Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Antioxidantes, cáncer... y radicales libres

En las simplificaciones que se nos ofrecen, los radicales libres (parte de los ROS, abreviatura inglesa de sustancias oxigenadas reactivas) son los “malos” que intervienen favoreciendo diversas patologías, entre ellas el cáncer, y sus teóricos antagonistas, los antioxidantes, serían los “buenos”, publicitados en productos cosméticos, farmacéuticos y alimentos. La reciente publicación del Nobel Watson de un artículo titulado “Oxidantes, antioxidantes y la actual incurabilidad de los cánceres metastásicos”, cuestiona el papel de los antioxidantes

Antioxidantes, cáncer... y radicales libres
::Alex

 

En las simplificaciones que se nos ofrecen, los radicales libres (parte de los ROS, abreviatura inglesa de sustancias oxigenadas reactivas) son los “malos” que intervienen favoreciendo diversas patologías, entre ellas el cáncer, y sus teóricos antagonistas, los antioxidantes, serían los “buenos”, publicitados en productos cosméticos, farmacéuticos y alimentos. La reciente publicación del Nobel Watson de un artículo titulado “Oxidantes, antioxidantes y la actual incurabilidad de los cánceres metastásicos”, cuestiona el papel de los antioxidantes. Fue tratada la semana pasada por el profesor Lozano Teruel. Atendiendo su petición presento a los amables lectores mis propias consideraciones derivadas de mi experiencia personal de trabajo científico e industrial sobre estos temas. 
 
RADICALES LIBRES
Nuestra condición de organismos aerobios favorece la continua producción de ROS y, por ejemplo, las mitocondrias originan una gran cantidad del radical superóxido. Los trabajos de Rebeca Gerschman, en la década de los sesenta, apoyaron que los radicales libres agresores podían asociarse a un buen número de patologías. 
 
Pero es necesario conocer que existen tres grandes tipos de radicales libres. Los primarios, que se generan en nuestro organismo en las primeras etapas de la cadena radical, comprenden superóxido, hidroxilo y la especie no radical peróxido de hidrógeno. El segundo tipo, simplificando mucho, a los radicales lipídicos, generados cuando los del primer tipo destruyen membranas celulares. Son responsables de la continuación de la cadena radical, implicada en diversas patologías. Y el tercero, diferente, son otros radicales generados en el proceso de detoxificación hepático por los enzimas de la fase I del mismo, como mencionaremos después. 
 
La vida es equilibrio. En estado de salud se mantiene una correcta homeostasis, pero los desequilibrios pueden ocasionar nefastas consecuencias. Para solucionar el desequilibrio ocasionado por la potencial agresión de los ROS, el organismo cuenta con diversas herramientas de regulación y defensa enzimática, globalizadas e interrelacionadas: superóxido dismutasa, glutatión, catalasa, tiorredoxina, etc. 
 
CANCER 
En el cáncer el desequilibrio es muy importante y el organismo responde con diversos mecanismos de lucha: 
Apoptosis celular. Cuando células como las cancerosas se “independizan” de las órdenes generales del organismo, para eliminarlas se pone en marcha un proceso, genéticamente determinado, de suicidio celular. 
Detoxificación hepática. El hígado “neutraliza” los productos tóxicos producidos por nuestro organismo o procedentes del medio ambiente. El proceso se desarrolla en dos fases, I y II. En la primera, se neutraliza la sustancia tóxica en exceso que se transforma en metabolitos aún más activos y tóxicos. El proceso se acompaña por la producción de ROS. En la fase II, ciertas enzimas actúan sobre estos intermedios, o los propios productos originales, “desactivándolos” totalmente. Para que esta fase II funcione correctamente son necesarios un buen número de elementos, tanto a nivel de nutrientes como de metabolismo energético. Si la intensidad de la fase I supera a (es menor que) la de la fase II el riesgo de cáncer se incrementa (disminuye). Por ello, es necesario un buen funcionamiento de la fase II, cuya base es el glutatión, al que podemos considerar una defensa antioxidante endógena.
La participación directa del sistema inmune, a través de diversos mecanismos, algunos poco conocidos: mecanismos efectores celulares, humorales y de inmunidad innata. 
 
Además, se cree que la propia senescencia celular (menor capacidad de división y proliferación celular) interviene de forma fundamental en la lucha contra el cáncer. Ello lleva a la posible relación entre inflamación, cáncer y senescencia celular, de tal forma que cuando se produce un inicio tumoral y concurre simultáneamente un proceso de inflamación, es posible que el organismo no actúe adecuadamente y pueda llegar a anularse la respuesta “protectora” del proceso de senescencia. Por ello, el correcto control de esa inflamación ofrece grandes posibilidades y esperanzas.
 
ANTIOXIDANTES Y CANCER.
No comentaremos lo positivo o negativo del consumo de antioxidantes como suplementos, pero si destacaremos lo incorrecto de llamar “antioxidantes” a muchas moléculas de origen natural, cuya participación específica como captadores de radicales libres a nivel fisiológico en el organismo humano es relativamente reducida y, además, se concreta sólo a ciertos tipos de radicales.
 
Precisamente es en los casos de la apoptosis y del sistema inmune donde surge la controversia, ya que estos dos procesos emplean, entre otras, como “armas” a ciertos radicales libres para “atacar” a las células cancerosas. Según ello, cualquier “antioxidante” captador de radicales libres sería negativo en la protección contra el cáncer. Esta idea parece deducirse del artículo de Watson.
 
¿Es cierto?. Watson admite que el proceso de senescencia celular, bajo ciertas circunstancias, conduce a una apoptosis controlada que constituye en el mecanismo más importante de protección frente al desarrollo del cáncer. En dicho proceso parecen jugar un papel importante ciertas ROS, concretamente: superóxido, hidroxilo y peróxido de hidrógeno, los que hemos llamado antes radicales “primarios”. Como indica Watson, no se conocen bien los mecanismos moleculares a través de los cuales estos ROS actúan, postulando la necesidad de la existencia de un cierto “estado positivo de oxidación” para lograr una protección permanente frente al desarrollo del cáncer. Extrapolando (y a mi juicio ahí está el error), Watson extiende esta idea negativa sobre la actividad de los antioxidantes, no sólo a los suplementos dietéticos antioxidantes, sino a la propia actividad de los sistemas endógenos de regulación, sobre todo SOD, glutatión, catalasa y tiorredoxina, sugiriendo que elevados valores de ellos justificarían la incapacidad de curar ciertos cánceres, como el de páncreas, añadiendo, además, un cierto reproche para un popular grupo de “antioxidantes” (vitaminas C, E y A, carotenoides y selenio), a los que les niega su eficacia real anticancerosa e incluso, sobre todo en el caso de la vitamina E, le adjudica una potencial actividad pro-cancerosa.
 
Como comentario global a los planteamientos del Prof. Watson podríamos indicar:
La capacidad de protegerse frente al cáncer se debe al equilibrado funcionamiento de tres procesos: apoptosis celular, sistema inmune y enzimas hepáticos detoxificantes. Los dos primeros usan como herramientas radicales libres muy específicos, ya mencionados, pero el tercero se encarga de eliminar otros radicales libres citotóxicos, totalmente diferentes a los anteriores.
La generación y/o exceso de estos ROS “buenos” para evitar el desarrollo canceroso, sólo se puede controlar por nuestros sistemas fisiológicos. En ningún modo, por los suplementos mal denominados “antioxidantes”, los cuales no pueden controlar a radicales cuya vida media en el organismo puede ser de cienmilésimas a millonésimas de segundo, hecho no tenido en cuenta por Watson. 
Los suplementos efectivos a nivel fisiológico, son los captadores o eliminadores de radicales libres tipo lipoperoxi o peroxinitrito, resultado del daño que provocan otros radicales  anteriores, que consideramos “buenos” frente al cáncer. Esos radicales lipídicos no son cáncer-protectores, sino pro-cancerosos. Su bloqueo o eliminación podría evitar la cascada oxidativa que termina por dañar al ADN.
Los antioxidantes falsamente “peligrosos” mencionados por Watson en relación con su actividad respecto al cáncer, si son necesarios fisiológicamente como nutrientes y cofactores, aunque, de acuerdo con él, son totalmente ineficaces como “terapia preventiva” antioxidante, sobre todo, por su propia naturaleza molecular que los hace inestables e incluso pro-oxidantes si se administran aislados y en dosis elevadas, generando radicales que deben ser eliminados vía la fase II.
 
Para terminar, repetir la frase con la que el Prof. Lozano Teruel concluía su artículo de la pasada semana: investigación, sentido y prudencia.
 
Más en:
http://rsob.royalsocietypublishing.org/content/3/1/120144.full