Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Biocombustibles. ¿Son realmente "verdes"?

Casi un 85% del consumo energético mundial se deriva de los combustibles fósiles. Ante la crisis energética mundial, los altos precios de los combustibles fósiles y el efecto invernadero que el dióxido de carbono ocasiona sobre el cambio climático, alternativas como la de los biocombustibles obtenidos a partir de biomasa vegetal de diversas fuentes, ofrecen un gran atractivo pues al quemarse, su producción de dióxido de carbono es inferior a la necesitada para obtener la biomasa de la que proceden.

Biocombustibles. ¿Son realmente
::Alex

 

Casi un 85% del consumo energético mundial se deriva de los combustibles fósiles. Ante la crisis energética mundial, los altos precios de los combustibles fósiles y el efecto invernadero que el  dióxido de carbono ocasiona sobre el cambio climático, alternativas como la de los biocombustibles  obtenidos a partir de biomasa vegetal de diversas fuentes, ofrecen un gran atractivo pues al quemarse, su producción de dióxido de carbono es inferior a la necesitada para obtener la biomasa de la que proceden. 
 
TENDENCIAS
Los biocarburantes más desarrollados son el bioetanol y el biodiesel. El primero se consigue mediante la fermentación alcohólica de los azúcares presentes en diversas plantas como remolacha, caña de azúcar o cereales. El biodiesel se procesa a partir de plantas oleaginosas como soja, canola (colza) o jatrofa. Estados Unidos y Brasil son los líderes mundiales en la producción de bioetanol y Europa (principalmente Alemania) de la de biodiesel. 
 
Las tasas anuales de crecimiento de la producción de biocombustibles son muy altas. Entre los años 2000 y 2007 la producción mundial de etanol pasó desde unos 20.000 millones a 62.000 millones de litros y posiblemente actualmente supere los 90.000 millones. En el mismo periodo la producción de biodiesel se decuplicó, superando los 10.000 millones de litros. La Alianza Mundial sobre los Combustibles Renovables (GRFA por sus siglas en inglés) afirma que entre 2000 y 2010, la producción mundial de biodiesel se multiplicó por 22, mientras que la de bioetanol se triplicó. El pasado año 2011 fue record en la tasa mundial de crecimiento y consumo de biocombustibles y, a pesar de la crisis económica que afecta a muchos países, se prevé que las cifras del presente año superen a las del anterior. El sector aportaba 374.432 millones de dólares al PIB mundial en 2010 y su participación aumentará a 679.751 millones en 2020. En diversos países, como Estados Unidos, otros americanos y algunos europeos ya se han implantado normativas exigiendo la adición de biocombustibles, en proporciones variables, a los combustibles tradicionales.  
 
Sin embargo, el uso de los biocombustibles, por ejemplo en Europa, todavía alcanza valores inferiores a los recogidos por las directivas europeas. Para el año 2010 estaba fijado en un 5,75% del total de biocarburantes pero en muchos más países europeos, como España, apenas llegó al 1%. Ello explica la denominada fiebre actual por los biocombustibles, a los que se les ha llamado el “oro verde”, y que se prevean grandes e inmediatos incrementos en este sector. ¿Será ello positivo para la humanidad y el medio ambiente?
 
DUDAS 
Son bastantes los que piensan que no, que fácilmente pueden convertirse en un nuevo mecanismo generador de problemas al servicio de los intereses de las transnacionales de la energía de países desarrollados, importando desde regiones subdesarrolladas buena parte de los biocombustibles pero sin promover cambios significativos en los actuales patrones energéticos.
 
Hace más de cuatro años, en julio de 2008, el periódico británico The Guardian abrió la caja de los truenos al revelar un estudio interno del Banco Mundial, señalando que el 75% del encarecimiento internacional de los alimentos durante el sexenio anterior se debía a los llamados carburantes verdes. Simultáneamente, la FAO (Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación) publicó que, contra lo esperable, la población mundial con desnutrición había pasado de 840 millones de personas en 2002 a 925 millones en 2008. El debate estaba servido.
 
Suiza es prototipo de país civilizado, con sólidas instituciones técnicas y científicas y gran tradición de respeto al medio ambiente. Sus siete principales centros científicos se agrupan en el organismo ETH que agrupa a los dos Institutos Federales de Tecnología (Lausana y Zúrich), cuatro grandes Institutos de investigación y otro gran centro suizo de Ciencias del Agua y Tecnología. El  EMPA, creado en 1880, es uno de esos grandes Institutos de investigación inicialmente dedicado a los temas de materiales y construcción pero que, con el tiempo, amplió el campo de sus objetivos, constituyendo dos de ellos la energía y los recursos naturales y contaminantes. El año 2011 sus científicos produjeron 708 investigaciones publicadas en prestigiosas revistas y medios científicos.
 
En el año 2007 los científicos del EMPA ya realizaron un balance ecológico de los biocombustibles y, muy recientemente, dirigida por el investigador Zah Rainer, han completado una nueva investigación en su Departamento de Energía (BFA), en colaboración con el Instituto de Investigación Agroscope Reckenholz-Tänikon (ART), y el Instituto Paul Scherrer (PSI), incluyendo todos los factores participantes en las cadenas de producción de los biocarburantes.  Los resultados remarcan los ya obtenidos hace cinco años: “La mayoría de los biocombustibles no son verdes”  o “muy pocos biocombustibles son más ecológicos que la gasolina”.
 
RESULTADOS
No han tratado el tema de si es o no ético usar tierras de cultivo para producir biocombustibles en vez de alimentos, teniendo en cuenta las necesidades de nutrición de la humanidad y el peligro de las sequías y otros fenómenos extremos causados por el calentamiento global. Sólo han analizado los beneficios y los perjuicios de los biocombustibles desde un estricto punto de vista ecológico, analizando y cuantificando minuciosamente la influencia que tienen sus procesos de producción sobre el medio ambiente.
 
El resultado es que una buena parte de los biocombustibles sólo trasladan el impacto medioambiental de un ámbito a otro ya que, aunque ayudan a reducir la emisión de gases de efecto invernadero, causan otros tipos de contaminaciones medioambientales, como contribuir a la acidificación de los suelos o a la contaminación de lagos y ríos debido al excesivo uso de fertilizantes.
 
Solo unos pocos biocombustibles tienen un balance ecológico neto mejor que el del petróleo y, entre todos ellos, destaca el biogás generado a partir de residuos orgánicos, que, dependiendo de la fuente, causa un impacto medioambiental que sólo supone la mitad del causado por el petróleo.
 
Las dos principales recomendaciones de los investigadores son: 1) Evitar la deforestación para sembrar cultivos con el objetivo de generar biocombustibles, ya que empeora el balance de gases de efecto invernadero y causa un mayor impacto negativo en el medio ambiente; 2) El uso de desechos vegetales como la paja o los madereros con propósitos energéticos es beneficioso, pero sólo si no están ya siendo aprovechados de otro modo o si, al sacarlos de su ciclo natural, no se reduce la fertilidad de la tierra ni la biodiversidad. Es decir, sólo son beneficiosos los que se de otro modo desecharían.
 
Más en:
http://www.empa.ch/plugin/template/empa/1321/125597/---/l=2