Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

La historia de nuestro clima

La falta de lluvia en el País Vasco durante 1989, los amarillos prados de Cantabria, el cierre de estaciones de esquí en los Pirineos y en los Alpes por falta de nieve, etc., son hechos que parecen confirmar la afirmación de algunos científicos de que la intervención del hombre ha producido ya tales cambios profundos en el clima

La falta de lluvia en el País Vasco durante 1989, los amarillos prados de Cantabria, el cierre de estaciones de esquí en los Pirineos y en los Alpes por falta de nieve, etc., son hechos que parecen confirmar la afirmación de algunos científicos de que la intervención del hombre ha producido ya tales cambios profundos en el clima, que debemos tomar urgentes medidas radicales. Hay que evitar posibles variaciones futuras que conducirían en unas decenas de años a deshielos masivos en los polos, que a su vez provocarían que grandes zonas costeras quedasen inundadas, incluyendo ejemplos de grandes capitales como Washington.
 
¿Está cambiando en los últimos siglos o en los últimos años el clima de la Tierra? Parece, en principio, difícil el que podamos contar con datos precisos climáticos de épocas pasadas, pero realmente los avances científicos nos permiten realizar una aproximación muy precisa al problema. Veamos algunos de ellos.
 
Muchas veces se ha pretendido establecer una relación entre la actividad solar y un clima más cálido. Las observaciones, a simple vista, de las grandes manchas solares están descritas desde el siglo IV a. d. C. y desde 1610 se realizaron estudios telescópicos de las mismas. Un procedimiento muy preciso de conocer la historia solar se basa en que la actividad del sol influye en el flujo de partículas de alta energía y en la producción del isótopo carbono-14, por lo que se han podido medir los niveles de actividad solar en los últimos dos mil años analizando la concentración de carbono-14 en los anillos de los troncos de los árboles viejos, pero todavía vivos.
 
El estudio de los anillos de los árboles (dendrocronología) nos puede informar aún más sobre el clima, pues la anchura de los anillos depende de 3 características climáticas como son la pluviosidad, la temperatura y la insolación. Incluso la densidad de la madera permite deducir las cifras posibles de las temperaturas estivales.
 
Por otra parte, la obtención de muestras de hielos profundos polares ha permitido realizar estudios isotópicos muy específicos de las nieves depositadas en los últimos mil años y establecer las correspondientes relaciones con las temperaturas existentes en cada momento. Estudios análogos se han efectuado con hielo de otras zonas más tropicales, como la del Himalaya. 
 
En una escala menor de tiempo (centenares de años), las observaciones de los avances y los retrocesos de los glaciares también permiten obtener datos climáticos muy valiosos. 
 
La verdadera meteorología nació en el siglo XVII y desde mediados de ese siglo se cuenta con datos de presiones y temperaturas de algunos lugares, sobre todo de Italia y de Inglaterra. Asimismo, se poseen datos exactos sobre precipitaciones en China, desde 1470. Como es lógico, en los últimos dos siglos los valores climáticos que se tienen son muy precisos. En todo caso los datos existentes permiten con cierta seguridad conocer lo que podemos denominar la historia del clima de nuestro planeta Tierra. Según ello se destacan unos siglos fríos, el IX y el X, separados por un periodo cálido (siglo XIII), de otro periodo muy frío entre los siglos XIV y XIX. Posteriormente acaece la aparición de un calentamiento progresivo que aún continúa en la actualidad, a un ritmo de casi medio grado cada 100 años.
 
El período relativamente cálido de los siglos XI y XII puede explicar algunos hechos históricos tales como la colonización de Escandinavia por los colonos noruegos, así como la pujanza económica de Europa en esa época, mientras que la era más glaciar de los siglos XVII y XVIII puede justificar otra serie de movimientos migratorios habidos, así como diversas crisis económicas ocasionadas por desastres agrícolas.
 
¿Y qué está ocurriendo en el último siglo? Tras el análisis de centenares de millones de medidas climáticas individuales, terrestres y marinas, de diversos lugares del hemisferio norte y sur, se puede deducir que desde 1860 ha existido un incremento constante de la temperatura con un valor total de unas cuatro décimas de grado. Desde 1940 a 1980 ha habido una estabilización y, desde luego, los años ochenta han sido los más calurosos desde 1860, sobre todo en el hemisferio sur. Pero, en todo caso, la velocidad de calentamiento entre 1940 y 1990 es inferior a la existente en el periodo anterior.
 
Indudablemente lo que ha sucedido en los últimos 10 años no puede tornarse como una fuente predictiva respecto al futuro. Y yendo al ejemplo particular, años secos como el de 1989 en el País Vasco se producen más o menos dos veces cada siglo. Lo importante sería conocer si realmente se está iniciando el calentamiento previsto en los modelos del efecto invernadero como consecuencia de la actividad humana de la era industrial. En ese caso las alteraciones pre­ vistas para el siglo XXI duplicarían a las habidas en los últimos mil años, lo que provocaría cambios sociales y económicos profundos. Por ello, intentaremos analizar en una próxima ocasión la realidad del efecto invernadero.