Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Destino de los residuos radiactivos

El uso y obtención de grandes cantidades de radioisótopos de uso pacífico industrial, médico y científico da lugar a enormes masas de residuos radiactivos no destruibles, por lo que deben ser almacenados largo tiempo a fin de que vayan perdiendo su actividad

Destino de los residuos radiactivos
El uso y obtención de grandes cantidades de radioisótopos de uso pacífico industrial, médico y científico da lugar a enormes masas de residuos radiactivos no destruibles, por lo que deben ser almacenados largo tiempo a fin de que vayan perdiendo su actividad.
 
Existe una buena colaboración internacional sobre estos temas y así, en 1990, la CEE ha publicado los documentos Euradwaste 2 y 3 relativos, entre otros aspectos, a los costos del almacenado temporal y definitivo de los residuos radiactivos en los países europeos. 
 
Lo normal es que en cada país haya una sola empresa u organización (en España es ENRESA) que se ocupe de todo lo referente a la gestión de los residuos, en contacto directo con el gobierno respectivo. Existe, a tal efecto, una clasificación de residuos aceptada e un modo general:
a) de baja y media actividad, comprendiendo fundamentalmente elementos de vida corta emisores de radiaciones beta y gamma, y, en todo caso, con un bajo contenido en radionúclidos de larga vida.
b) de alta actividad, con radionúclidos de vida corta y alta actividad, así como emisores de larga vida que generan calor, y 
c) de tipo alfa, que emiten cantidades elevadas de partículas alfa.
 
Curiosamente, al amparo de un acuerdo del año 1972 denominado contradictoriamente Convención sobre la Prevención de la Contaminación Marina para la Evacuación de Residuos y otras Materias, muchos países fueron vertiendo al mar, en el pasado, cantidades importantes de residuos radiactivos sólidos empaquetados. Afortunadamente, en 1983 se inició una moratoria, aún vigente, para impedirlo. Sólo en Suecia existe actualmente un repositorio marítimo, pero está construido 60 metros por debajo del fondo del mar Báltico, con acceso desde la costa a través de túneles. 
 
La práctica internacional más aceptada es la de almacenar los residuos de baja y media actividad en formaciones continentales de poca profundidad suplementadas con barreras de ingeniería. Como opción adicional se utilizan depósitos a grandes profundidades, en lugares singulares, como minas abandonadas.
 
En cuanto al resto, residuos de alta actividad, en parte consisten en los subproductos de los combustibles de los reactores nucleares y, por ahora, se piensa que su destino definitivo podrían ser repositorios especiales situados en lugares geológicamente muy estables para permitir que esos residuos permanezcan aislados de la biosfera el largo tiempo preciso para que pierdan la mayor parte de su radiactividad y dejen de comportar riesgos. En muchos países se están buscando lugares de este tipo, pero no estarán totalmente disponibles hasta bien entrado el siglo XXI. El más adelantado, en fase de construcción, es el americano de Yucca Mountain, en un lugar de toba volcánica. Su entrada en servicio será después del año 2010.
 
Por tanto, mientras se estudian y construyen esos repositorios, los residuos han de almacenarse provisionalmente. A veces se procede a su reprocesado, vitrificándolos, tras lo cual se introducen en contenedores de acero inoxidable situados en cámaras de hormigón a la espera de la evacuación final. En cuanto a los residuos no reprocesados se están almacenando temporalmente (20 a 50 años) bajo agua, en piscinas especiales, y en seco, en contenedores metálicos y de hormigón.
 
Para el almacenado de residuos de baja y media actividad, en España se ha escogido el emplazamiento de El Cabril (Córdoba), en la Sierra Albarrán, en el vértice de confluencia de las provincias de Córdoba, Sevilla y Badajoz. Su capacidad será de 40.000 metros cúbicos, muy alejado del tamaño del mayor en construcción existente, el de L'Aube, en Francia, con capacidad para un millón de metros cúbicos de residuos. El proyecto definitivo del Cabril se aprobó hace unos meses, está en fase de construcción y representa unas inversiones superiores a los 7.500 millones de pesetas, aparte de 2.000 millones en infraestructura viaria y más de 6.000 millones como aportación a los ayuntamientos más cercanos. La primera fase de construcción estará terminada a finales del presente 1991 y el primer almacenado de residuos, dentro de recipientes de hormigón, se espera que tenga lugar en el año 1992. En todo caso, en El Cabril sólo se almacenarán los residuos radiactivos de baja y media actividad de procedencia nacional, por lo que queda pendiente para el futuro el problema de los residuos de alta actividad.