Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

¿Qué es el efecto invernadero?

Durante muchos millones de años, en las eras secundaria y terciaria, una gran cantidad de dióxido de carbono de la atmósfera se fue transformando en biomoléculas carbonadas

Durante muchos millones de años, en las eras secundaria y terciaria, una gran cantidad de dióxido de carbono de la atmósfera se fue transformando en biomoléculas carbonadas. Cuando los vegetales superiores se fueron quedando almacenados bajo la superficie, así como por la acción de microorganismos específicos, esas moléculas carbonadas se convirtieron en petróleo. Ahora, en poco más de un siglo, estamos quemando lo que la Naturaleza necesitó millones de años en formar, devolviendo a la atmósfera cantidades enormes de dióxido de carbono que los bosques, vegetales y océanos actuales son incapaces de absorber, y por ello acaba acumulándose en la atmósfera, en una cantidad superior a los quinientos mil millones de toneladas en los últimos 185 años. Actualmente, se liberan a la atmósfera entre 6.000 y 10.000 millones de toneladas anuales.
 
A fin de conseguir altas temperaturas interiores, los jardineros y agricultores utilizan invernaderos con cristales que dejan pasar la luz visible, pero son opacos a la fuga de las radiaciones infrarrojas. El dióxido de carbono hace el mismo papel del vidrio en la atmósfera que rodea la Tierra, cuya temperatura superficial media sería de 18 grados bajo cero, si no existiesen componentes gaseosos en la atmósfera capaces de absorber la radiación infrarroja del suelo antes de que se pierda en el espacio, consiguiendo de este modo calentar las capas bajas de la atmósfera.
 
El contenido de C02 en la atmósfera ha pasado de ser 275 partes por millón en 1800 a 345 ppm en 1985, con una velocidad de crecimiento actual de más de 1 ppm por año. Pero para complicar más la situación, el C02 no es el único gas capaz de producir el efecto invernadero. En una investigación reciente se ha evaluado que, a igualdad de peso, la capacidad de calentamiento del metano es diez veces superior, la del óxido de nitrógeno 180 veces y la de los clorofluorcarbonos e hidroclorofluorcarbonos alcanza varios millares de veces. Teniendo en cuenta sus concentraciones efectivas, estos gases ya suponen más del 25% de la cuantía total del efecto invernadero y no podemos olvidar que alguno de ellos, como los clorofluorcarbonos, destructores por otra parte de la capa de ozono, poseen vidas medias de centenares de años.
Es previsible que las concentraciones de C02 seguirán subiendo si no se toman medidas apropiadas. 
 
¿De dónde procede el C02 y cómo puede desaparecer? Principalmente se origina al quemar petróleo, carbón y otros combustibles, pero un importante efecto negativo está representado por la deforestación que se está produciendo, principalmente en las selvas amazónicas. El consumo de C02 se realiza fundamentalmente a través de fotosíntesis de las plantas y de la absorción por las aguas de los océanos. Como la respiración es más sensible que la fotosíntesis respecto a un incremento posible de la temperatura, si esta última circunstancia se produjese, ello supondría un agravamiento de la situación. Respecto al contenido de CO2 disuelto en el agua del mar, depende de variables complejas, pero el incremento de la temperatura y de la concentración de CO2 no conduciría a absorber el exceso de éste.
 
Aunque los modelos de simulación matemática que se han desarrollado no son perfectos, todos conducen a predecir un incremento futuro de producción de CO2, de modo que su concentración se duplicaría a mitad del siglo XXI, lo que podría provocar un calentamiento de nuestro globo de unos 3º C, que afectaría sobre todo a las regiones polares, con sus correspondientes deshielos. En cualquier caso, nadie puede descartar el que pudiera ocurrir una catástrofe climática como consecuencia de una intensificación descontrolada del efecto invernadero.
 
¿Cómo podría mejorar la situación? Limitando la producción anual de dióxido de carbono a unas 5.000 millones de toneladas. Ello podría lograr­ se con el concurso de diversas actuaciones, como ir sustituyendo los combustibles clásicos por otras posibilidades, energía nuclear, aceites vegeta les, energía solar, etc. e impidiendo o reduciendo la deforestación y favoreciendo, por el contrario, la repoblación forestal. Actualmente desaparecen más de 10.000 kilómetros de bosques anuales, lanzando con ello a la atmósfera unos 3.000 millones de toneladas adicionales de dióxido de carbono.
 
En conclusión, aunque los satélites y los modernos procedimientos tecnológicos están suponiendo conocer más íntimamente los factores que determinan nuestro clima, las complejidades de todos los factores implicados impiden achacar con claridad al efecto invernadero la responsabilidad del incremento de la temperatura que se observa en los últimos decenios. Pero desde luego todos los expertos están de acuerdo en que, si subsiste la situación presente, en el siglo próximo los cambios serán mayores que los de todo el milenio anterior, con consecuencias que podrían ser fatales para la humanidad en la agricultura, zonas costeras, etc.