Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

¿Impotentes ante el cambio climático?

El Protocolo de Kyoto de 1997 (¡hace más de 14 años!) abrió la esperanza de que los países adoptasen medidas de control de la emisión de gases de efecto invernadero para intentar, de ese modo, luchar contra el cambio climático de origen antropogénico, pero algunas de las naciones más contaminadoras, entre ellas Estados Unidos, rehusaron unirse. El primer periodo de compromiso del Protocolo de Kyoto termina en 2012 pero la reciente cumbre de Durban sido un fracaso como, por ejemplo, la ha calificado Greenpeace. Las perspectivas futuras de una drástica reducción mundial de las emisiones de CO2 a la atmósfera son pesimistas. ¿Estamos impotentes ante la pasividad de los líderes políticos y las tremendas presiones de los grandes consorcios industriales? ¿Existen otras alternativas que puedan ayudar a mitigar el problema? Algunos importantes investigadores creen que sí.

¿Impotentes ante el cambio climático?
Ilustración :: ÁLEX

CONTAMINANTES
Hasta ahora, la atención se ha centrado de un modo muy protagonista en el CO2, cuya liberación está íntimamente ligada al desarrollo industrial. Pero científicos muy respetados del clima opinan que aunque éste siga siendo realmente el principal enemigo a batir, hasta tanto que la presión ciudadana logre cambiar la situación, podríamos luchar contra el resto de enemigos, posiblemente menores individualmente, pero que en su conjunto superan los efectos del CO2.

Así lo indicaba, hace años, James Jansen, el científico de la NASA que primeramente alertó de las amenazas del calentamiento global, en un artículo publicado en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de EE UU, exponiendo que el rápido calentamiento global de las últimas décadas es achacable sobre todo a otros gases de efecto invernadero, cuyas emisiones individuales son menores que las de CO2. O el premio Nobel de Química Mario Molina, quien en una reciente entrevista también indicaba que, en el mejor de los casos << no veremos reducciones en las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera hasta dentro de unos mil años. Pero el dióxido de carbono es apenas la mitad del problema: hay otros gases y partículas, como hollín o metano, que afectan al clima de manera mucho más “eficiente” que el bióxido de carbono. El hollín consiste de partículas negras, que se depositan en la nieve y hacen que se funda más rápidamente, además de ser un grave problema de salud pública. Mil años es mucho tiempo, así que para tener una respuesta a corto plazo deberemos reducir las emisiones de estos otros compuestos y gases a los que no se les había puesto tanta atención y que constituyen más de la otra mitad del problema>>.

En realidad, los gases de efecto invernadero son múltiples y si tomamos como referencia sus efectos sobre el clima por unidad  de masa, dándole al CO2 el valor 1, podríamos listar algunos de los principales: vapor de agua (H2O: ?), metano (CH4: 21), óxido nitroso (N2O: 298), hexafluoruro de azufre (SF6: 22.200), clorofluorocarbonos (CFC: 1000 - 9000), así como perfluorocarbonos, ozono y contaminantes como el hollín, aerosoles, partículas y otros. Comentaremos el caso particular del metano y del hollín.

INVESTIGACIÓN
La revista Science en su número de la semana pasada incluía una investigación liderada por el doctor Drew Shindell y otros veinte y tres expertos científicos de trece instituciones de varios países (EE.UU, Suecia, Italia, Austria, Tailandia, Gran Bretaña, Kenia) con el título, traducido, de <<Efectos simultáneos a corto plazo de la mitigación del cambio climático y la mejora de la salud humana y de la seguridad alimentaria>>. La mayoría de los científicos firmantes ya habían colaborado juntos durante un año con la ONU en la realización de un estudio preliminar del tema.

El punto de partida no soslaya el hecho de que el CO2 es el principal gas de efecto invernadero responsable del 50 por ciento de ese fenómeno, por lo que la disminución de su concentración es crucial para combatir el calentamiento global resultante de las actividades humanas desde el comienzo de la revolución industrial. Pero como el dióxido de carbono permanece durante mucho tiempo en la atmósfera, aun tomando medidas eficaces, se tardaría muchas décadas para conseguir que se revierta el proceso actual de calentamiento global.

Por otra parte, el metano y el hollín que contribuyen respectiva, y aproximadamente, en un 30 y 20 por ciento al fenómeno del calentamiento global, desaparecen mucho más rápidamente de la atmósfera que el CO2 y existen muy diversas y factibles posibilidades para lograr mitigar su liberación atmosférica. El metano proviene principalmente de los vertederos, explotaciones agrícolas y ganaderas, extracción de gas natural y minería del carbón. El hollín o negro de humo es un subproducto de la combustión de maderas, carbón, combustibles y estiércol.

MEDIDAS
El equipo internacional de científicos antes citado, utilizando tecnologías informáticas muy sofisticadas, clasificó y estudió unas cuatrocientas medidas diferentes posibles dirigidas a reducir la emisión de estos contaminantes con la condición de que empleasen tecnologías normales ya existentes en la actualidad, sin tener que acudir a técnicas sofisticadas. Al final, escogieron las catorce medidas más eficaces y evaluaron que su utilización extensiva mundial reduciría en 0,5º C el calentamiento previsto para el año 2059, evitando superar la peligrosa cota del aumento en 2º C.  Las mismas medidas también servirían para evitar entre 0,7 a 4,7 millones de muertes prematuras debidas a la contaminación del aire que respiramos. Y un tercer efecto es que aumentarían las cosechas agrícolas, en una cifra comprendida entre unos 30 y 135 millones de toneladas, debido a la reducción del ozono que se produciría en año 2030.
La cuantificación del costo-beneficio de estas medidas indican que mientras el costo por tonelada métrica sería inferior a  250 dólares  el beneficio obtenible superaría los 700-5000, de modo que si se llevasen a cabo, en el año 2030  ya supondrían un beneficio global de 6,5 billones de dólares por la combinación de los tres factores: menos fallecimientos debidos a la contaminación, menos calentamiento global y cosechas mayores.
Las 14 medidas factibles recomendadas cubren un amplio espectro relacionado con la extracción y transporte de combustibles fósiles, tratamiento de residuos, mejoras agrícolas y ganaderas, transporte en general, industria, etc. Por dar un par de ejemplos: en las minas de carbón proponen realizar una desgasificación previa y una recuperación y oxidación del metano del aire de ventilación; en los vehículos diesel, la implantación mundial de la norma europea Euro 6/VI de filtros de partículas diesel en todos los vehículos que usan este combustible.

Ahora cabría desear que nuestros responsables políticos y sociales tomasen las decisiones normativas adecuadas sin obviar el deseo expresado por algunos científicos: <<sí, a medidas como éstas, pero que nos hagan olvidar el problema del dióxido de carbono>>

Más en:
http://www.sciencemag.org/content/335/6065/156.full