Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

La mano invariable humana

La revista Nature Communications publica una investigación de los científicos americanos Sergio Almécija, Jeroen B. Smaers y William L. Jungers, con el título de “The evolution of human and ape hand proportions” en la que concluyen que al contrario de lo que se creía, las proporciones de la mano humana no evolucionaron específicamente para fabricar y usar herramientas de piedra

La revista Nature Communications publica una investigación de los científicos americanos Sergio Almécija, Jeroen B. Smaers y William L. Jungers, con el título de “The evolution of human and ape hand proportions” en la que  concluyen  que al contrario de lo que se creía, las proporciones de la mano humana no evolucionaron específicamente para fabricar y usar herramientas de piedra, y que no han cambiado mucho desde los simios ancestrales que vivieron hace 18 millones de años. Se creía que la eliminación de la función locomotora de las extremidades superiores habría permitido dedicar las manos a manipular y fabricar herramientas de piedra y que ello favoreció el cambio de  la mano humana respecto al ancestro común que compartimos con los chimpancés hace entre 6 y 7 millones de años.
 
A partir del análisis de las proporciones de las manos de más de 250 primates actuales y fósiles, se ha constatado que las de los grandes simios actuales no son tan parecidas y que cada linaje ha evolucionado en los últimos millones de años. Las manos de los chimpancés y los orangutanes actuales son más parecidas entre ellas que entre chimpancés y gorilas, lo que se explicaría por un fenómeno de convergencia evolutiva: las dos especies representan simios de gran tamaño que se mueven ágilmente entre las ramas de los árboles y se cuelgan de ellas sin dificultad cuando son adultos. Esta misma función de la mano es lo que hace que se parezcan anatómicamente y no el hecho de que la hayan heredado de un ancestro común.
 
Según Almécija, estos resultados tienen grandes implicaciones para comprender el origen de la pinza de precisión que los humanos pueden hacer con las puntas de los dedos y la del pulgar para manipular objetos y que, tradicionalmente, se ha relacionado con la capacidad de fabricar herramientas de piedra. “Basándonos en la anatomía de la mano, los primeros homininos ya podían realizar esta pinza hace 6 millones de años”, según Almécija.
 
Si, como indica el trabajo, el ancestro tenía unas manos relativamente cortas (más parecidas a la de los humanos que a la de los chimpancés) significaría que el linaje humano evolucionó desde un antepasado que no era un especialista arbóreo como los chimpancés y orangutanes actuales.
 
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