Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

La gran muralla china verde

Frecuentemente China ha sido acusada de contribuir por su actividad industrial de un modo importante al incremento del CO2 y a su consiguiente efecto de cambio climático

Frecuentemente China ha sido acusada de contribuir por su actividad industrial de un modo importante al incremento del CO2 y a su consiguiente efecto de cambio climático.
 
Sin embargo la situación parece diferente según una investigación publicada recientemente en la revista Nature Climate Change, donde se evidencian las grandes mejoras realizadas en China en aspectos tales como la eficiencia energética, el comercio de las emisiones de CO2, el aumento de las energías renovables y, sobre todo, el incremento de la biomasa vegetal, a través de proyectos masivos de plantación de árboles, lo que ha hecho que esta específica contribución china haya sido esencial para incremento habido, desde 2002, de la biomasa viva vegetal de nuestro planeta en más de cuatro mil millones de toneladas. Los cambios en la biomasa vegetal se evalúan utilizando las mediciones por satélite de los cambios en la radiación de radiofrecuencia emitida por la superficie de la Tierra, una técnica llamada teledetección pasiva por microondas.
 
Así, en China, desde 1978, en un programa que finalizará en 2050, han sido plantados por los ciudadanos chinos al menos 100.000 millas cuadradas de bosques en el árido norte, en un esfuerzo por detener la progresión del Desierto de Gobi. Aunque desde el punto de vista ecológico hay aspectos del programa que son discutibles, se estima que estos esfuerzos de forestación de China, junto con los incrementos de bosques en Rusia y países vecinos, compensan aproximadamente la mitad de la pérdida de carbono  producida por la deforestación tropical, cuya mayor intensidad se da en el borde de la selva amazónica y en las provincias indonesias de Sumatra y Kalimantan.
 
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