijos varones la mitad serían normales y la otra mitad quedarían afectados por ese gen del que no cuentan con una copia normal. Por ello, de confirmarse con otros estudios posteriores estos primeros resultados, que siempre han de tomarse con la correspondiente cautela, la homosexualidad masculina se trataría, al menos en ciertos casos, de un carácter transmitido por las madres normales heterosexuales y que se expresa estadísticamente en la mitad de sus hijos varones.
 
Evidentemente el descubrimiento comentado, si es que finalmente se confirma, tiene muchísimas implicaciones científicas y éticas, que serán ampliadas cuando se conozca más al respecto, sobre todo a nivel molecular, lo que abriría la hipótesis de una factible manipulación genética. Son posibles preguntas diferentes: ¿qué ocurre con la homosexualidad femenina?; ¿llegará a valorarse por algunos a éste o a estos genes como patológicos y, por ende, con posibilidad de ser modificados por manipulación genética en el adulto, en el embrión o, como resultado de un análisis prenatal, ser justificación de causa de aborto? Por el contrario, ¿se deducirá de estos conocimientos que al igual que otros caracteres regulados genéticamente tales como color de los ojos, estatura, simpatía, etc., estos genes de homosexualidad que dan lugar a la expresión de una personalidad deben considerarse y aceptarse como se aceptan esos otros, como definidores de un tipo de personalidad, en todo caso normal? Si ello es así, ¿tienen sentido los prejuicios sociales, morales o religiosos respecto de algo que está predeterminado, fuera de la voluntad de los implicados? En todo caso terminaremos con las palabras del propio Dr. Hamer: “los genes son solo una parte de la historia; esta región genética es solo una parte de la historia genética total; y todo ello no es toda la historia”. 
 
De lo que no hay duda es que a partir de ahora esta historia podrá da qué hablar y de qué opinar.
 
 
Información adicional
 
* A finales del año pasado el mapeo del genoma humano, es decir la localización de los genes en los lugares exactos del cromosoma del que formen parte, había tenido éxito en unos 2500 genes (actualmente se considera que el genoma humano posee unos 100.000), y en más de 500 casos se han asociado específicamente alguno de ellos con enfermedades conocidas.
 
* En el caso concreto del cromosoma X, se piensa que cuenta con unos 2350 genes, de los que se han mapeado aproximadamente un 10% de ellos, superando el centenar el número de enfermedades conocidas relacionadas con alguno de ellos.
 
*El síndrome de Kallmann es una de las últimas enfermedades conocidas asociadas a problemas con un gen del cromosoma X. Afecta a 100 personas por millón y pro duce síntomas variados en los varones que la sufren, desde desarrollo anormal de los genitales hasta ausencia del sentido del olfato o malfunciones nerviosas y malformaciones renales. El estudio de la funcionalidad del gen ha permitido en el último año desarrollar terapias hormonales efectivas para restaurar el desarrollo genital de los enfermos.