Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

¿Se está abusando de los medicamentos?

El medicamento es un bien de la humanidad que tiene como finalidad prevenir, curar o cuando menos aliviar las enfermedades, intentando en cada momento mejorar la calidad de vida del ser humano

El medicamento es un bien de la humanidad que tiene como finalidad prevenir, curar o cuando menos aliviar las enfermedades, intentando en cada momento mejorar la calidad de vida del ser humano. A medida que han progresado los conocimientos científicos se han obtenido medicamentos más activos y en consecuencia potencialmente más peligrosos.
 
Estas dos premisas justifican la necesidad de un uso juicioso de los medicamentos, basado en la adecuada información sobre sus características farmacológicas, uso que puede ser objeto de un seguimiento social si el consumo se cuantifica usando como unidad de medida la dosis media definida por 1.000 habitantes, lo que permite establecer comparaciones entre cualesquiera países o regiones del mundo y detectar cualquier desvío indicativo de la prevalencia local de una enfermedad o de un uso inadecuado de los medicamentos.
 
El consumo de los medicamentos no debe calificarse de excesivo o reducido aplicando simplemente las cifras económicas del coste de los mismos, aunque éste es un factor importante, sino basándose en su uso adecuado. ¿Se usa o se abusa del medicamento? Cuando hemos aplicado los criterios de medida a una región como Murcia, hemos encontrado, por ejemplo, que el consumo de un antibiótico muy específico para el tratamiento de una determinada enfermedad se hallaba exageradamente elevado, muy por encima de la media nacional. Como no había constancia, ni se pudo confirmar un aumento de la prevalencia de la enfermedad, evidentemente se estaba abusando de este medicamento, con grave riesgo de disminuir su eficacia. 
 
Llama mucho la atención que en un medio de tanto impacto como es la TV se anuncien libremente medicamentos potencialmente peligrosos pues, aunque se incluya el rótulo Consulte a su médico, ¿cuántos los consultan? Por ejemplo, el ácido acetilsalicílico, aparte de las molestias gástricas más o menos conocidas, puede llegar a ocasionar una encefalopatía mortal en niños con varicela o gripe, pero ¿cuántos conocen esta circunstancia? Paralelamente y en sentido opuesto ha aparecido una campaña institucional Botiquín o polvorín, alertando sobre los riesgos de los medicamentos acumulados en los domicilios. Estas campañas contradictorias desorientan y en definitiva lo que consiguen es aumentar los beneficios por publicidad de la TV. Sería mucho más lógico simplemente prohibir la publicidad indiscriminada de los medicamentos. 
 
Próximamente va a entrar en vigor un decreto, popularmente denominado el medicamentazo, que restringe la prescripción de medicamentos con la finalidad de reducir el gasto farmacéutico de la Seguridad Social, pero si se analiza críticamente dicho decreto, se puede pronosticar que, en bastantes ocasiones, aumentará el coste terapéutico de las enfermedades, usándose medicamentos menos adecuados, más caros y que repercutirán negativamente en la economía del asegurado, al crearse unas necesidades terapéuticas más sociales que reales, ya que para la mayoría de los médicos del Insalud, dada la idiosincrasia del asegurado, les será muy difícil recomendar, por ejemplo, a sus enfermos con gripe que compren un antigripal que no tenga subvención estatal en lugar de otros medicamentos más caros, ineficaces, pero subvencionados. Si se usa una cefalosporina, tal como recomendaba recientemente un responsable del servicio de urgencias del Insalud a través de la prensa local, en lugar de un antigripal, resulta que las cefalosporinas más vendidas, que son ineficaces para esta situación, cuestan entre 1.600 y 2.100 pesetas por envase, con una aportación por parte del asegurado de 600 a 800 pesetas, mientras el antigripal no subvencionado cuesta unas 400 pesetas, tiene eficacia y mejoraría la sintomatología del enfermo.
 
Sería, por tanto, muy útil dirigir los máximos esfuerzos hacia la racionalización de las prescripciones e iniciar unos cursos de refresco y actualización de los conocimientos farmacológicos entre los profesionales de la Sanidad, así como contar con los farmacólogos básicos y clínicos en el diseño de una política sanitaria que consiga adecuar al máximo el uso de los medicamentos respecto a las necesidades de la sociedad doliente.