Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Legionella: la congresista distinguida

El escenario es ficticio. Tras la elección de Presidente, se celebra el acto de apertura del Congreso de la Sociedad Mundial de Agentes Infecciosos. Pero los participantes no son científicos, médicos o personas relacionadas con la sanidad, sino que son los propios organismos infecciosos: bacterias, virus, hongos, levaduras...

A ellos se dirige su nuevo Presidente, Mr. Prion, es decir, la proteína origen de la encefalopatía espongiforme bovina y de otras patologías animales, como la enfermedad humana de Creutfeldt-Jakob. Pero, antes de continuar, no crean que se trata de abordar estos temas serios y delicados en forma jocosa. Esta misma ficción es el contenido de un reciente editorial de la prestigiosa revista Science, escrito por dos científicos tan prestigiosos como el profesor Thomas Eisner del Instituto Cornell (Ecología Química, Neurobiología y Comportamiento) y el profesor Paul R. Ehrlich, de la Universidad de Stanford (Departamento de Ciencias Biológicas).

Y, es que la lucha contra las enfermedades infecciosas constituye uno de los capítulos más fascinantes de la lucha del hombre contra un entorno hostil que la Humanidad creía estaba a punto de ser superado con los descubrimientos de los métodos de inmunización activa y de los antibióticos. Sin embargo, no ha sido así. Las enfermedades infecciosas se renuevan y nos amenazan. Por ello, tomando la idea original de la revista Science, en una versión propia libre y modificada, dejemos que sea el propio presidente de los organismos infecciosos, Mr Prion, quien revele algunas de las estrategias presentes y futuras de estos agentes infecciosos, a través de su discurso inicial de bienvenida a los congresistas imaginarios.

EL DISCURSO. Distinguidos miembros de la Sociedad Mundial de Agentes Infecciosos: Soy vuestro Presidente electo, el Prion. En mi opinión, con vuestra elección habéis querido reconocer la originalidad y eficacia de mis nuevos métodos de acción, que están llegando a desconcertar y preocupar fuertemente a todos nuestros enemigos, principalmente al mayor de ellos, al hombre. Yo quiero que mi discurso sirva para analizar nuestros principales problemas, pero también nuestras fundadas esperanzas para el futuro, ya que nuestra arma principal consiste en que el comportamiento del homo inteligens, muy frecuentemente, es el que correspondería al homo stupidus. Mi mensaje es claro: podemos y debemos aprovecharnos de ello.

Nuestro origen se difumina hace miles de millones de años. Recientemente, hemos sufrido crisis espantosas. Recordaré tres momentos especialmente tristes. El primero cuando ese terrible azote de hombre que fue Pasteur descubrió que éramos el origen de muchas enfermedades lo que posibilitó el desarrollo de esas horribles armas biológicas que son las vacunas. El segundo, cuando otro hombre nefasto para nosotros, Fleming, descubrió el primer antibiótico, la penicilina. Y el tercero cuando, hace pocos años, esa odiada sociedad que se llama la Organización Mundial de la Salud, declaró que había eliminado totalmente del planeta a uno de nuestros miembros más queridos y activos: el causante de la viruela.

Tenemos que ser realistas. Hemos de reconocer que nuestras fuentes de alimentos están siendo desplazadas por el hombre, que se ha erigido en rey supremo sobre la Tierra. El número de seres humanos se incrementa sin cesar y ya cubren una buena parte de toda la superficie del planeta, desplazando al resto de seres vivos, dificultando nuestro crecimiento y desarrollo. Además, su desarrollo armamentista contra nosotros ha sido espectacular en cantidad y potencia. Y lo peor de todo es que los avances de esa amenazadora disciplina que llaman Biología Molecular puede permitir a los hombres el escoger a algunos de nuestros mismos miembros, modificarlos genéticamente y convertirlos en implacables enemigos de nosotros mismos. Estemos, pues, siempre alertas frente a los enemigos internos.

ESPERANZAS. Sin embargo, admirados y esforzados compañeros, no quiero que mi primer discurso ante vosotros sea negativo. Tenemos bastantes motivos para la esperanza en un futuro repleto de posibilidades para nuestro desarrollo. Venceremos al hombre en muchas ocasiones. En primer lugar porque contamos con nuestra gran adaptación, nuestra asombrosa capacidad para cambiar, para mutar, para hacernos resistentes hacia los antibióticos, para desarrollar nuevos mecanismos antiquimioterapéuticos, nuevas variedades de gérmenes, etcétera.

Otra de nuestras ventajas principales ha de estar basada en un cambio estratégico. Siguiendo y potenciando nuestra legendaria tradición evolutiva tenemos que variar nuestros gustos, nuestros hábitats. Nuestro futuro obligado es la homofagia. Atacar profunda y diversamente al hombre, logrando su destrucción, será nuestra única solución para sobrevivir en este mundo.

Pero lo más importante de todo es que para luchar contra el hombre tenemos al mejor aliado posible: al mismo hombre. Los hombres que permiten que la mayor parte de la Humanidad sea víctima de la pobreza y del hambre, es decir, que se conviertan en unos excelentes huéspedes para nuestro desarrollo. Una porción minoritaria de los hombres cuentan con exceso de alimentos y con asistencia médica de calidad, pero la mayor parte están desnutridos y con pésimos cuidados sanitarios, pudiéndonos introducir en sus organismos a través del agua insana y la comida defectuosa que consumen, además de que, con ello, ocurre que una buena parte de la Humanidad está en situación de inmunodeficiencia, sin armas naturales para protegerse de nuestros ataques.

Más aun. Sus propias armas se convierten en nuestras armas. El mundo desarrollado consume grandes cantidades de antibióticos innecesarios y ello favorece nuestra reconversión para hacernos resistentes a los antibióticos. Por ejemplo, un informe de la Organización Mundial de la Salud puso de manifiesto que, en un tercio de los 35 países investigados, los nuevos casos de tuberculosis mostraron resistencia a los fármacos en hasta un 14% de los casos. Y, toneladas y toneladas de antibióticos se usan en los sistemas intensivos de producción animal, con el fin de acelerar el engorde del ganado. Al final de la cadena alimenticia llegan al hombre y, nuevamente, ello facilita que las bacterias nos hagamos resistentes a los antibióticos. Ciertas bacterias, que causan graves infecciones en los hospitales, se han vuelto resistentes a los antibióticos que se utilizan como último recurso. Así, nuestra asociada, la bacteria Staphylococcus aureus se ha hecho resistente al antibiótico meticilina, porque en los últimos 20 años, se han estado utilizando antibióticos similares para promover el aumento de peso de animales de granja. Y, para alegría nuestra, no existen tratamientos adecuados contra las infecciones causadas por ella.

Otra gran esperanza para nuestro futuro descansa en el cambio climático producido por las actividades humanas así como en la resistencia de algunos responsables políticos a tomar medidas que reduzcan el efecto invernadero. Es indudable que ese cambio climático posibilitará a muchos de nosotros el poder salir fuera de nuestras fronteras geográficas tradicionales

PREMIOS. Permítanme que finalice esta breve alocución inicial con mi felicitación a los miembros asociados que, por sus eficaces actividades recientes, han sido objeto de alguno de los premios de nuestra Sociedad, en sus diferentes categorías. Al virus VIH por su importante y mortífera acción directa sobre tantos millones de hombres y mujeres, con un reconocimiento expreso a que su acción ha permitido el desarrollo posterior de muchos organismos como nosotros sobre los humanos inmunodeprimidos. Entre esos organismos una mención especial para el bacilo de la tuberculosis a quien muchos daban ya por derrotado y que está renaciendo con más vigor que nunca.

Dentro del apartado virus, felicitemos los esfuerzos de nuestros compañeros Ébola, Hanta, Lassa y Marburg. Reconozcamos algunos esfuerzos pioneros como los del Treponema, el Plasmodium o el virus del dengue. Y, el premio a la constancia es, sin duda, a uno de nuestros componentes más tímidos y modestos, el virus de la gripe, cuyo efecto debilitante es tan esencial para el crecimiento y desarrollo invasivo de otros muchos de nosotros.

El último galardón es un premio actual y especial para nuestra asociada la bacteria Legionella pneumophila, cuya última actuación en Murcia (España) le hace acreedora de nuestro respeto y admiración. Su trabajo merece entrar en el Libro Guinness de los Records. Podemos aprender mucho de esta experiencia: aun tenemos margen de acción para actuar incluso en lugares en los que los servicios sanitarios y hospitalarios funcionen con gran eficacia. Basta con que los responsables sociales o políticos hayan olvidado el desarrollo previo de normas adecuadas para combatirnos o que descuiden, si esas normas existen, su vigilancia y cumplimiento. Y, alegrémonos si se diese algún caso en el que en lugar de seguir estrictos criterios y metodologías científicos para descubrir el origen y estrategias de nuestros ataques, el proceso fuese dirigido por otras consideraciones oportunistas.

Nada más señores congresistas infecciosos. Como Presidente les deseo que sus nuevas estrategias tengan éxito. Pero no olvidemos algo esencial. Todas nuestras esperanzas de un futuro mejor para nuestras actividades infecciosas se vendrían abajo si el hombre utilizase alguno de los recursos, que a veces olvida: inteligencia y solidaridad. Si ello ocurriese así nuestro futuro desaparecería.