Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Flúor, agua y dientes

Muchos municipios del mundo cuentan con sistemas de fluoración del agua potable. En otras comunidades se fluoran alimentos, sal o leche destinados al consumo. La gran mayoría de pastas dentífricas contienen fluoruros. ¿Cuál es la base científica del uso de fluoruros en la salud bucal/dental? ¿Es una práctica saludable, exenta de riesgos? No existe unanimidad científica, pero procuraremos exponer el consenso más generalizado, apoyándonos en revisiones científicas recientes cualificadas. Recordemos que en Murcia, a semejanza de otras regiones españolas, el Decreto 86/1990 de la CARM estableció “la obligación de fluorar las aguas públicas de consumo público dentro del ámbito de esta región”.

Flúor, agua y dientes
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FLUORAR
En el año 1901 el Dr. McKay, dentista en Colorado Springs (EEUU) observó la existencia de una tinción permanente dental en una mayoría de sus pacientes, particularmente los residentes permanentes en la zona. La coloración era conocida popularmente como "tinción del Colorado", y McKay la rebautizó como "esmalte moteado". Sospechando un origen relacionado con los abastecimientos de agua solicitó la ayuda de un químico amigo suyo, H.V. Churchill, quien realizó múltiples análisis que establecieron la relación entre el moteado y la concentración de fluoruros en las aguas de bebida.
El Servicio Nacional de Salud Pública de EEUU encargó la investigación conocida como de las “21 ciudades” sobre la relación entre fluoruros, esmalte moteado y caries dental. Los resultados, conocidos en 1942, llevaron a aconsejar la fluoración del agua de bebida para combatir la caries, en concentraciones comprendidas entre 0,7 y 1,2 p.p.m.. En 1945 comenzó la fluoración en diversas ciudades norteamericanas. Actualmente casi un 67% del abastecimiento público en EEUU se fluora, estimándose en un 60% la reducción de caries conseguida, con el aplauso de instituciones como la OMS que en un informe de 2004 recomendaba la fluoración. Dentro de la Unión Europea, sólo el Reino Unido, Irlanda y España han regulado la fluoración que, usualmente, se efectúa por adición de fluoruro sódico, ácido hexafluorosilícico o ácidofluorsilícico. 
¿Y las pastas dentales? La primera referencia conocida de su uso se encuentra en un manuscrito de Egipto del siglo IV A.C. describiendo una mezcla de polvo de sal, pimienta, hojas de menta, iris y flores, adicionado de piedra pómez pulverizada, agua, uñas de buey, cáscara de huevo y mirra. Pero la pasta dental fluorada no apareció hasta 1914 y su introducción en los países industrializados data de finales de los años 60.
El flúor ejerce su efecto protector sobre la dentadura a través de tres vías: 1. Aplicado tópicamente en cremas de dientes y colutorios, por la reducción de la desmineralización ocasionada por los ácidos aparecidos por la acción bacteriana bucal; 2. Remineralizacíón y fortalecimiento del cemento/dentina dañados por los ácidos; 3. Inhibición de una enzima clave para el crecimiento de la población bacteriana bucal.  
CONTROVERSIAS
Desde hace tiempo los efectos favorables de  los fluoruros administrados sistémica o tópicamente en relación con la salud dental son defendidos por entidades científicas internacionalmente relevantes como las siguientes: American Dental Association, British Fluoridation Society, Centers for Disease Control & Prevention (CDS), National Center for Fluoridation Policy and Research, National Institute for Dental and Craniofacial Research, etc.
Sin embargo, desde hace años vienen acumulándose más y más datos sobre los posibles efectos tóxicos del fluoruro, responsable no sólo de la fluorosis dental y ósea, sino que investigaciones recientes descubren cada vez más conexiones entre ciertas concentraciones de fluoruro y patologías como cáncer, osteoporosis, función tiroidea, actividad cognitiva, neurotoxicidad, o defectos de nacimiento. Por ejemplo, hace poco más de un año la revista Environmental Health Perspectives publicaba una investigación relacionando altas concentraciones de fluoruro en diversas aguas potables chinas y de otros lugares del mundo con coeficientes de inteligencia más bajos. Concentraciones de fluoruro que la EPA (Agencia de Protección Ambiental de EEUU) había considerado previamente como seguras están demostrando que pueden tener efectos tóxicos sobre seres vivos como se ha demostrado en las especies migratorias de salmones. 
 
 
 
 
Por ello, cada vez es mayor el número de Instituciones críticas respecto a las prácticas de fluoración: The Fluoride Debate, Second Look (www.slweb.org), Fluoride Action Network (FAN), Keepers of the Well Environmental Working Group, International Academy of Oral Medicine & Toxicology, NoFluoride.Com, Fluoride Free Water (Ireland), New York State Coalition Opposed to Fluoridation, Sierra Club, International Chiropractic Association, o la League of United Latin American Citizens, quienes, entre otras razones, arguyen que la fluoración del agua potable equivale a suministrar un medicamento sin consentimiento, ya que el fluoruro es una droga, no un nutriente. Esta misma opinión es la sostenida por Arvid Carlsson, ganador del Premio Nobel de Medicina en 2000, quien colaboró en Suecia para convencer al Parlamento de que la fluoración era ilegal debido principios éticos pues viola los principios farmacológicos modernos, que indican que los medicamentos se deben adaptar a los individuos, lo que, junto con los datos negativos de la actuación de los fluoruros le llevó a decir que “La fluoración es el mayor caso de fraude científico de este siglo”, una afirmación coincidente con la de que  "La fluoración del agua es el más grande caso de fraude científico promovido por el gobierno, soportado por los contribuyentes, ayudado e instigado por la American Dental Association y la American Medical Association, en la historia del planeta", hecha por David Kennedy, Presidente de la Academia Internacional de Medicina Oral y Toxicología, y con la de "La fluoración es el más grande fraude jamás perpetrado sobre más gente que ninguno otro", de Albert Schatz, verdadero descubridor de la estreptomicina, aunque el Nobel correspondiente se le concediese a Waksman.
RECOMENDACIONES
Aunque la controversia científica sobre el balance beneficios/perjuicios de los fluoruros continúa y está muy viva, como resumen podemos hacer tres consideraciones.
Recientemente, un estudio de M. Mannina, M. Morgan y N. Murphy, resumía los impactos positivos y negativos de la política norteamericana de fluoración del agua potable indicando: “Concluimos que existe una suficiente correlación entre la fluoración del agua y los efectos adversos hacia el ambiente y la salud que son suficientes para que cese la política de fluoración del agua en Estados Unidos”.   Además, los efectos tópicos del fluoruro son mucho más eficaces que los sistémicos. Por ello, siguiendo el ejemplo de la mayoría de países europeos, en España no deberían fluorarse las aguas potables.
Respecto al flúor en pastas de dientes y otros materiales de aseo bucal la situación es menos peligrosa debido a sus características de uso tópico que hacen que no se alcancen altas concentraciones de fluoruros en el resto del organismo. Pero la gran abundancia de fluorosis y otras complicaciones más o menos graves que se van conociendo, sobre todo en niños, hace aconsejable que se favorezca el desarrollo de otras alternativas, que prescindan de fluoruros, acudiendo a sustancias naturales que sean bactericidas o ejerzan el efecto protector deseado. Ello parece conseguible con los conocimientos científicos actuales. Es significativo que algunos fabricantes de cremas fluoradas recomienden que la cantidad que use un niño no exceda el tamaño de un guisante.
Y, para aclarar las controversias científicas actuales existentes, debe seguir investigándose, al margen de presiones comerciales, sobre los efectos acumulativos a largo plazo de los fluoruros sobre la salud,. 
 
Más en:
http://wnmurphy.com/wp-content/uploads/2013/03/William-Neil-Murphy-Effects-of-Water-Fluoridation-in-the-United-States.pdf