Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

La enfermedad de la Ruta de la Seda

Con este nombre se conoce una afección potencialmente grave y peligrosa que suele darse en personas con antepasados que vivieron o procedían de las zonas de los recorridos conocidos como Ruta de la Seda. Su nombre más profesional, en reconocimiento al médico turco que la describió por vez primera, en 1937, es el de enfermedad de Behçet, aunque tras una conferencia internacional celebrada en Alemania en el año 2002 se recomendó la denominación de enfermedad de Adamantiades-Behçet. El nombre clásico de la enfermedad hacía sospechar que su causa tuviese fuertes componentes genéticos que se fueron diseminando y asentando con el tiempo a lo largo de la ruta de la seda. Una reciente investigación, publicada en la revista ´Nature Genetics´, ha confirmado esta suposición.

La enfermedad de la Ruta de la Seda
::Alex

 

Con este nombre se conoce una afección potencialmente grave y peligrosa que suele darse en personas con antepasados que vivieron o procedían de las zonas de los recorridos conocidos como Ruta de la Seda.  Su nombre más profesional, en reconocimiento al médico turco que la describió por vez primera, en 1937, es el de enfermedad de Behçet, aunque tras una conferencia internacional celebrada en Alemania en el año 2002 se recomendó la denominación de enfermedad de Adamantiades-Behçet.  El nombre clásico de la enfermedad hacía sospechar que su causa tuviese fuertes componentes genéticos que se fueron diseminando y asentando con el tiempo a lo largo de la ruta de la seda. Una reciente investigación, publicada en la revista ´Nature Genetics´, ha confirmado esta suposición.
 
LA RUTA DE LA SEDA
En  1877 el geógrafo alemán Ferdinand Freiherr von Richthofen introdujo el término "Ruta de la Seda" en su obra ´Viejas y nuevas aproximaciones a la Ruta de la Seda´. Se refería a un conjunto de rutas comerciales de unos 6.500 kilómetros entre Asia y Europa cuyo inicio más oriental era la antigua Chang´an, en el extremo oriental de China, con diversas variantes que atravesaban Eurasia, pasando por Antioquía y Constantinopla, para entrar en Europa y llegar hasta España. Aunque los célebres relatos de los viajes de Marco Polo, en el siglo XIII, sirvieron para darlas a conocer, su comienzo ocurrió tras los cambios políticos ocurridos en China en el siglo VII, y perduró hasta su decadencia, en el siglo XV, debido al auge de la navegación que permitió abrir nuevas rutas marítimas comerciales.
 
Efectivamente, la seda era uno de los productos más valiosos que transitaban por la Ruta de la Seda. Hacia el este, con trayectos más o menos largos, además de la seda viajaban bronce, cerámica, especias, hierro, jade, laca, pieles o porcelana, mientras que en sentido opuesto lo hacían cristal, marfil, oro,  perfumes, piedras preciosas, plata y tintes. Asimismo, la Ruta de la Seda sirvió para intercambiar multitud de bienes culturales y religiosos. Pero también para trasladar infecciones, enfermedades, epidemias y… genes.   
 
Un ejemplo significativo  fue el brote infeccioso de peste bubónica que estalló en China hacia el año 1330. El calificativo bubónico se refiere al bubón o agrandamiento de los ganglios linfáticos. La plaga es propia de los roedores y pasa de rata en rata (Rattus rattus, rata negra) a través de las pulgas: la pulga pica a una rata infectada y engulle el bacilo junto con la sangre; este bacilo puede quedar en el intestino del animal durante tres semanas y cuando pica a otro animal o a una persona, lo regurgita e infecta. Los humanos se contagian por la picadura de la pulga, no por contacto directo con un enfermo ni a través de la respiración. En poco tiempo, en 1348, a través de la Ruta de la Seda, llegó y asoló Europa, recibiendo el nombre de muerte negra por su alta mortalidad, superior al 60%.  
 
Lógicamente, los largos trayectos también propiciaron el intercambio y diseminación de genes a lo largo de la ruta, por lo que algunas enfermedades de alto componente genético se acumularon en la misma. Es lo que sucedió con la enfermedad de Behçet.
 
 
MAL DE BEHÇET
Esta enfermedad está clasificada dentro de las denominadas enfermedades raras porque su prevalencia es baja, estimándose que la padece uno de cada veinte mil habitantes. Sin embargo, en Turquía esta cifra se multiplica por ochenta sufriéndola una de cada 250 personas, al ser Turquía una escala clave de la Ruta. Se cree que se  desencadena por una serie de complejos factores genéticos y ambientales en buena parte desconocidos causando la inflamación de vasos sanguíneos en varias partes del cuerpo. Ello se traduce   en consecuencias como úlceras genitales y bucales dolorosas, inflamación ocular que puede provocar pérdida de la visión e, incluso, a veces, afecta a vasos sanguíneos del cerebro, pulmones y otros órganos vitales, pudiendo llegar a ser mortal. 
 
De carácter crónico, se da por igual en hombres y mujeres y no es contagiosa. Tiende a aparecer en la tercera década de la vida, de los 20 a los 30 años, aunque pueden darse casos  a cualquier edad, y suele desarrollarse completamente a los 15 meses desde el primer brote. Otra característica importante es que se trata de una enfermedad autoinmune por lo que el origen de la inflamación de los vasos sanguíneos es el ataque que desarrolla contra ellos el propio sistema inmunológico del enfermo. En nuestro país existe una Asociación Española de la Enfermedad de Behçet, cuya web es: http://www.behcet.es/sindrome.html
 
A pesar de  su importante componente genético y de que existan algunos casos de familiares con la enfermedad no es hereditaria ni sigue un patrón de herencia mendeliana y se cree que es necesario la presencia de un factor ambiental para que su desarrollo. Algunos especialistas piensan que ese factor ambiental desconocido pudiera estar relacionado con algún tipo de infección vírica.
 
GENES
El Dr. Dan Kastner, es el director del Intramural Research Program, del estadounidense National Human Genome Research Institute, de los  Institutos Nacionales de la Salud. Su prestigioso  grupo de investigación, asociado con investigadores turcos y japoneses,  ha conseguido obtener una detallada información genética sobre la enfermedad, que será muy útil para su conocimiento y el de otras enfermedades semejantes.
 
Los investigadores realizaron un estudio de asociación de genoma completo (GWAS) estudiando a 1.209 turcos afectados por la enfermedad de Behçet y a otros 1278 turcos no afectados, analizando sus polimorfismos de nucleótido único (SNP, variaciones de un solo nucleótido en la secuencia), y su asociación con la existencia de la enfermedad. 
En primer lugar han confirmado los datos ya conocidos de la existencia de regiones genéticas estrechamente relacionadas con la región del genoma del antígeno leucocitario humano (HLA) B-51, responsable del 20% del riesgo de sufrir la enfermedad. 
También han corroborado sus propios datos anteriores sobre otras dos regiones del genoma relacionadas con la enfermedad.
La nueva investigación no sólo han identificado otras cuatro nuevas regiones genómicas asociadas a la enfermedad relacionadas con la regulación inmunitaria, sino que ha encontrado una estrecha relación con otras enfermedades más comunes como la psoriasis y algunas enfermedades inflamatorias intestinales. Así sucede con el gen STAT4, en la que diferentes variantes aumentan el riesgo de enfermedades autoinmunes, incluyendo artritis reumatoide y lupus. También la existencia de un intrigante vínculo entre genes relacionados con la enfermedad y microbios de nuestro entorno: el gen ERAP1 asociado a la enfermedad codifica para una molécula que procesa proteínas microbianas en glóbulos blancos de la sangre. Asimismo el gen CCR1 se asocia a la enfermedad y codifica a proteínas que ayudan a los glóbulos blancos que combaten infecciones a migrar hasta donde están los microorganismos invasores. Cuando este mecanismo no funciona bien, los microorganismos pueden desencadenar una respuesta inflamatoria persistente.
En resumen, como dicen los autores de la investigación, se abren nuevas perspectivas no sólo respecto a esta enfermedad sino con otras relacionadas tanto respecto a su conocimiento biológico como al  posible uso de terapias comunes entre ellas.
Más en:
http://www.genome.gov/27552099