Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Primera autorización mundial de células madres como medicamentos

A lo largo de varias colaboraciones divulgativas en los últimos 20 años nos hemos ocupado de diversos aspectos de las conocidas como células madre, células troncales, células precursoras, células progenitoras o células pluripotentes

Primera autorización mundial de células madres como medicamentos
A lo largo de varias colaboraciones divulgativas en los últimos 20 años nos hemos ocupado de diversos aspectos de las conocidas como células madre, células troncales, células precursoras, células progenitoras o células pluripotentes. Hoy ya nos podemos preguntar: ¿Ha llegado el momento de su posible uso como medicamentos? 
 
Por ejemplo, desde hace bastantes décadas es conocido que los humanos adultos poseemos ese tipo de células poco diferenciadas, de muy alta potencialidad o totalmente pluripotenciales. Por sí solas, no son como las embrionarias, no pueden originar un ser vivo. Pero al no contar aún con identidad propia, pueden madurar de muy diferentes modos y dar lugar a células especializadas muy diferentes. Y ello es lo que se ha aprovechado, desde hace años, en los trasplantes de médula ósea, ya que las células precursoras trasplantadas pueden convertirse, entre otras, en las diferentes clases de células sanguíneas que sustituyen a las defectuosas del enfermo. Además, las células precursoras conservan la capacidad de seguir produciendo nuevas generaciones de células precursoras. Es el uso más conocido y generalizado de las células madre. 
 
Y hace casi 40 años que se obtuvieron células precursoras de embriones de ratón, lo cual fue muy útil para conseguir importantes y diferentes avances en la Biología Molecular (animales transgénicos, ratones “noqueados”, etcétera). También se aprendieron a cultivar en el laboratorio y a facilitar su diferenciación en células específicas de ciertos órganos o tejidos
 
Las células madre son de distintos tipos según pueden o no convertirse en otras: totipotentes (comolas embrionarias, quese convierten en cualquier tejido), pluripotentes (se convierten en cualquier célula excepto una totipotente), multipotentes (se convierten en células de un grupo relacionado de tejidos, como distintos tipos de células de la piel) y unipotentes (que pueden producir sólo un tipo de células además de renovarse a sí mismas). Estas células también se diferencian por su origen. Las que proceden de seres ya formados, o somáticas, suelen ser multipotentes. 
 
Un tremendo avance fue la obtención de células IPS (induced pluripotent stem cells). Se abría un vasto mundo de posibilidades. A principios del año 2008 ya se conocía la existencia de algunos métodos relativamente sencillos capaces de transformar las células somáticas en troncales pluripotentes inducidas, aunque quedaban preguntas por resolver:  ¿Las células reprogramadas como embrionarias conservarán alguna característica asociada al proceso de envejecimiento de las que proceden?. Si se utilizan para reemplazar un órgano o tejido dañado genéticamente, al diferenciarse ¿no volverán a mostrar el mismo daño genético? ¿Existen alteraciones en el cariotipo o en el patrón epigenético de las IPS?
 
No es de extrañar la explosión en el número de investigaciones y publicaciones sobre el tema y sus posibles aplicaciones terapéuticas. Por ejemplo, más de 100.000 el pasado año en revistas recogidas en Google Scholar. Y tampoco es de extrañar el afloramiento de los pícaros- Por ello, en un artículo publicado hace 5 años advertíamos <<En el mundo hay más de setenta mil centros médicos que ofrecen tratamientos con células madre y bastantes de ellos aseguran la curación «de todo». Sin embargo, la revisión de la actual información científico-técnica confiable, indica que solo unas 40 enfermedades tienen aprobados actualmente protocolos de investigación. Y todavía no existe aprobación del uso de células madre como una terapia clínica difundible o de aplicación generalizada>>. 
 
Desde entonces los avances han sido constantes. Y hoy podemos comentar, con satisfacción que el primer uso clínico terapéutico aprobado en el mundo con células madre se podrá aplicar desde este año 2017, sin hacer experimentación, como rutina clínica para tratar las fístulas perianales en la enfermedad de Crohn, gracias al trabajo desarrollado por un equipo médico español liderado por un médico murciano, el Dr. Damián García Olmo, que cursó su licenciatura en la Facultad de Medicina de la Universidad de Murcia y que actualmente es catedrático de Cirugía en la Universidad Autónoma de Madrid y Jefe del Departamento de Cirugía en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz-IDC.
 
El tratamiento, lo va a comercializar la biofarmacéutica TiGenix, y aunque, por ahora, solo logra curar a la mitad de los pacientes, lo consigue sin lesiones asociadas, un gran avance si se compara con las soluciones actuales, ya que cuando un paciente es intervenido de Crohn de fístula perianal, a la segunda o tercera intervención, prácticamente todos quedan incontinentes y, en palabras del Dr. García-Olmo. “Esto es un drama, para un chico joven con una enfermedad así, es algo dramático. Por eso no se quieren operar y además hacen muy bien… La ventaja de utilizar células es que no es necesario cortar nada y hay un 0% de incontinencia…Así, si ahora se cura a la mitad con una inyección, a la otra mitad se la volverá a curar otra vez y con dos inyecciones llegamos al 75% y así sucesivamente”. 
 
Posiblemente, como recuerda el Dr. García Olmo el inicio del camino recorrido ocurrió en 2001: “Teníamos una paciente joven a la que habíamos operado cinco veces, con una fístula rectovaginal por enfermedad de Crohn. Ya no quedaba ninguna posibilidad salvo hacerle una colostomía, ponerle una bolsa, un ano contra natura, y ella quería casarse, tenía novio, quería tener hijos…”. Analizaron todas las alternativas y decidieron probar con las células madre. el trabajo preparativo fue minucioso e intenso, y al final obtuvieron todos los permisos necesarios para hacer su experimentación. La paciente fue operada a principios de mayo del 2002, y siguiendo al Dr. García Olmo: “Fue un proceso muy largo … En aquel tiempo era un asunto muy debatido, porque entonces había mucha discusión ética sobre el uso de las células y también se planteaba el problema de que podían producir cáncer. Hubo que hacer muchos experimentos previos para comprobar que no y hubo que buscar una paciente en la que hubiera una buena relación riesgo beneficio y que además la enferma entendiera muy bien el procedimiento. Cuando se dieron esas circunstancias, lo probamos. Y funcionó… La paciente tiene dos hijos ahora y vive feliz y eso nos animó muchísimo a seguir con este proceso”. Ahora sabemos que existía un 50% de posibilidades positivas y otro 50% de negativas. Tuvieron suerte ya que si el resultado hubiese sido negativo posiblemente la historia hubiese finalizado allí.
 
Desde entonces un largo y azaroso camino. Con financiación española se financiaron los  ensayos clínicos de fase II y fase III, pero el primer ensayo en fase III salió mal y casi todo se hundió, pero un acuerdo con TiGenix permitió hacer con éxito el gran ensayo clínico definitivo en fase III, que posibilitó la aprobación de su uso terapéutico.
 
Aunque el tratamiento se ha aprobado para enfermedad de Crohn, su aplicación puede ampliarse a muchos otros tipos de cirugía, podría funcionar para muchas cosas y se tienen previstos los correspondientes nuevos ensayos de investigación y clínicos ya que el problema central en cirugía es la cicatrización y las células madre pueden ser de gran ayuda.
 
“Es un cambio conceptual enorme. Hasta ahora, el ser humano ha curado con medicamentos inertes y ahora vamos a curar con medicamentos vivos… Vamos a poner elementos vivos que sabemos lo que hacen y les vamos a llevar al sitio donde queremos que trabajen dándoles instrucciones precisas para que hagan lo que queremos que hagan”, explica el Dr. García Olmo.
 
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