Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

El origen de la vida

La explicación del origen de la vida es probablemente uno de los más grandes problemas con los que la Ciencia se ha enfrentado. ¿Cómo apareció la vida sobre nuestro planeta?

El origen de la vida
La explicación del origen de la vida es probablemente uno de los más grandes problemas con los que la Ciencia se ha enfrentado. ¿Cómo apareció la vida sobre nuestro planeta? Si fuésemos capaces de reproducir exactamente las condiciones en que ello ocurrió, ¿sería posible crear vida en el laboratorio? En cualquier texto de Biología aparecen explicaciones a estas preguntas que en principio no parecen muy difíciles de entender, aunque, como comprobaremos más adelante, la cuestión está bien lejos de ser resuelta.
 
Se admite generalmente que, tras ocurrir hace bastantes miles de millones de años el misterioso Big-Bang y tras un largo periodo de enfriamiento de la Tierra, se fueron dando las condiciones químico-físicas que posibilitaron la existencia de una gran masa de agua cubriendo casi toda su superficie, unas altas temperaturas, una tremenda actividad eléctrica (rayos, tormentas, etc.) y una atmósfera sin oxígeno, muy reductora, rica en hidrógeno, metano, amoniaco y ácido sulfhídrico, tal como en su día indicara el premio Nobel de Química Harold C. Urey. 
 
En esa situación y con una sopa orgánica bastante espesa, se postula que hace 3.000 a 4.000 millones de años tendría lugar la aparición de los primeros eobiontes o protobiontes, consistentes en sistemas de moléculas muy grandes, autoabastecidos y autocorrectores, combinados en una unidad capaz de reproducirse (dividirse y crecer), así como de intercambiar energía con el medio externo, o sea con las características de la vida. Este mecanismo denominado biopoiesis implica que probablemente los eobiontes fuesen fotosintéticos, parecidos a algunas formas actuales de vida como las cianobacterias o las algas azul verdes, y que su aparición fuera en una manera diversa, con individuos mejor dotados para sobrevivir absorbiendo a otros menos capacitados, lo que fue creando niveles superiores de complejidad a través de la evolución bioquímica, que hace unos 1.000 millones de años y tras aparecer el oxígeno como consecuencia de la fotosíntesis del agua, desembocó en formas bastantes parecidas a nuestras actuales células eucariotas, iniciándose el proceso de la evolución orgánica: invertebrados (hace 800 millones de años), vertebrados (600 millones), mamíferos (300 millones), primates (60) y hombre (tan sólo 1 o 2 millones de años).
 
Hace 38 años, un discípulo del Nobel Urey, el entonces joven doctorando de 23 años Stanley Miller, pareció confirmar el inicio del proceso al reproducir en el laboratorio condiciones presumiblemente prebióticas y con una mezcla de hidrógeno, metano y amoniaco, en contacto con agua en un recipiente al vacío, tras someterla a descargas eléctricas, comprobó que al cabo de cierto tiempo se sintetizaban biomoléculas tales corno algunos aminoácidos, así como intermedios de otras moléculas, incluyendo componentes de los ácidos nucleicos. Posteriormente, en otros experimentos, se consiguieron otras síntesis de importantes componentes de la materia viva, comprobándose también su existencia en objetos extraterrestres como meteoritos, lo que confirmaba la posibilidad de un origen no biológico. 
 
Asimismo se pudieron formar estructuras poliméricas tipo proteínas o ácidos nucleicos, todo lo cual, junto al descubrimiento de cierto carácter enzimático del ácido ribonucleico, ARN, hizo que diversas teorías se disputaran la explicación del camino prebiótico que condujo hasta la primera forma viva, insistiendo cada teoría en alguna particularidad: esencialidad de las proteínas o de los ácidos nucleicos como moléculas autorreplicativas; origen inicial en las surgencias hidrotermales de los fondos marinos, alimentados por el azufre allí existente; aparición en forma de granos de pirita cargados eléctricamente y rodeados de una membrana de compuestos orgánicos, tal corno defiende el abogado alemán y doctor en química orgánica Dr. Wachtersháuser; protagonismo de compuestos y protoenzimas tipo tioésteres, postulados por el Nobel De Duve, o incluso lo que algunos sesudos científicos abogan: el origen extraterrestre de la vida. Para complicar más las cosas, en los últimos diez años han aparecido una serie de dudas que cuestionan el postulado inicial del carácter reductor de la atmósfera primitiva de la Tierra, imposibilitado por el fuerte efecto de las radiaciones ultravioletas.
 
Es indudable que los tiempos tan largos a considerar y la aceleración del proceso evolutivo, una vez aparecido, podrían soslayar algunas dificultades en la globalidad del proceso. No podernos olvidar que entre un mono y un premio Nobel actual han mediado unas 150.000 generaciones, mientras que desde una bacteria hasta una ameba existieron más de 30 mil millones de generaciones. La explicación del origen de la vida como fruto del azar y sólo del azar está representada por la afirmación del Nobel francés Monod en su conocido libro EL AZAR Y LA NECESIDAD, cuando indica: “Nuestro número ha salido en la ruleta de Montecarlo... porque el Universo no estaba preñado de vida, ni la biosfera llevaba al hombre en su seno”. Pero no podemos ignorar la dificultad de esa interpretación, pues la manifestación espontánea de un organismo celular a partir de la unión aleatoria de sus componentes químicos, según científicos como el Inglés Fred Moyle, tendría la misma probabilidad de ocurrir como de que se ensamblara un perfecto Boeing 747 por los efectos del paso de un huracán a través de un taller mecánico. Por ello el “Dios no juega a los dados” de Albert Einstein la convierte ingeniosamente De Duve por: “Si juega, puesto que está seguro de ganar”.
 
En palabras científicas ello significa que el azar no operó en el vacío, sino en un Universo gobernado por leyes y propiedades muy precisas que le ponen coto a la ruleta evolutiva y limitan los números que pueden salir de ella, posibilitando que se premie el de la vida. En todo caso, los modernos métodos de la Biología Molecular permitirán pronto estudiar el material genético de fósiles tan antiguos como los de algunas bacterias de hace millones de años y ello ayudará a encontrar algunas respuestas a las numerosas interrogantes por ahora existentes.