Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Combustibles contra el efecto invernadero

El efecto invernadero se cierne sobre la Tierra como una amenaza que puede provocar en el futuro importantes cambios climáticos, aumento del nivel de las aguas marinas y repercusiones trascendentes en los cultivos agrícolas

El efecto invernadero se cierne sobre la Tierra como una amenaza que puede provocar en el futuro importantes cambios climáticos, aumento del nivel de las aguas marinas y repercusiones trascendentes en los cultivos agrícolas.
 
La causa principal radica en el incremento del CO2 atmosférico por el desequilibrio entre su producción y consumo, ya que en un siglo estamos quemando grandes cantidades de carburantes fósiles, como el petróleo, que necesitaron millones de años para formarse y almacenarse en las eras Secundaria y Terciaria, a partir de restos vegetales. El desequilibrio actual se explica por la diferencia entre la acumulación muy lenta del gas CO2 que se produjo durante todas las eras geológicas pasadas y la terrible rápida liberación actual equivalente a unos siete mil millones de toneladas anuales de petróleo, que no puede compensarse por los sistemas de recuperación del dióxido de carbono: fotosíntesis vegetal, disolución en los océanos, etc.
 
En nuestra civilización, la cultura del automóvil ha llegado a tal grado de desarrollo que, en términos económicos, en USA representa un 20% del producto nacional bruto. Las emisiones masivas de CO2 de los motores automovilísticos contribuyen notablemente al efecto invernadero, aparte de que se ocasionen también diferentes contaminantes, algunos cancerígenos y otros destructores de la capa de ozono atmosférica.
 
Para paliar la situación habría que tender a sustituir la gasolina o el gasóleo por otro tipo de combustible, preferentemente de origen vegetal, con el fin de que la misma cantidad, o incluso mayor, de CO2 que se produzca en su combustión, previamente se haya consumido en el proceso fotosintético que acompaña al desarrollo del vegetal. Entre otras alternativas, en la actualidad existen experiencias contrastadas respecto al uso de alcoholes (como metano] y etanol) o de aceites (el de colza, girasol, etc.) como combustibles sustitutivos.
 
El etanol puede producirse a partir de cultivos vegetales masivos mediante procesos biotecnológicos masivos y, relativamente, su uso está extendido, como suplemento a la gasolina, en ciertos países como Brasil.
 
El metanol podría producirse a la mitad de precio que el etanol: el equivalente de un litro de gasolina, a alrededor de unas 30 pesetas. La necesidad de un mayor volumen de depósito de combustible se uniría a otras desventajas, como la necesidad de utilizar motores específicamente diseñados al respecto. En todo caso las ventajas serían grandes: disminución de emisiones contaminantes y obtención de altos rendimientos debido a su alto octanaje. Por ello, es comprensible que en la competición de las 500 millas de Indianápolis se use metanol como único combustible. Como la producción más económica de metanol se realizaría a partir de las grandes reservas mundiales de carbón, más bien que por procesos biotecnológicos, ello implicaría la producción de CO2 cuya liberación a la atmósfera podría evitarse mediante su hidrogenación y reconversión en metanol. Estas desventajas industriales pueden ser contrarrestadas ecológicamente en el sentido de que se podría utilizar carbón con alto contenido en azufre, con lo que se contribuiría a la reducción de la lluvia ácida ocasionada por el uso actual de ese carbón.
 
En cuanto a la alternativa de los aceites vegetales, con el apoyo del Ministerio de Investigación y Tecnología de la República Federal Alemana, el ingeniero alemán Elsbett ha desarrollado un motor con ese tipo de combustible, semejante a los de tipo diésel, pero con algunas variaciones en cuanto a la inyección y combustión. El rendimiento energético del 40% es superior al diésel (35%) y a la gasolina (28%), y el balance final respecto al CO2 es incluso favorable, ya que sólo se aprovecha una parte del vegetal. El resto vuelve al suelo tras la cosecha y allí se recicla mediante microorganismos.
 
En Alemania y Francia se están haciendo pruebas sobre diversos tipos de automóviles, tractores y camiones de distintas marcas. Los resultados son muy positivos, confirmando los ya obtenidos durante los 44.000 km recorridos durante un año por un Renault 21 usando el aceite de colza que se obtendría de una hectárea y media de cultivo. Las velocidades, régimen de revoluciones, sonoridad, aceleraciones, etc., fueron análogos al modelo comercial Renault 21 turbo diésel de 2.068 cc, pero el motor Elsbett fue de tan sólo 1.450 cc y el consumo de combustible inferior en un 30% al del turbo diésel. Un inconveniente del nuevo motor es que, si bien es polivalente en cuanto a que también puede usar gasoil, sin embargo, no es capaz de usar gasolina.
El porvenir  de esta tecnología va ligado al de un a filosofía ecológica que simultáneamente serviría para abordar ciertos problemas con nuevas perspectivas: el de los excedentes agrícolas en la Comunidad Económica Europea, que produce exceso  de elementos alimentarios que podrían sustituirse por elementos energéticos; explotación  de tierras no cultivadas, especialmente en países tropicales y regiones áridas y subdesérticas; mejora de la balanza  de pagos en países del tercer mundo sin petróleo, pero con abundantes recursos en aceites vegeta les, etc.
 
Un último dato. Para que en España se obtuviera la cantidad de carburante necesaria para sustituir todo nuestro consumo actual de gasoil, se necesitaría cultivar unos 10 millones de hectáreas con colza o 13 millones de hectáreas con girasol.