Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Malaria: Esperanzas

Malaria: Esperanzas

Miles de millones de personas viven en las zonas endémicas para la malaria o paludismo, la principal enfermedad contagiosa existente. Según la OMS, más del 40% de la población mundial infantil vive en esas zonas, donde se producen entre 300 y 500 millones de infecciones cada año. La mayoría del millón de muertes anuales debido a la malaria se producen en África, y las víctimas son niños.

Por ello, no es de extrañar que, al realizar el resumen final de año, varias importantes revistas científicas hayan incluido como uno de los diez hechos científicos más importantes los esperanzadores resultados obtenidos este pasado verano en unos ensayos de vacunación dirigidos por el médico español Pedro Alonso sobre niños de Mozambique, hechos públicos en un artículo aparecido hace dos meses en la revista Lancet.

CICLO. El parásito que ocasiona la enfermedad en los humanos es el Plasmodium, del que existen cuatro especies diferentes: P. falciparum, P. malariae, P. vivas y P. ovale, de los que el más letal es el falciparum, causante del mayor número de complicaciones y muertes. El paludismo se propaga por la hembra del mosquito anofeles. Sucede lo siguiente: La hembra del mosquito pica a una persona infectada y al chupar su sangre puede adquirir las dos formas gametocíticas del parásito, la macho y la hembra; tras ello, estos gametocitos se unen en su estómago y forman huevos; la fertilización y división de los huevos ocasiona formas denominadas esporozitos, que emigran a las glándulas salivales del mosquito y son inyectadas a la próxima persona que pique. Una vez introducidos en su cuerpo, los acontecimientos prosiguen así: Los esporozitos emigran al hígado donde producen los llamados merozoitos; estos merozoitos pasan a la sangre, invaden a los eritrocitos y se convierten allí en trofozoitos; la división de los trofozoitos nuevamente produce merozoitos en los eritrocitos. Estos merozoitos pueden liberarse al destruirse los glóbulos rojos e infectar a otros eritrocitos, pero parte de ellos maduran hasta formar gametocitos masculinos y femeninos que quedan en disposición de iniciar un nuevo ciclo infectivo.

En los afectados que no han tenido contacto previo con el parásito (como los viajeros) la enfermedad se manifiesta de forma distinta que en los que viven en las zonas endémicas donde hay malaria. Su riesgo de tener un cuadro severo es mucho mayor, y algunos pacientes presentan un "paludismo cerebral" que se acompaña de crisis epilépticas y puede producir la muerte del paciente. En los habitantes de las zonas endémicas, el cuadro puede ser más leve.

En todo caso, los síntomas de la enfermedad comienzan unos 15-20 días tras la infección y se caracterizan por fiebre alta, escalofríos, sudores y dolor de cabeza, así como náuseas, vómitos, dolores musculares e ictericia (coloración amarillenta de la piel). También suele darse la anemia, por la destrucción de los glóbulos rojos por los parásitos. Si el cuadro es muy grave puede producir letargo, coma, insuficiencia renal, respiratoria e incluso muerte. En el caso de que el paciente supere la fase aguda de la enfermedad se pueden dar recaídas, que aparecen cada tres o cuatro semanas (de ahí que, históricamente, se denominaran fiebres tercianas o cuartanas). Algunas recaídas se producen años después del contagio, ya que el parásito queda acantonado en algunas células del organismo.

MVI. Dadas las limitaciones que poseen los tratamientos farmacológicos existentes y que se trata de una enfermedad infecciosa lo ideal sería poder desarrollar una vacuna adecuada. Pero hay que partir del hecho de que actualmente no hay vacuna en el mundo que no haya sido producida por un gran laboratorio farmaceutico. El problema radica en que los grandes laboratorios no muestran gran interés en estos temas porque detrás de estas patologías que se ceban en los países pobres "no hay mercado". Se puede constatar que en los últimos 20 años la mayoría de estas grandes industrias internacionales han ido cerrando sus departamentos de investigación sobre este tipo de enfermedades, de modo que, actualmente, el 90% de los recursos mundiales de investigación en biomedicina se dedican a combatir sólo el 10% de los problemas globales de salud, desequilibrio conocido con el nombre de "gap 10/90".

Por ello, tiene gran interés la iniciativa del magnate informático Bill Gates, impresionado ante la magnitud del problema y la ineficacia de la humanidad para resolverlo. Por medio de una ayuda económica procedente de su Fundación Bill y Melinda Gates, en 1999 se creó eI MVI, iniciales inglesas de Iniciativa para la Vacuna de la Malaria, a fin de acelerar, con la colaboración de gobiernos, industrias y científicos, la localización de los proyectos más factibles de vacunas contra la malaria, ayudar a su realización y facilitar su disponibilidad y accesibilidad en los países en desarrollo. Entre las colaboraciones que mantiene este programa de la Fundación Bill y Melinda Gates destaca, en términos prácticos, la existente con el organismo GAVI (Alianza Global para Vacunas e Inmunización), específica para explorar las estrategias de comercialización, disponibilidad y suministro de las posibles vacunas en los paises afectados.

RTS,S/AS02A. Es el nombre técnico de la vacuna experimental contra la malaria comentada al iniciar este artículo. GlaxoSmithKline Biologicals (GSK), estaba desarrollando desde hace más de 15 años la RTS,S, una proteína recombinante que logra fusionar una parte de la proteína del esporozoito del parásito P. falciporum con la molécula del antígeno de superficie de la hepatitis B. El propósito era que esta proteína fuese la base de una vacuna contra esa forma del parásito, produciendo anticuerpos y glóbulos blancos que podrían evitar que el esporozoito sobreviva o se desarrolle en el hígado.

En el año 2000 GSK Biologicals y MVI, iniciaron su colaboración para desarrollar la vacuna para los niños, a pesar de que el escepticismo era grande en la comunidad científica ya que se trataba de hacer frente a un parásito de una gran complejidad que atraviesa diferentes fases vitales dentro de su huésped humano.

Cuando llegó el momento de los ensayos clínicos, ya en fase IIb, el Dr. Pedro Alonso, director del Centro de Salud Internacional del Hospital Clínic de Barcelona fue el responsable de dirigirlos. En el ensayo, doble ciego y controlado, se incluyó a 2.022 niños del sur de Mozambique. Fue coordinado por el Centro de Investigación en Salud de Manhiça.

Este ensayo clínico, el más amplio realizado hasta la fecha en África sobre la eficacia de un proyecto de vacuna contra la malaria, ha confirmado su seguridad en los menores de edades entre 1 y 4 años y, según lo observado, la eficacia de la vacuna frente a los episodios clínicos de malaria fue del 30%; frente a la infección primaria por Plasmodium falciparum fue del 45%, y del 58% frente a la forma grave de la enfermedad. La protección ofrecida por la vacuna a los niños ha sido de, al menos, 6 meses.