Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Vejez, eternidad, genes..

De acuerdo con la Mitología griega, el héroe Titón era hijo de Laomedon, rey de Troya. La Aurora se enamoró de él y pidió a Zeus que concediese a Titón el don de la vida eterna. Zeus así lo hizo, pero como Aurora olvidó pedirle a Zeus, simultáneamente, el don de la juventud, lo que ocurrió es que Titón envejeció pronto, aunque vivió eternamente transformado en cigarra.

El relato anterior resume el ansia humana de una longevidad máxima, pero ello suele ir acompañado del deterioro propio del envejecimiento. Jonathan Swift, el satírico escritor irlandés, célebre por su obra VIAJES DE GULLIVER, resumió, muy acertadamente, ese deseo en sus PENSAMIENTOS SOBRE DIVERSOS TEMAS MORALES Y DIVERTIDOS, escribiendo: "todos quieren vivir mucho tiempo pero nadie quiere ser viejo". Por ello, son obligadas algunas preguntas tales como: ¿es inevitable el envejecimiento y el deterioro funcional que esta situación acarrea?. ¿Como consecuencia de los avances científicos, se podrían modular o incluso evitar estos fenómenos?

MUERTE Y VEJEZ. ¿Por qué las células y los organismos han de morir?. Todo indica que las primeras células que surgieron, al comienzo del largo proceso evolutivo biológico, debieron tener capacidad de vivir de un modo casi eterno. Incluso hoy día se pueden considerar prácticamente como inmortales algunas células, como ciertas amebas (protozoos unicelulares), los espermatogonios de los testículos de mamífero y los cultivos de células transformadas o los de células malignas, como los cultivos de células cancerosas utilizados en los laboratorios de Investigación. Sin duda, la respuesta a la pregunta anteriormente enunciada guarda relación con el principio de la división del trabajo, una consecuencia obligada de la aparición de los organismos multicelulares, con su correspondiente especialización de las células somáticas. Desde los años 60 se sabe que cuando las células de organismos complejos son cultivadas en medios adecuados, parecen mostrar una capacidad límite en su número total de posibles divisiones sucesivas. A lo largo del proceso de la división celular se va produciendo una mayor diferenciación de las células y, cuando se llega a un cierto límite, a esa especie de barrera máxima, ello les hace perder su capacidad de división, y las células envejecen y mueren.

Respecto al envejecimiento, existen varias decenas de teorías intentando explicarlo científicamente, teorías que se clasifican en dos grandes divisiones: genéticas y no genéticas, aunque en el mecanismo global intervienen diversas y variadas causas. Nosotros vamos a limitarnos en esta colaboración a realizar unos comentarios generales respecto a uno de los hechos que ya ha quedado demostrado. En concreto, se trata de la existencia demostrada de genes que codifican la producción de ciertas proteínas que, a su vez, pueden facilitar o dificultar el envejecimiento de los individuos correspondientes.

GENES. El síndrome de Werner es una enfermedad con síntomas que hacen que los enfermos afectados presenten un envejecimiento muy prematuro. En 1991 se realizaron estudios genéticos sobre familias de afectados que localizaron en los miembros de esa familias la existencia de ciertos marcadores genéticos alterados ubicados en el cromosoma 8, es decir, la relación entre funcionamiento anormal de ciertos genes y el envejecimiento prematuro. En 1993 se concretó que ese envejecimiento prematuro era ocasionado por el fallo funcional de algún gen participante en el proceso de contado de las divisiones celulares. Debido a ello, las células, en cultivo, de los fibroblastos de los enfermos con la enfermedad de Werner solo se dividen unas 20 veces, en lugar de las 50-60 veces que lo hacen los fibroblastos procedentes de personas normales.

De las investigaciones realizadas en otros organismos destacan las hechas sobre ciertos nematodos. Existen decenas de miles de especies de nematodos. Estos "gusanos" poseen tamaños que van desde lo microscópico hasta varios metros. El nematodo Caenorhabditis elegans es muy usado en estudios genéticos y desde 1990 se vienen estudiando ciertas mutaciones en algunos de sus genes que provocan que su ciclo vital sea más largo llegando, incluso, a duplicarse. De este modo se han identificados genes como los age I, dat 2, daf 1b, etc. Concretamente, hace unos meses, se demostró que el gen age-1 normal actúa como un regulador negativo de ciertas enzimas destructoras de radicales libres, tales como la superóxido dismutasa y catalasa. Por ello un gen age-I mutado, anormal, ayuda a que esas enzimas actúen, favoreciendo la destrucción de los radicales libres, lo que provoca una cierta superresistencia frente al estrés oxidativo (asociado al envejecimiento y a la muerte) y, con ello, se alarga el ciclo vital del nematodo.

RATONES. Progresando en la escala evolutiva, también se ha podido demostrar la influencia de los genes sobre el envejecimiento de los ratones. Diversos grupos investigadores han centrado su atención sobre unos ratones, los ratones enanos Ames (df/df), que son pequeños y deficientes en hormona del crecimiento, prolactina y hormona estimulante del tiroides. Sin embargo, su vida es significativamente más larga que la de los ratones análogos no enanos. Por ello, constituyen un buen modelo para estudiar los genes involucrados en su enanismo y en su más lento envejecimiento. Es significativo que la vida media de los ratones normales es de unos 720 días, con independencia de su sexo, mientras que la vida media de la variedad enana es de 1100 días. En general las circunstancias, ambientales o genéticas, que reducen el metabolismo parecen incrementar la vida media: las razas pequeñas de perros y caballos suelen ser más longevas que las más grandes; en una misma población estudiada las personas de talla baja también son más longevas que las más altas; los ratones transgénicos con superproducción de hormona de crecimiento poseen vidas más cortas; también se han publicado datos respecto a que las personas con acromegalia o con gigantismo pittuitario viven menos años de lo normal. Las restricciones calóricas reducen la producción de hormona del crecimiento y este hecho, al menos parcialmente, puede ser la causa del efecto antienvejecimiento de las dietas hipocalóricas.

El objetivo final de la obtención de animales superiores sin vejez, o con una vejez muy retrasada, aun está lejano, pero sus consecuencias provoca el interés no solo de los científicos. Ya se ha sugerido las ventajas que ello supondría a las explotaciones ganaderas a fin de obtener grandes cantidades de carne joven. Otros científicos proponen una moratoria al respecto ya que se alarman por la posibilidad de la aplicabilidad humana de estos procesos. En todo caso parece claro que en el futuro la Ciencia podrá ayudar para que exista un futuro más esperanzador que el puesto en la boca de D. Quijote por Cervantes: "El que larga vida vive, mucho mal ha de pasar".