Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Cólera: de la epidemia a la molécula (1)

Estos días nos encontramos con informaciones frecuentes referentes al peligro de cólera en Bagdad o a la epidemia del Perú ocasionada por los vertidos contaminantes de un barco asiático en las costas peruanas, con las consecuencias conocidas de cientos de muertos y decenas de miles de afectados, comercio de productos puesto en cuarentena, ruina económica, medidas preventivas en países vecinos, etc

Estos días nos encontramos con informaciones frecuentes referentes al peligro de cólera en Bagdad o a la epidemia del Perú ocasionada por los vertidos contaminantes de un barco asiático en las costas peruanas, con las consecuencias conocidas de cientos de muertos y decenas de miles de afectados, comercio de productos puesto en cuarentena, ruina económica, medidas preventivas en países vecinos, etc. Y no hace mucho se nos alertaba con la existencia de casos en el Magreb y otros lugares. Es lógico que inmediatamente nos preguntemos sobre si en esta época de desarrollo médico y tecnológico no podemos luchar más eficazmente contra esta plaga. Y la respuesta depende de la desigual distribución de los recursos médicos e higiénicos en el mundo.
 
Es significativo que, entre la infinidad de deidades propias del hinduismo, aún existan en la India algunos lugares en los que se rinde culto a diosas específicas para el cólera, a las que se les ofrecen arroz, frutas y flores en orden a obtener su protección. Con estas actitudes parecemos retroceder a épocas anteriores al siglo XVII, cuando los hombres desconocían la existencia de los microorganismos y mucho menos pensaban en su posible papel causante de enfermedades.
 
A finales del siglo XVIII, tras la aportación de Van Leeuwenhoek para el desarrollo del microscopio, los científicos aplicaron nuevos nombres a los diminutos seres vivos que iban descubriendo y fue un botánico alemán, Cohn, quién usó por primera vez la palabra bacteria, derivada de una voz latina significando pequeño vástago. Pasteur popularizó el término microbio (vida diminuta) y estableció su relación con la enfermedad.
 
Uno de estos microorganismos, el Vibrio cholerae, origen del cólera, ha ocasionado a lo largo del tiempo la muerte a millones de personas. La relación causa-efecto la estableció el gran científico alemán Koch en 1883,
quien además había descubierto un año antes el bacilo de la tuberculosis. Con ocasión de una epidemia de cólera en Egipto, ante el peligro de su transmisión a Europa, se formó una comisión gubernamental alemana y tras su desplazamiento a ese país, Koch sospechó que la causa del cólera era un bacilo que al microscopio semejaba una coma, con un tamaño aproximado de dos micras de largo por media de ancho. Koch también estableció que las principales vías de transmisión eran a través del agua de la bebida y de los alimentos contaminados. Por todos sus descubrimientos recibió el Premio Nobel de Medicina en 1905.
 
El vibrión del cólera entra en el cuerpo a través de la boca y ocasiona una infección aguda en las membranas mucosas del intestino delgado que da lugar, tras una incubación de 12 a 28 horas, a una diarrea masiva acompañada de una gran pérdida de fluidos corporales y sales, con volúmenes de hasta 15 a 20 litros (casi la mitad de toda el agua corporal) en 24 horas. Ello, junto con vómitos intensos, conduce a deshidratación, fallo en la presión sanguínea, debilitación del pulso, calambres musculares, etc., que pueden llevar en un plazo de 2 a 7 días hasta el coma y la muerte con una letalidad del 50 al 60%, reducida grandemente (10-20%) si existe un tratamiento adecuado.
 
El cólera es endémico en la India y en lugares del Sureste asiático como Birmania y Pakistán, dando lugar a frecuentes epidemias que pasan a otros países. Fue un médico inglés quien, en el siglo XIX, compiló una lista de brotes de cólera que durante siglos se habían desplazado desde la India hacia el Oeste, ocasionando millones de muertes y llegando a Londres y París en 1849. Precisamente sus estudios durante la recurrencia del cólera, ocurrida en Londres de 1854, le hicieron sospechar que su origen radicaba en unas fosas fecales próximas a un aprovisionamiento público de agua, la Broad Street Pump de Golden Square, que de este modo había quedado contaminada. El que la protección de las redes de distribución de agua era importante para luchar contra la extensión del cólera, se evidenció con motivo de la epidemia habida en Hamburgo en 1892, que no se extendió a la población vecina de Altona, pues ésta contaba con un eficaz sistema de filtración depuradora de sus aguas potables.