Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

El necesario abordaje actual de la oncología

Recortes, cáncer y fármacos son componentes de la tormenta perfecta que pueden despistar en la lucha que todos debemos hacer contra la gran plaga del cáncer. ¿Hay solución? La hay, pero es necesario contar con perspicacia política y protagonismo científico. Desde el prisma de mi experiencia expondré algunas ideas al respecto

El necesario abordaje actual de la oncología
::Alex

 

Recortes, cáncer y fármacos son componentes de la tormenta perfecta que pueden despistar en la lucha que todos debemos hacer contra la gran plaga del cáncer. ¿Hay solución? La hay, pero es necesario contar con perspicacia política y protagonismo científico. Desde el prisma de mi experiencia expondré algunas ideas al respecto. 
 
CRISIS
Los principales objetivos que cualquier ciudadano con cáncer se plantea tras su diagnóstico son supervivencia, calidad de vida y proporcionalidad entre la eficacia de los tratamientos recibidos y la toxicidad de los mismos. En este sentido, cualquier tratamiento oncológico debe atender esos intereses garantizando una atención integral, altamente especializada y sostenible. 
 
Es un hecho cierto que el manejo administrativo para lograr los objetivos puede abrumar la economía de cualquier Hospital, más aún si está en manos académicamente incompletas. En este sentido, la crisis financiera está llevando en muchos casos a plantearse la asistencia oncológica en función de un equilibrio ridículamente simple entre ingresos y gastos, con lo que usualmente esos tres objetivos anteriores suelen verse comprometidos ya que, lamentablemente, la metonimia que los agrupa hace que el incumplimiento parcial de uno de ellos transforme en inabordables a los otros dos. 
 
Huyendo de la demagogia que supone no asumir el terrible escenario financiero en el que nos encontramos, es importante dejar constancia que, a pesar de ello, pueden plantearse soluciones excelentes que garantizan la financiación no cíclica de la atención médica, principalmente la oncológica. 
 
En este campo la realización de ensayos clínicos con alto valor añadido está suponiendo una revolución y un cambio global en la asistencia clínica. Para que sean posibles es necesario contar con el prestigio internacional de investigadores que actúen como fuerza tractora para estudiar fármacos en sus fases precoces de desarrollo. Y ese prestigio ha de competir con el de otros clínicos procedentes de países más serios que nosotros e, incluso, con hospitales con nombres vinculados a premios Nóbel. Además, la llegada de ese tipo de investigación clínica supone la auditoria continuada por terceros donde se parta de la ausencia de variabilidad en el ejercicio oncológico, la obligada extensión de la jornada laboral o el uso necesario de una lengua internacional, lo que para muchos sigue siendo una asignatura pendiente. 
 
Esto ha de implicar una reforma global en los modelos de acceso al puesto de trabajo, sobre todo en un país donde se acostumbra a comer viendo el telediario y donde contemplar el propio ombligo es una importante actividad para muchos. Y hay que ser realistas. Incluso cambiándolo todo, para poder intentar acceder a esos circuitos, las dificultades pueden ser enormes. Pero quedar estancados sería la muerte del sistema, a medio o largo plazo.
 
ONCOLOGÍA PERSONALIZADA
La oncología personalizada es una de las esperanzas mayores de los actuales tratamientos oncológicos. La oncología personalizada puede jugar un papel crítico en la sostenibilidad del sistema pues no hay fármaco más caro que el que no funciona ni fracaso más grande que esperar una medicina que nunca llegará. Y no nos engañemos. La situación actual de la ciencia mundial hace que hoy podamos saber cuáles serán los fármacos esperanzadores que llegarán al mercado en los próximos 10 años. La única solución para poder acceder a ellos antes de su comercialización es la posibilidad de atraer ensayos clínicos. La personalización supone también identificar, dentro de la rutina asistencial, los factores clave que determinan que un tumor aparezca en un paciente, o que ese tumor responda bien a un tratamiento u a otro. Por ello, de forma conjunta e inseparable a la investigación clínica en un centro oncológico tienen que situarse la biología molecular y la modelización animal. 
 
Efectivamente, hoy día somos capaces de conocer la secuencia completa del ADN de un tumor y buscar mutaciones que predigan sensibilidad a un fármaco disponible rutinariamente o que permitan plantear el tratamiento con un nuevo fármaco disponible bajo ensayo clínico. Incluso las alteraciones epigenéticas son fácilmente identificables para los expertos en esta nueva y prometedora área. 
 
Más fascinante, podemos clonar el tumor del paciente y fabricar una réplica del mismo en un ratón (que llamamos Avatar). Su expansión y secuenciación permiten experimentar sobre el ratón los potenciales tratamientos que finalmente le podríamos administrar al paciente. Lo verdaderamente asombroso es que no se trata de ciencia ficción. Hoy día, estas realidades están disponibles en la asistencia clínica rutinaria de diversos Centros de Excelencia. En ellos, con la experiencia de centenares de ensayos clínicos, se sabe que la conjugación de la investigación clínica con fármacos de alto valor añadido, la identificación exhaustiva de dianas moleculares con valor predictivo y la creación de avatares de tumores han permitido la reorientación global con éxito de la asistencia oncológica hacia su objetivo central: el paciente. 
 
Y, lo mejor de todo, es que si ello se gestiona por los gestores adecuados el sistema no sólo es sostenible sino que permite la generación de recursos que se dedican a mantener a otros sectores necesariamente deficitarios en la asistencia hospitalaria. 
 
CAMBIO
Evidentemente, para que esto pueda convertirse en una realidad es crítico generar una revolución en nuestra idea de Hospital y de Servicio Médico. Bastantes grandes centros internacionales, entre los que se incluye algún Centro en España, hace ya una década que se apuntaron a esa revolución y ello les ha permitido una ventana de oportunidad enorme y han demostrado que el modelo es viable. 
 
Un modelo en el que sería necesaria la incorporación al centro oncológico, en igualdad de condiciones que otro médico o cirujano, de biólogos moleculares y de científicos de diversas especialidades, en lugar de estar, como en el caso de Murcia, aislados a más de 5 kms de los pacientes. Mi experiencia me indica que su presencia en los Comités de Tumores no sólo ayuda a prolongar vidas en condiciones dignas sino que también las salvan con su colaboración en el desarrollo de la ingeniería del recorrido terapéutico y diagnóstico de los pacientes. 
 
La sinergia entre estos factores ha de acompañarse con una gestión transversal de las especialidades orientadas al tratamiento del paciente con cáncer. Ello, en combinación con una potente gestión clínica y financiera es la garantía de que entre todos podamos ofrecer supervivencia, calidad de vida y baja toxicidad. 
 
Hemos de ser conscientes de que estamos en un momento crítico donde las soluciones de alto valor añadido permiten modificar nuestro sistema de atención oncológica y pueden hacerlo sostenible y competitivo a nivel internacional. Eso no significará que de un modo general un paciente de Texas se traslade miles de kilómetros a una determinada ciudad española para recibir tratamiento pero si que esa ciudad española que haya hecho una apuesta seria, sólida y científica en este aspecto podrá aparecer en un mapa en el que hasta ahora era simplemente inexistente.
 
Algunos, a esto, lo llaman Economía basada en el Conocimiento... no suena mal.
 
Más en:
http://www.hmhospitales.com/grupohm/centroshospitalarios/claraCampal