Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

¿Quo vadis, Universidad?

"Todos los hombres desean por naturaleza saber", es una reflexión que explica muchas causas del progreso del hombre y de la Humanidad. Se lee al comienzo de la Metafísica, un agrupamiento de escritos atribuidos a Aristóteles. Posiblemente esa frase también ilustre el papel tan importante que jugaron los sacerdotes en las diversas tradiciones religiosas, ya que, ellos, se encargaban de almacenar y transmitir lo que en cada momento se consideraban los saberes.

Con ese mismo fin nacen, a partir del siglo XI, las universidades, derivadas de las escuelas medievales. Nacen sin saber que nacen, como indica un gran universitario, actualmente profesor emérito, el Dr. Rodrigo Fernández de Carvajal, en un meditado y sentido libro titulado "Retorno de la Universidad a su esencia". Nacen las universidades medievales y se caracterizan por la movilidad de sus estudiantes y de sus profesores tras la intensa búsqueda del saber. Nacen en la costumbre, antes de consolidarse en organización corporativa, en estatutos y privilegios.

SABER E INFORMACIÓN.Durante muchos siglos, mientras la información fue escasa y su reproducción cara y restringida, los modelos de difusión del saber fueron centralizados y con una protección institucional. Ejemplos históricos los tenemos en la biblioteca real de Nínive, que en el siglo VII a.C. albergaba más de 10.000 documentos, clasificados por materias, o la biblioteca de Alejandría con más de 700.000 volúmenes. Las universidades nacen con esta filosofía y su actividad se extiende a los tres aspectos clásicos: 1. Descubrimiento y creación del saber; 2. Depósito de conocimientos; y 3. Transmisión de Ciencia. Hasta la actualidad, el saber y su búsqueda era la esencia de las Universidades. La consigna central de la Ilustración la suministró Kant : "¡Atrévete a saber!". Pero es tan importante el fin último, el saber, como el recorrido realizado para conseguirlo. El cervantino "más vale el camino que la posada" equivale al acierto expresivo del pensador alemán Gotthold Lessing: " no es la posesión de la verdad lo que hace feliz al investigador, sino el combate victorioso por ella".

Todos somos conscientes del profundo cambio que está acaeciendo en el mundo. La cantidad de conocimientos e informaciones se dispara. Un solo ejemplo: en los últimos dos años se han realizado y publicado más investigaciones en Química que todas las efectuadas en la Humanidad hasta el año 1900. El cambio afecta también a la comunicación. Si, hasta ahora, había que ir a las Instituciones a buscar los saberes, cada vez es más plausible pensar que, en esta nueva era, la información llegará hasta el individuo, esté donde esté. ¿Cuál será, entonces, el papel de la Universidad?

UNIVERSIDAD EN CRISIS. Eli M. Noam es profesor de Finanzas y Economía así como directivo del Instituto de Telecomunicación de Columbia, USA. Recientemente, ha publicado en Science un ensayo muy interesante reconsiderando las tres misiones clásicas de la Universidad a la luz de la nueva situación. La creación de Ciencia se realiza con tal intensidad, y a través de centros tan especializados, que una Universidad concreta ya nunca pretenderá tener una participación activa en el descubrimiento de siquiera una buena parte de las parcelas del conocimientos. Lo mismo sucederá respecto a su papel de guardadora de los saberes, ya que en muchas ocasiones estarán mejor, y más fácilmente disponibles, en otras fuentes alternativas. En cuanto a la noble tarea de la transmisión del saber, la enseñanza, se plantean importantes interrogantes sobre la Universidad como institución docente con la aparición de nuevas tecnologías electrónicas interactivas, disposición de libros en hipertexto, acceso a las lecciones y enseñanzas guardadas de los mejores especialistas, etcétera. Y ello acompañado del abismo, cada vez mayor, existente entre las enseñanzas, generalistas, del profesor universitario y su labor investigadora, necesariamente más específica y concreta. Por todo ello, en su reciente libro Camino al futuro, Bill Gates, el popular e inteligente propietario de Microsoft, afirma que la revolución de las comunicaciones no está sino en sus comienzos, por lo que es totalmente seguro es que "aunque el aula continuará, cambiará".

CAMBIOS EN LA UNIVERSIDAD. Estos cambios, derivados de una nueva situación, ya se manifiestan aun en universidades tan flexibles y poderosas como las norteamericanas. Los indicadores negativos más llamativos son el despido de miles de profesores, las propuestas de descensos de salarios, de subida de tasas, etcétera. Elo no es, sino un símbolo, de lo que el físico Goodstein, directivo del Instituto Tecnológico de California, considera como una verdadera crisis del organismo, cuya única salida es aceptar la ley de vida de "adaptación o muerte".

Algunas de las nuevas características parecen nítidas. Estamos siendo testigos del nacimiento de una verdadera aldea global académica. Ello significa, para las universidades, no solo un cambio, en sus bases económicas y tecnológicas, sino en sus determinantes históricos, sociales, y culturales, lo que ocasionará, probablemente un debilitamiento de su jerarquía institucional. Los investigadores de todo el mundo podrán compartir casi gratuita, e instantáneamente, los resultados de sus respectivos trabajos. Ello significará, para muchos de ellos, que sus mejores colaboradores no se encontrarán en su entorno físico, en su campus, sino en cualquier lugar del mundo, comunicables casi permanentemente. Esto hará disminuirá la tradicional ventaja característica universitaria de la proximidad e interacción entre sus profesores.

Para la enseñanza universitaria tradicional una amenaza inmediata se deriva de su alto costo. En USA se ha evaluado en unos 50 dólares por hora de clase y alumno. Posiblemente en España los costos globales no alcancen la quinta parte de esa cifra, pero el abaratamiento de los modernos medios de transmisión de conocimientos hace que se suscite un gran interés comercial por una enseñanza que, hasta ahora, era privativa de las universidades por lo que proliferarán, cada vez más, alternativas privadas específicas.

UN RETO. ¿Sobrevivirán nuestras universidades?. Probablemente, pero no todas, solo aquellas que sepan adaptarse. ¿Están las universidades españolas y las de nuestro entorno regional más próximo en condiciones de suficiente flexibilidad para responder adecuadamente ante las nuevas circunstancias?. ¿En qué direcciones previsibles hemos de movernos?. Algunas de las posibles respuestas las comentaremos en el próximo artículo. Debemos reflexionar sobre estas y otras parecidas interrogantes. En el empeño nos va mucho, ya que si se acierta se podrá cumplir el deseo que expresaba en el ensayo, ya comentado, el Dr. Noam: "Como las catedrales góticas, símbolo de las aspiraciones de una época, las Universidades deben ser monumentos vivos de la esperanza de que a través de una mejor educación y comprensión seamos capaces de crear una mejor vida para nosotros mismos y para nuestros hijos".