Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Ácido palmítico: ¡culpable!

Por todo ello, parece en principio que el bloqueo o inhibición de CD36 podría ser la base de una nueva terapia anti metastásica. Patentados los hallazgos, con la empresa inglesa MRC Technology se proponen desarrollar dos nuevos anticuerpos que se podrían empezar a probar en humanos dentro de unos cinco años, en ensayos clínicos para pacientes con carcinoma oral.

Hace unos días se hacía pública una investigación que aclaraba molecularmente alguna de las razones por la que este componente de las grasas saturadas se consideraba podía ser nocivo para la salud: nada más y nada menos que por promover la metástasis muchas clases de cánceres, aparte de su anteriormente conocido efecto hipercolesterolémico.
 
De los ácidos grasos saturados presentes en una dieta normal, el ácido palmítico es el más abundante (aproximadamente un 60% de ellos). Químicamente es el ácido hexadecanoico, un ácido graso saturado (sin dobles enlaces), lineal, de 16 átomos de carbono, sólido blanco a temperatura ambiente.
 
 
En esta primera entrega vamos a examinar algunos detalles de la investigación antes citada y en otra posterior resumiremos aspectos de la gran producción y elevado consumo de este ácido, así como cuáles son los principales productos comerciales alimenticios en los que se encuentra.
 
La relación entre consumo de ácido palmítico (y de grasas saturadas) y niveles de colesterol es un tema científico muy discutido. Por ejemplo, en la bibliografía de los últimos cinco años se pueden encontrar publicados más de 15.000 artículos al respecto. Los datos más contradictorios se refieren al nexo grasas saturadas-colesterol, pero respecto al ácido palmítico las cosas parecen estar más claras, tal como recogía una reciente revisión del tema publicada en la revista The Journal of Nutrition (https://goo.gl/LKRJTz). La conclusión  clara era que en humanos el aceite de palma (cuyo principal componente es el ácido palmítico) aumenta el LDL colesterol, el “colesterol malo” más que los aceites vegetales bajos en grasas saturadas. Por el contrario, disminuye el HDL colesterol, “colesterol bueno”, más que las propias grasas trans.
 
En cuanto a la relación entre el ácido palmítico y las metástasis cancerosas ha sido muy esclarecedora la reciente publicación de una investigación en la revista Nature con el título original de “Targeting metastasis-initiating cells through the fatty acid receptor CD36” (https://goo.gl/ObkZ4e).
 
Han colaborado en ella trece investigadores, la mayoría españoles, de seis centros catalanes de investigación: IRB, CRG, IMIM, Hospital Vall D´Hebron, ICREA y Universidad Pompeu Fabra, siendo primera firmante Gloria Pascual, y el investigador principal Salvador Azznar Benitah, director de la Unidad de Oncología del grupo de investigación Células progenitoras y cáncer del IRB de Barcelona.
 
La metástasis es la gran aliada de los cánceres, aun teniendo en cuenta que un tumor cancerígeno contiene millones de célula, y que tan solo entre un 1% y un 5% de ellas ostentan capacidad metastásica. Por ello es importante saber la razón de ese potencial metastásico. No olvidemos que el 90% de los casos de muerte por cáncer se produce por las metástasis.
 
Los investigadores catalanes son especialistas en un tipo de células madre que están presentes en los tumores y cuyo papel es potenciar su crecimiento. Estudiando el comportamiento de estas células en muestras de carcinoma oral humano encontraron una subpoblación que apenas se dividía y que presentaba características muy similares a las de las células de la metástasis.
 
Por otra parte, el grupo ya conocía que en el proceso de metástasis era protagonista una proteína conocida como CD36, que es un receptor que absorbe y transporta los ácidos grasos en la membrana celular de las células metastásicas. A mayor expresión de CD36, suele existir peor pronóstico como también habían ratificado científicos de la Universidad Estatal de Michigan al analizar unos 9.000 tumores primarios y metastásicos de diferentes tipos de cáncer como pulmón, ovario y vejiga incluidos en la base de datos del Atlas del Genoma del Cáncer.  Los científicos decidieron estudiar a fondo la proteína CD36, que, en palabras de Aznar: “Es la puerta de entrada de los ácidos grasos que provienen del medio exterior, de la dieta o de algún otro tejido”,
 
El grupo investigador detectó la presencia de CD36 en las células metastásicas de un buen número de tumores: melanoma, cáncer de mama luminal, carcinoma de ovario, de vejiga y de pulmón, etc. Y fue muy significativo que cuando añadieron CD36 a células tumorales que no producían metástasis, éstas empezaron a hacerlo. Lo mismo ocurría a la inversa: cuando bloqueaban el receptor CD36 y se cerraba la puerta celular que permite la internalización de ácidos grasos, se detuvo la metástasis y a pesar de que el tumor primario seguía creciendo, la incidencia de metástasis se reducía hasta casi su desaparición. Y es que “la grasa es esencial para la metástasis”. En estas investigaciones usaron principalmente muestras de cánceres, como el oral humano, implantado en la cavidad oral de ratones para poder identificar las células metastásicas del tumor y analizar su comportamiento.
 
Otro aspecto importante ha sido descubrir el papel importante de la participación de las grasas en los procesos de metástasis, al comprobar la relación entre ambos conceptos.  Así, desarrollaron metástasis el 30% de los ratones con cáncer oral que siguieron una dieta convencional pero esta tasa aumentó hasta el 80% cuando se les administró una dieta un 15% más rica en grasas (“dieta de cafetería”). Más aún, dentro de las grasas, uno de sus componentes, el ácido palmítico, parece tener un papel destacado. Añadieron ácido palmítico a cultivos de células tumorales y en solo 48 horas esas células fueran capaces de aumentar su frecuencia metastásica posterior desde un 50% a un 100%, es decir que todos los roedores desarrollaban metástasis por el uso del ácido palmítico, lo que también depende del receptor CD36. El ácido palmítico demostró ser, con diferencia, ser el mayor inductor de metástasis.
 
Por todo ello, parece en principio que el bloqueo o inhibición de CD36 podría ser la base de una nueva terapia anti metastásica. Patentados los hallazgos, con la empresa inglesa MRC Technology se proponen desarrollar dos nuevos anticuerpos que se podrían empezar a probar en humanos dentro de unos cinco años, en ensayos clínicos para pacientes con carcinoma oral.
 
Por otra parte, el ácido palmítico es el ácido graso saturado más común de la dieta de los países industrializados, incluso en aquellas regiones donde debería reinar la dieta mediterránea. Se encuentra en muchos productos de supermercado y comida preparada, sobre todo en forma de aceite de palma porque el producto no se oxida (resiste muy bien a las altas temperaturas) y es más económico que el aceite de oliva o girasol. Las cremas de cacao, leche y avellanas contienen grandes cantidades de ácido palmítico. A todo ello nos referiremos próximamente.