Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Todos somos vascos

Bohemio y aventurero, José María Iparraguirre (1820-1881) fue el gran bersolari o bardo vasco, y su canto más conocido, el Gernikako Arbola (El árbol de Guernica), estrenado en Madrid, se convirtió en el himno vasco más popular. Pero el carácter simbólico del árbol de Guernica en relación con la antigüedad del pueblo vasco, ya lo exponía Tirso de Molina en las espléndidas octavas reales de su personaje Diego de Haro, en una de sus obras más conocidas, La prudencia en la mujer: "El árbol de Guernica ha conservado la antigüedad que ilustra a sus señores".

Recientemente, en estas mismas páginas de divulgación científica, en una de las noticias breves, se resumía el resultado de unas investigaciones lingüísticas y genéticas sobre el origen del pueblo vasco y sus relaciones con el resto de grupos europeos. Hoy trataremos el tema con un poco más de detalle, atendiendo los deseos de algunos amables lectores, siguiendo la pauta de dos esclarecedores artículos que han aparecido en el reciente número del mes de enero de la revista Investigación y Ciencia.

APROXIMACIONES. En ambos artículos participa, con una función integradora, la prestigiosa investigadora muniquesa Elisabeth Hamel, autora de diversas aportaciones interesantes en su campo de especialidad que es la prehistoria y la protohistoria. En el trabajo titulado "El vascón fue la lengua originaria del continente" su colaborador principal es Theo Venneman, actual profesor de germanística y lingüística teórica de la Universidad Ludwig-Maximilian de Munich, quien con anterioridad ha sido profesor de la Universidad de California, en Los Ángeles, EE.UU. En cuanto al segundo trabajo, se titula "Tres cuartas partes de nuestros genes proceden de los protovascos" y, en este caso, la colaboración científica ha corrido a cargo de Peter Forster, actual profesor de la Universidad de Cambridge, aunque procede de Hamburgo, donde obtuvo su doctorado en Biología.

Aparte del interés objetivo de las investigaciones en sí mismas, lo que cabe destacar es cómo aproximaciones científicas aparentemente tan alejadas como pueden ser la lingüística y la moderna biología o genética molecular, llegan a conclusiones totalmente coherentes e integradoras entre sí, opuestas a las predominantes hasta la fecha, que eran las de que la mayoría de los europeos actuales procedemos de grupos que inmigraron en los pasados diez mil años desde Asia Central o el próximo Oriente, importando sus lenguas indoeuropeas y sus técnicas agrícolas.

Las nuevas ideas, por el contrario, sugieren que los tipos europeos más antiguos poblaron el sur del Asia occidental hace unos 50.000-80.000 años. Cuando llegó la glaciación, para sobrevivir, emigraron a zonas de clima menos extremo, concretamente a determinadas regiones de Ucrania y del sudoeste europeo, donde se asentaron. En la región franco-española correspondiente constituyeron el grupo denominable como protovascones. Desde hace unos 20.000 años, finalizada la glaciación, diezmada la mayor parte de la población del resto de Europa, los vascones fueron extendiéndose en un territorio que casi coincide con el que, próximamente, será la Europa ampliada. Y allí bautizaron los accidentes geográficos y permanecieron sus genes. Hasta la actualidad.

LENGUA. Un gran investigador de denominaciones geográficas, Ernst Förstemann, en el siglo pasado, calificaba de "diamantes en bruto" los nombres antiguos de los ríos. En efecto, en el caso de ríos y otros accidentes geográficos existe una regla que indica que su antigüedad es paralela a su frecuencia, ya que lo normal es que los primeros pobladores de un lugar bauticen los accidentes geográficos con sus palabras y que estos nombres permanezcan como tales o levemente modificados, cuando ocurren posteriores asentamientos humanos que significan, incluso, el cambio de la lengua predominante hasta entonces.

No se casaría bien con la teoría de fueron los indoeuropeos quienes dieron nombres a los antiguos cursos de los ríos el hecho de que en España muchos nombres de ríos, arroyos y torrentes poseen componentes léxicos muy semejantes a los de la Europa transalpina, ya que los indoeuropeos no alcanzaron nuestro país hasta el siglo I antes de Cristo. Además, casi siempre es fácil encontrar un emparentamiento con alguna palabra vasca significativa.

A título de ejemplo cojamos el del río Ebro. Fue bautizado como Iberus por los romanos, en una época en la que en la zona que atravesaba todavía se hablaba el vasco. Por ello no es descabellado pensar que Iberus es una derivación de las palabras vascas ibai, que quiere decir río, o ibara, que significa campo junto al río. Lo curioso es que otros muchos ríos europeos también poseen nombres parecidos. En Serbia y Montenegro nos encontramos con el río Ibar. En Hessen un río Ibra. Más al sur de Alemania dos ríos Ebrach y diversos ríos Eberbäche. O en Austria el río y la ciudad de Ybbs.

Otro ejemplo de entre los muchos disponibles: En vascuence ur significa agua y ura torrente. Ejemplos de posibles derivaciones serían: Urola, Urura (España); Urofia, Huriel (Francia); Ourte (Bélgica); Urwis (Polonia); Ura (Rusia); Aurach, Auerbach, Urach, Urbach (Alemania); Urula (Noruega), etcétera.

GENES. La aproximación genética es totalmente diferente, aunque sus resultados sean concordantes. Nuestras células poseen unos componentes subcelulares que son las mitocondrias y éstas se heredan por vía materna, es decir, que los hijos/as poseen las mismas mitocondrias que la madre, sin relación con las del padre. Por otra parte las mitocondrias poseen algún material genético, algunos genes. Por tanto, los genes mitocondriales siempre son idénticos, vía matrilineal, a los de la madre, la abuela, bisabuela, tatarabuela, etc. hasta llegar a la hipotética Eva inicial.

Como todos los genes, a lo largo del tiempo los genes mitocondriales también sufren mutaciones que perduran. Por ello, estudiando ciertas regiones variables del ADN mitocondrial en personas pertenecientes a diferentes grupos humanos, se pueden establecer árboles filogenéticos, que presentan múltiples ramificaciones y bifurcaciones. Las personas con genes mitocondriales más iguales tendrán una antepasada común más cercana que las que presenten una mayor divergencia. Los estudios, complejos, realizados sobre europeos actuales de diferentes procedencias, y sobre no europeos y habitantes del Próximo Oriente y del Norte de África, señalan que hasta tres cuartas partes de los actuales europeos proceden directamente, vía matrilineal, de los vascones, quienes a su vez habrían inmigrado a su reducido territorio inicial, desde el próximo Oriente, hace más de 20.000 años.

La singularidad racial vasca parece, pues, no existir. La mayor parte de los actuales europeos, tienen un origen vasco (o más remotamente, del Próximo Oriente). Esos europeos fueron más móviles y emigraron en el pasado hasta sus localizaciones actuales, mientras que los más inmóviles permanecieron en su territorio, siendo meritorios la conservación de sus tradiciones y lengua. Pero los que se atribuyen la singularidad de vascos puros y diferentes, científicamente no andan muy acertados.