Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Sol y cánceres cutáneos

En las dos colaboraciones anteriores nos referíamos a las radiaciones ultravioletas solares, a cómo afectan al envejecimiento de la piel y a cómo podemos protegernos de sus efectos nocivos

En las dos colaboraciones anteriores nos referíamos a las radiaciones ultravioletas solares, a cómo afectan al envejecimiento de la piel y a cómo podemos protegernos de sus efectos nocivos. Hoy abordamos su relación con los cánceres de piel y para ello partimos de estudios como el efectuado en la ciudad de San Francisco, donde se siguió en 100.000 personas de edades hasta 85 años la incidencia de diversos cánceres de piel, encontrándose que 30.730 hombres y 26.239 mujeres presentaron algún tipo de cáncer de piel, aparte de los melanomas. Los autores concluyeron su investigación afirmando que el uso regular de cremas con filtros solares de factor protector 15 durante los primeros 18 años de vida de esas personas hubiera reducido en un 80% el número total de tumores hallados.
 
Todos los datos disponibles avalan la importancia del problema. El cáncer de piel es ya el tipo más frecuente de cáncer en la raza blanca. pues la raza negra se encuentra más protegida por su alta proporción del pigmento melanina que absorbe y dispersa las radiaciones UV, evitando sus efectos adversos sobre proteínas cutáneas, las funciones celulares e, incluso, sobre la propia estructura del ADN o material genético de las células. Todo ello hace que. como ya indicamos, la exposición a los rayos UV solares constituya una especie de bomba con dispositivo temporizador, ya que se calcula que frecuentemente existe un periodo de hasta 20 años de latencia o inducción entre la exposición inadecuada a la radiación ultravioleta y el desarrollo de tumores cancerosos cutáneos.
 
Actualmente, en la raza blanca, cada año una de cada 400 personas desarrolla alguna forma de cáncer de piel, cuya causa fundamental ha sido la excesiva exposición al sol. Ello hace que, durante su vida, resulten afectadas por estos procesos tumorales una de cada 7 personas, por lo que ya en muchos centros entre el 30 y el 40 % de todos los cánceres diagnosticados son carcinomas cutáneos. Del total de los cánceres de piel que se desarrollan, 80% son carcinomas de células basales, con la forma de nódulos perlados, que suelen aparecer más frecuentemente en el rostro y zonas más expuestas al sol, pero afortunadamente son cánceres que raramente desarrollan metástasis, aunque pueden producir otros inconvenientes en ojos, oídos, boca, etc. Su porcentaje de curación es muy alto. 
 
Otro 15% de los cánceres de piel suelen ser carcinomas de células escamosas, usualmente derivados de nódulos opacos rojizos. Aunque también suelen abundar en las zonas corporales más expuestas al sol, pueden ocasionarse en cualquier lugar del cuerpo y son tratables si se detectan pronto, pero aproximadamente una tercera parte de estos cánceres, sobre todo los localizados en la lengua e interior de la boca, han sufrido ya metástasis antes de ser diagnosticados. El último 5% de los restantes cánceres de piel lo constituyen los melanomas malignos, que frecuentemente aparecen sobre pecas o lunares ya existentes, con bordes irregulares, y que si no son localizados y extirpados prontamente sufren metástasis y frecuentemente causan la muerte de las personas afectadas.
 
Los melanomas malignos actualmente son la forma de cáncer de mayor porcentaje de incremento en cuanto a los niveles de incidencia y muertes producidas. En la publicación 90-2789 de los Institutos Nacionales de la Salud de los Estados Unidos se recopilan esa clase de porcentajes para diferentes formas de cánceres, estudiando 15 años transcurridos desde 1973 a 1987. Las cifras más altas corresponden a los melanomas, cuya incidencia subió un 83,3%, mientras las muertes producidas por su causa lo hicieron en un 29,8%. Otros datos de diversos países y diferentes periodos de tiempo muestran situaciones análogas, con incrementos anuales de incidencias situados alrededor de un 5%. Por ello, dentro de 7 años, en el año 2000, si continúa el deterioro actual de la capa de ozono, se calcula que una de cada 90 personas desarrollará un melanoma, cuyo pronóstico por ahora no es esperanzador, a menos que se diagnostique precozmente.
 
Estas previsiones no pueden ser tachadas de pesimistas. La Agencia de Protección Ambiental ha pronosticado que entre los años 1991 y 2040, es decir en 50 años, las pérdidas del ozono atmosférico supondrán unos 12 millones de casos nuevos de cánceres de piel y más de 200.000 muertes adicionales. Y peor será si los agujeros de ozono se extienden, como señalan muchos indicios, desde el Ártico al Sur alcanzando Texas en América y a los países mediterráneos en Europa.
 
Se poseen pocas medidas precisas, al nivel de la superficie terrestre, sobre la cantidad y calidad de la radiación ultravioleta que venimos recibiendo, pero en algún caso ya ha sido posible encontrar a nivel molecular la ligazón existente entre radiación UV y cáncer de piel. Así, hace algo más de un año, se demostró que la radiación UV B afectaba precisamente al gen p53, que usualmente controla y evita el crecimiento incontrolado de células escamosas y otras células. El efecto de la radiación hace alterar esa función y con ello se activa el proceso de carcinogénesis. En el caso de los melanomas se piensa que sus causas son multifactoriales, incluyendo a factores genéticos, deficiencias del sistema inmune, acción de carcinógenos, etc., pero los numerosos estudios epidemiológicos existentes no ofrecen dudas en establecer una estrecha relación entre este tipo de cáncer y el grado de exposición previa a las radiaciones solares, sobre todo si las personas poseen una piel fotosensible.
 
¿Qué podemos hacer ante esta situación? Tal como hemos expuesto en las colaboraciones anteriores hemos de protegernos adecuadamente de las radiaciones UV solares. Pero hay que tener en cuenta que el uso de filtros y protectores solares, siempre convenientes, puede dar lugar en las personas que los utilizan a la aparición de un falso sentido de seguridad, como ha comprobado un equipo investigador de la Universidad de S. Diego, en California: los usuarios de cremas protectoras suelen sobreexponerse al sol durante más tiempo que el resto de personas y ello conduce a que, como los filtros solares suelen ser activos sobre todo respecto al UV B y no respecto a los UV A, estas personas reciban grandes dosis de radiaciones UV A, que tal como se va conociendo últimamente también pueden ser, en dosis y tiempos elevados, peligrosas, favorecedoras de fotoenvejecimiento e incluso de malignidad.
 
Información adicional
 
* En términos cuantitativos a lo que sería el FPS o factor de protección solar, la pigmentación melánica de los negros con piel muy oscura se puede considerar con un índice 10-15, mientras que los mediterráneos morenos, como los españoles o kuwaitíes, poseeríamos un índice de 2,5.
 
* Sir Everal Home, en 1820, fue la primera persona que sugirió el papel protector de las melaninas como filtro solar que evitaría el daño de la luz sobre los tejidos situados tras las mismas, al estilo de un paraguas frente a la lluvia. Actualmente se sabe que ese papel no es solo pasivo, sino también activo.
 
*El proceso de la pigmentación melánica está sometido a una intensa regulación genética. En ratones se conocen más de 50 loci o lugares genéticos, que afectan el color del pelo, y se han descrito más de 150 mutaciones en ellos. En los últimos años se han podido clonar buena parte de los genes correspondientes.