Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Baños de sol mortíferos

Numerosas civilizaciones como la inca y la egipcia han adorado al sol, pero la humanidad, durante gran parte de su historia, se ha protegido de los efectos de los rayos solares

Numerosas civilizaciones como la inca y la egipcia han adorado al sol, pero la humanidad, durante gran parte de su historia, se ha protegido de los efectos de los rayos solares. Hace 100 años el bronceado era sinónimo de poca distinción y lo admirado y perseguido era la palidez de la piel. A partir de los años 50 las vacaciones en lugares soleados, el ocio al aire libre y el aspecto deportivo del cuerpo constituyeron los nuevos signos de prosperidad y la meta se transformó en broncearse lo más y antes posible. Además, ello se consideraba como muy saludable. 
 
Sin embargo, desde hace algunos años se sabe que una exposición solar excesiva constituye una verdadera bomba con temporizador, cuya cuerda dura a veces 20 años. hasta que se produce el efecto final, pero en todo caso es responsable del 100% de los casos del fotoenvejecimiento prematuro cutáneo y de una gran proporción de los cánceres de piel, cuya incidencia se está incrementando casi un 50% cada 1O años, agravado el hecho por el deterioro de la capa de ozono de la atmósfera lo que dificulta que las radiaciones ultravioletas solares sean filtradas adecuadamente antes de llegar a la superficie terrestre. 
 
Las radiaciones ultra­ violeta (UV), según su longitud de onda se clasifican en UV A (320-400 nm), UV B (280-320 nm) y UV C (200-280 nm). (Un nm es una milmillonésima parte de un metro). Las UV C son absorbidas usualmente por la atmósfera, pero las UV A y, sobre todo, las UV B pueden llegar a la piel y afectar a las células y resto de constituyentes, alterando ADN, proteínas, moléculas fotosensibles, etc., dando lugar a efectos indeseables a corto y largo plazo; algunos reversibles y otros irreversibles; algunos directos y otros indirectos, por ejemplo los derivados, si el daño es suficientemente grave, de la liberación de histamina hasta la sangre y tejidos circundantes, con las obligadas consecuencias inflamatorias, favorecedoras de ulceración.
 
Nuestra piel es un sistema complejo y en la interfase entre dermis y epidermis se encuentran unas células, los melanocitos, en cuyas estructuras subcelulares denominadas melanosomas se sintetizan las melaninas, un pigmento cuya naturaleza compleja (eumelaninas y feomelaninas, según la diversa tonalidad), concentración y distribución, provoca la coloración característica de la piel, variable según las razas y circunstancias, en un proceso muy controlado y regulado. La melanina actúa, entre otras funciones, como filtro activo protector de la radiación UV y por ello un bronceado adecuado siempre es muy conveniente, pero lo desaconsejable es que, para conseguirlo o por otras razones, tenga lugar una exposición excesiva a esas radiaciones cuyos efectos nocivos sobre el envejecimiento de la piel o la aparición de cánceres cutáneos comentaremos en próximas ocasiones.
 
Hoy, debido al periodo veraniego vacacional, lo que interesa destacar son algunos consejos destinados a conseguir la síntesis de nuestras melaninas protectoras, así como la producción de la vitamina D, inducida por la luz, pero sin poner en peligro nuestra piel y nuestra salud. He aquí varios de los más relevantes:
 
• Evitar taxativamente los baños intensivos de sol, así como tomar el sol en las horas centrales del día, es decir entre las 10 y 15 horas, procurando que, en su caso, el baño o el partido de tenis, tengan lugar a primeras horas de la mañana o al atardecer.
 
• Ser conscientes de que el 80% de las radiaciones solares peligrosas atraviesan fácilmente las nubes. Por ello no es suficiente protección el que un día esté nublado. Ni que sea invierno. Más aún, en caso de nieve, su función reflectora incrementa las radiaciones recibidas. También hay que saber que con la altura existe una menor protección de la atmósfera y aumenta la exposición, de modo que por cada 300 metros más de altitud se recibe un 4% más de radiaciones ultravioletas.
 
• Usar siempre cremas y lociones con filtros químicos solares. Preferentemente, si es posible, aquellos que contengan sustancias absorbentes no solo para el UV B sino para el UV A, cuyas radiaciones a largo plazo son causantes de fotoenvejecimiento.
 
• El índice FPS o factor de protección solar representa la relación entre las radiaciones necesitadas para que la piel se enrojezca con y sin la aplicación del filtro solar. Un factor 15 de protección consigue filtrar más deL 92% de las radiaciones UV causantes del eritema y es adecuado para la mayoría de las personas, pero debe recordarse que los resultados pueden depender del fototipo de cada persona. En todo caso, el protector solar debe aplicarse 15 a 30 minutos antes de la exposición al sol a fin de permitir la interacción del agente activo con la piel y para que sea eficaz de modo continuo deben producirse reaplicaciones del filtro solar en intervalos como máximo de unas tres horas.
 
• En caso de, por actividades profesionales u otras causas, tener que exponerse al sol durante tiempos prolongados, deben utilizarse productos opacos a la radiación tales como talco, cremas de óxido de titanio, óxido de zinc, etc., sobre todo para proteger nariz, labios y orejas, así como utilizar sombreros y ropa protectora de brazos y piernas, además de gafas de sol con cristales filtrantes UV. Debe tenerse en cuenta que la ropa pierde buena parte de su capacidad protectora si no está seca, si se moja.
 
• Hay que estar advertidos de que muchos medicamentos pueden incrementar las reacciones de fotosensibilidad de la piel favoreciendo su enrojecimiento o quemadura. Entre ellos se encuentran diuréticos tiazídicos, antisicóticos fenotiazínicos, antibacterianos sulfanamídicos, antibióticos tetracíclicos, psoralenos, ácido nalidíxico, etc.
 
• Los niños deben protegerse de un modo especialmente cuidadoso. Su piel es más delicada y frágil respecto a las agresiones fotoquímicas.
 
Finalmente, unas palabras de precaución respecto a las lámparas bronceadoras, desde las más sencillas a las más sofisticadas de salones de belleza, de los que tan solo en Estados Unidos existen más de 20.000. Incluso las que se afirma que están desprovistas de radiaciones UV B, no existe seguridad total de que sean inocuas, ya que cada vez se van conociendo más efectos perjudiciales a largo plazo de las radiaciones UV A, sobre las que quedan muchos aspectos para aclarar, ya que favorecen un bronceado inmediato (en horas) en lugar del producido por la melanogénesis normal que tarda 7- 9 días, pero algunas recientes investigaciones han demostrado que ese bronceado rápido se obtiene por mecanismos moleculares diferentes respecto al natural y que no sirve de suficiente protección contra los efectos perjudiciales de la radiación UV B del sol.
 
 
Información adicional
 
* Entre las sustancias absorbentes de las radiaciones UV B son especialmente activas las preparaciones que contienen ácido para-aminobenzoico y sus ésteres, cinamatos, benzofenonas, salicilatos y antranilatos. Un reciente producto se ha desarrollado como muy eficaz para absorber las radiaciones UV A: el butilmetoxidibenzoilmetano.
 
* Los valores de FPS ofrecen un amplio rango de 1 a 50 dependiendo de la concentración y naturaleza del agente protector. Según la clasificación de la FDA (Food and Drug Administration) los factores 2-4 corresponden a protección mínima; el rango 4-6 a moderada; el 6-8, extra; el 8-15 máxima, y superior a 15, ultra.
 
*Los labios son de las zonas que necesitan mayor protección ya que los cánceres que se ubican en ellos son relativamente frecuentes y además tienen una mayor tendencia a que sufran metástasis.