Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Bomba biológica inteligente contra el cáncer

Frecuentemente las noticias científicas ocupan lugares preferentes en los medios de comunicación, más aún si su contenido se relaciona con la lucha contra SIDA, cáncer, etc

Frecuentemente las noticias científicas ocupan lugares preferentes en los medios de comunicación, más aún si su contenido se relaciona con la lucha contra SIDA, cáncer, etc. Sin embargo, a veces la complejidad del hecho científico, sobre todo si éste es de naturaleza biológica, hace que su comprensión sea limitada o que se levanten falsas esperanzas. El último de los alardes informativos es el anuncio de que unos científicos en USA acaban de descubrir una bomba biológica inteligente contra el cáncer, según se publica en el último número de la prestigiosa revista Science. 
 
Vamos a realizar algunos comentarios al respecto, partiendo del hecho de que hoy día es muy difícil encontrarse con unos resultados sorprendentes y espectaculares, y lo que suele ocurrir es que se van recogiendo los frutos de años de intensas y pacientes labores investigadoras de muchísimos grupos que trabajan un tema determinado. En resumen, lo conseguido en ratones, ha sido diseñar y fabricar un eficaz proyectil de trayectoria inteligente (un anticuerpo monoclonal, una proteína), que transporta un explosivo destructor (una droga quimioterápica), siendo capaz de alcanzar el blanco (la célula cancerosa) merced a una señal distintiva reconocible en ese blanco (un antígeno tumoral específico, en la superficie de la célula cancerosa), consiguiendo la destrucción de las células cancerosas sin que se afecten las células normales cercanas, resolviendo así uno de los grandes problemas de la actual lucha anticancerosa, es decir, el suministro
de dosis eficaces de citotóxicos, que sean suficientes para surtir el efecto pretendido, pero que no afecten a las células normales de un modo peligroso.
 
En el caso comentado se ha acudido a técnicas inmunológicas, lo que no es nuevo, ni tampoco éste es el primer éxito. Los animales vertebrados poseemos un sistema inmunitario que usualmente es capaz de reconocer y eliminar a moléculas, virus y bacterias extrañas, así como a las células objeto de invasión, sin que se afecten las células sanas. Ello ocurre a través de la producción de moléculas de anticuerpos, que anulan a los agentes extraños que circulan por nuestros fluidos corporales. Por otra parte, algunas células sanguíneas leucocitarias, los linfocitos T, lisan o destruyen las células objeto de invasión, por ejemplo, virus. 
 
Desde hace tiempo existen numerosas observaciones clínicas de que nuestro sistema inmunitario, a veces, es capaz de luchar adecuadamente contra el desarrollo de tumores malignos. Ello sería la explicación de algunas infrecuentes curaciones espontáneas de cánceres; de ciertas pausas o detenciones en el desarrollo tumoral; del aumento de la incidencia de ciertos cánceres en los enfermos con deficiencias en su sistema inmunitario (asociación entre Sida y Kaposi) o tras terapias inmunosupresoras, etc. Todo ello es sugerente de que, al menos en algunos tipos de cánceres, las células malignas deben poseer señales específicas que las diferencian de las normales, es decir, poseen antígenos de rechazo tumoral. En los años 60 ya se formuló la llamada teoría de vigilancia inmunitaria de los cánceres, que postula que la malignización de una célula normal lleva apareada la aparición en su superficie de unas nuevas señales o antígenos. Si el sistema propio inmunitario es capaz de identificar a esos antígenos como invasores, la célula puede ser destruida, lo que significa que sería frecuente que se produzcan células variantes, precancerosas o cancerosas, eliminadas conforme se vayan formando, malignizándose sólo en circunstancias específicas inmunológicas.
 
La demostración de la existencia de esos antígenos, ha sido laboriosa y se ha logrado mediante la biología molecular. Lo consiguió hace unos años el grupo del Dr. Boon, actualmente en la Universidad Católica de Lovaina, aislando y clonando un gen de ratón responsable de la síntesis de uno de los antígenos, demostrando que éste gen era el producto de una mutación puntual de otro gen absolutamente normal presente en las células no cancerosas. La mutación conducía a un producto diferente, un antígeno, que se unía a unas moléculas, cuyas equivalentes humanas son ciertos HLA o antígenos leucocitarios humanos y con ello se permitía su reconocimiento, como extraño, por los linfocitos T citolíticos del sistema inmune. Más aún, el 13 de diciembre de 1991, el mismo grupo publicaba en Science el aislamiento del gen humano MAGE-1, a partir de las células cancerosas de una mujer de 35 años con un melanoma. Se trataba de la primera demostración directa de la existencia de antígenos tumorales humanos. En este caso concreto, el antígeno E es un péptido de 9 aminoácidos, que se une a una molécula particular, la HLA-1 y en ello se basa su reconocimiento inmunológico.
 
Por tanto, es evidente que desde hace unos años están abiertas las acciones inmunológicas en la lucha contra el cáncer, explorándose muchas posibilidades, como son, por un lado, y tal como se está haciendo con algunos pacientes, la activación, mediante interleucinas y otros agentes, del sistema inmunológico del enfermo. Otra posibilidad es el uso de anticuerpos específicos para los antígenos de células cancerosas, anticuerpos que pueden ser de varios tipos: "desnudos" per se; anticuerpos conjugados con sustancias químicas tóxicas o con isótopos radiactivos; y anticuerpos bioespecíficos, es decir, capaces de reconocer simultáneamente a la célula tumoral y a otra célula citotóxica, por ejemplo, a las llamadas células asesinas del sistema inmunológico. 
 
Actualmente es posible la obtención de los denominados anticuerpos monoclonales, ya que usualmente cuando un animal produce anticuerpos estos son heterogéneos. Para resolver el problema, se hace la fusión de células productoras de anticuerpos con células de mieloma, de gran capacidad de crecimiento, de modo que cada célula híbrida así obtenida sea el origen de un clon de células híbridas idénticas, de gran productividad, productoras de un anticuerpo monoclonal homogéneo y específico, como el que se ha utilizado en la investigación que hoy comentamos, cuyo significado es el de un nuevo avance, un avance más, importante, en la serie de logros que los métodos inmunológicos están alcanzando en la lucha contra el cáncer, siendo conscientes que aún quedan muchos aspectos básicos por conocer, muchas dificultades por resolver y que la gran complejidad de todos los factores que intervienen harán que la situación no se resuelva en un proceso de todo o nada sino lenta y paulatinamente.
 
Respecto a la presentación informativa comentada quizá pueda ser útil recordar que detrás del grupo investigador se encuentra una importante multinacional del medicamento y que existe una gran competición entre las dos grandes revistas Science y Nature por la primacía en la publicación de avances científicos relevantes.
 
Información adicional
 
* Desde 1985 se utilizan moléculas de interleucina terapéuticamente para estimular la respuesta inmunológica contra ciertos tipos de cánceres. Datos recientes estiman que se pueden obtener regresiones en el 20-25% de cánceres de mama o de melanomas con metástasis. También se están usando terapias basadas en obtener de los enfermos células inmunocompetentes que se activan con citoquinas en el laboratorio y se reinyectan al enfermo.
 
* La primera demostración de que el sistema inmunitario era capaz de reconocer y eliminar células tumorales, tuvo lugar en 1985 por el equipo del Dr. Foley, en USA, al comprobar que, tras inocular a ratones con pequeñas cantidades de células tumorales, insuficientes para generar un tumor, esos ratones activaban sus sistemas inmunológicos y se hacían muy resistentes al trasplante posterior de una mayor cantidad del mismo tumor.
 
*Del conocimiento que se tiene respecto a los antígenos específicos de las células cancerosas se deduce que su naturaleza es diversa. A veces se tratan de proteínas presentes en la vida fetal normalmente y que posteriormente están ausentes en adultos; otras veces, de productos anormales, como consecuencia de la mutación de un gen; en otras ocasiones se trata de cambios cuantitativos en los antígenos normales.  Finalmente, puede ocurrir que un antígeno específico celular se asocie a un tumor tan solo cuando se expresa por otro tipo de células que sufren malignización.