Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

¿Está cambiando nuestro clima?

La industrialización ha incrementado la emisión a la atmósfera de gases como el dióxido de carbono, produciendo el denominado efecto invernadero

La industrialización ha incrementado la emisión a la atmósfera de gases como el dióxido de carbono, produciendo el denominado efecto invernadero, pues este gas —junto con otros como metano, óxido nitroso y halocarburos— absorbe las radiaciones calientes infrarrojas procedentes de nuestro planeta y por ello dificulta el enfriamiento terrestre, con la consiguiente subida de temperaturas que podrían ocasionar el deshielo de grandes masas polares y por ende la elevación del nivel de las aguas marítimas y oceánicas que contaminarían los cursos freáticos acuosos costeros.
 
Con motivo de la reciente celebración en Roma de la Jornada Meteorológica Mundial, los medios de comunicación han divulgado predicciones corno la futura inundación de los terrenos que ocupan ciudades como Washington o de gran parte de la península de Florida. Incluso se ha llegado a particularizar que en unos años el Sureste español se desertizará más, disminuirán las lluvias y las temperaturas subirán.
 
La pregunta inmediata es la de si todo lo expuesto se asienta en bases sólidas científicas. Desde luego, la existencia del efecto invernadero es innegable. La destrucción de los bosques, la quema de combustibles y otras actividades humanas han hecho que en 140 años la cantidad de dióxido de carbono atmosférico haya aumentado un 25% corno anticipara a principios de este siglo el gran científico Arrhenius. Por ello, bastantes meteorólogos estiman que antes de la mitad del próximo siglo la Tierra se habrá calentado una media de 3 grados, lo que en términos prácticos significaría sustituir en una región el clima por el existente a unos 400 kilómetros al sur, o también a hacer retroceder a esa misma distancia, hacia el norte, a los bosques y praderas.
 
Aunque pueda parecer pequeño un cambio de temperatura de esa cuantía, sus consecuencias serían muy profundas. Baste con recordar que desde 1400 a 1800 Europa estuvo sometida a la que se ha llamado Pequeña Edad de Hielo, y para que ello ocurriera el descenso medio de la temperatura sólo fue de un grado. Más aún, actualmente la temperatura media terrestre es únicamente superior en 5 grados a la existente hace unos 12.000 años al final del último periodo glacial.
 
Algunos indicadores son indudablemente intranquilizadores: desde comienzos de siglo ciertos registros indican un incremento medio de la temperatura en 0,5 grados; la Oficina Meteorológica de Gran Bretaña ha señalado que 6 de los 7 años más calurosos desde 1850 han tenido lugar a partir de 1980; el año 1990 ha sido el más cálido de todos los controlados; en los últimos años se ha elevado la temperatura de los lagos canadienses; observaciones de satélites indican reducciones en las extensiones máximas anuales de los hielos árticos y antárticos, y así sucesivamente.
 
Sin embargo, aunque la Meteorología posee cada vez bases más científicas, la complejidad de las variables involucradas hace que sea difícil tener respuestas claras para los problemas planteados. Bastantes políticos y científicos tachan de alarmistas a algunas de las conclusiones negativas más divulgadas. Incluso se ha cuestionado la cuantía del calentamiento medio en este siglo, indicando la necesidad de una mayor precisión, de realizar una especie de cuadriculado total de la superficie terrestre con registros fiables que permitan compararlos con los deducidos de los modelos de simulación de los ordenadores. En este sentido, en un estudio que abarca los últimos 30 años en el hemisferio Norte, ciertos investigadores han concluido que no ha habido un calentamiento sino un enfriamiento, y que lo que es relacionable con los posibles deshielos no son las temperaturas medias anuales sino las estacionales de los veranos. Asimismo, la disminución de los hielos árticos detectada en el periodo 1977 a 1988 se atribuye a la existencia de fluctuaciones con frecuencias de entre 20 y 30 años asociadas a la actividad solar. Por otra parte, el enfriamiento de la estratosfera previsto por el efecto invernadero está siendo menor que el calculado por los ordenadores, mientras que el calentamiento de la superficie terrestre parece mayor en latitudes medias y menor en las polares que los previstos. Otras extrapolaciones apuntaban a subidas del nivel de las aguas oceánicas del orden de 7 milímetros anuales, Pero en los últimos 50 años el incremento no supera los 2,5.
 
En resumen, aunque la complejidad de la situación y de su interpretación es evidente, lo que parece absolutamente preciso es que los gobiernos adopten medidas de protección del medio ambiente, ya que cualquier acción correctora necesitará decenios para obrar efectos. Hace falta interrumpir la deforestación de las selvas y la destrucción de los bosques. Y es preciso que Japón y USA sigan el ejemplo de las Comunidades Europeas para reducir las emisiones de dióxido de carbono antes del año 2000, así como que todos los países acaten rígidamente el protocolo de Montreal sobre producción y emisión de clorofluorocarbonados. Estos logros deberían ser alcanzados en las previstas Conversaciones Internacionales sobre Medio Ambiente que se celebrarán en junio próximo en Río de Janeiro, y que han sido prologadas por el encuentro de Nairobi de septiembre de 1991.