Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

La prevención de terremotos en Europa

Afirmaban los filósofos antiguos que los hombres vivimos en la Tierra con un permiso especial de la Naturaleza que, en cualquier momento, puede ser cancelado

La prevención de terremotos en Europa
Afirmaban los filósofos antiguos que los hombres vivimos en la Tierra con un permiso especial de la Naturaleza que, en cualquier momento, puede ser cancelado. Y ciertamente cancelaciones de ese permiso pueden parecernos los grandes desastres naturales como los terremotos, que a menudo ocasionan un número ingente de víctimas mortales como —por poner ejemplos mediterráneos— los más de cien mil muertos de Mesina, Sicilia, en 1908, o los más de cincuenta mil de Irán, en 1990. Aparte del tributo de víctimas, se calcula que el costo mundial de los daños que ocasionan superan los mil millones de dólares anuales.
 
Los seísmos ocurren en cualquier parte del mundo, pero en la región mediterránea euroafricana tienen lugar con una gran frecuencia e intensidad, debido a la existencia de un continuo movimiento convergente de las placas externas de la litosfera terrestre, con Arabia y África ejerciendo presión hacia el norte, Eurasia, mientras que Turquía y Grecia principalmente, presionan hacia el sur. Por otra parte, los científicos poseen pruebas de que a profundidades entre 10 y 100 kilómetros tienen lugar amplias deformaciones que causan colisiones, movimientos y extensiones de grandes bloques, en cuyos bordes es mayor la frecuencia y gravedad de los movimientos sísmicos.
 
El análisis de las ondas sísmicas y un mayor conocimiento de la corteza terrestre mediante el uso de diversas técnicas físico-químicas, ha hecho pensar en la posibilidad de la predicción científica de los terremotos, con importantes esfuerzos encaminados a ello, radicados sobre todo en la zona de San Francisco, en USA, y en el Japón, donde un gran terremoto destruyó Tokio casi totalmente en 1923.
 
El mayor éxito predictivo mundial tuvo lugar en 1975 cuando los gobernantes chinos hicieron evacuar la ciudad de Haicheng poco antes de que fuera arrasada por un terremoto. Sin embargo, otros intentos posteriores previsores en China, California y diversos lugares fallaron.
 
En la actualidad se conocen más de 400 diversas señales de aviso de seísmos, como la fluctuación en la frecuencia de micro temblores previos, el cambio en la naturaleza y características de las ondas ocasionadas por las fracturas presísmicas, los movimientos lentos de los terrenos, los cambios de nivel de acuíferos, etc., y aunque ninguna combinación es por ahora perfecta, el avance existente al respecto ha hecho que en Japón funcione un amplio programa predictivo a tiempo real que analiza 24 diferentes tipos de avisos.
 
En Europa lógicamente la preocupación respecto al tema es mayor en los países con mayores riesgos. En Grecia, donde diariamente ocurren pequeños terremotos, en 1983 se creó EPPO, un organismo encargado de coordinar la protección contra terremotos. En 1987 un comité ministerial del Consejo de Europa fundó un grupo de cooperación con el propósito de prevenir, proteger y socorrer ante los seísmos. Entre los países fundadores se encontraba España y después se adhirieron otros más e instituciones como la propia Comisión de las Comunidades Europeas o la Oficina Europea de la Organización Mundial de la Salud, coordinando los esfuerzos, entre otros, del Centro Europeo de Sismología Mediterránea de Estrasburgo, el Centro de Geodinámica y Sismología de Luxemburgo, el Centro Universitario Europeo de Ravello (Italia) —especializado en protección de monumentos— las excelentes instalaciones de mesas sísmicas de la Universidad de Atenas o el nuevo Centro Europeo para la Prevención y Previsión de Terremotos, entre cuyos fines está la investigación de la predicción de terremotos a corto plazo, lo que se ha iniciado con un programa específico en Heraklion, isla de Creta, analizando todas las características posibles geosísmicas y geodinámicas del área, sus fallas, movimientos del suelo, etc., con previsión de los efectos de los posibles seísmos, preparación del correspondiente plan de actuación y puesta a punto de la evaluación posterior entre las previsiones y las realidades.
 
Hoy en día aún no parece posible predecir con exactitud los terremotos. Por otra parte, las sugerencias respecto a cómo evitar deslizamientos de la litosfera —con explosiones atómicas, grandes inyecciones de agua, etc.—, podrían acarrear tantos peligros como el propio seísmo. Posiblemente aún nos encontramos al nivel de investigación básica respecto a la predicción, por lo que el énfasis se ha de poner en estudiar la correlación entre los complejos fenómenos implicados en un terremoto y las consecuencias que se derivan del mismo. Por ello sería de gran utilidad que se extiendan los estudios pilotos presísmicos al mayor número posible de zonas de riesgo, así como que se tengan planificadas medidas eficaces antidesastre, se hagan cumplir las normas de construcción de edificios y estén organizados los servicios de emergencia. En España, y más concretamente en nuestro Sureste, donde son elevados los riesgos sísmicos, podríamos aprender mucho del esfuerzo griego al respecto, echándose a faltar más campañas masivas de información y preparación con consejos muy sencillos, pero que —en caso de seísmo— pueden salvar muchas vidas: evitar balcones y ventanas, no usar el ascensor, desconectar la electricidad, etc. Muchos niños de Kalamata, Grecia, sobrevivieron a un gran terremoto porque recordaron en el momento necesario los consejos de uno de los folletos divulgados en las escuelas, recomendándoles que se protegieran bajo una mesa.