Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Una Luna nueva

La Luna ha constituido siempre un motivo de atracción para los humanos y se ha ligado a nuestras más profundas tradiciones culturales y religiosas. El sentimiento de admiración está patente en textos bíblicos como El libro de los Salmos:"...cuando yo considero tus cielos, el fruto de tus dedos, la Luna y las estrellas...", o en el Corán:"...Él ha subordinado el Sol y la Luna, haciendo de cada uno de ellos jornada hacia un tiempo preordenado...".

En todo caso, no podemos olvidar que, al menos en el terreno literario, la Luna ha estado siempre envuelta con un cierto velo de misterio. De acuerdo con ello, en el acto V del Otelo de Shakespeare, podemos enterarnos de que "... es el gran error de la Luna / ella se acerca a la Tierra más de lo que quisiera / y hace que los hombres enloquezcan...". O, como afirmaba Mark Twain en Siguiendo el Ecuador, "... cada uno es una Luna y posee un lado oscuro que nunca muestra a nadie".

EL ORIGEN. Casi cien años después de que Mark Twain escribiese esa frase han desaparecido buena parte de los misterios que tradicionalmente han acompañado a la Luna. El día 20 de julio de 1994, recordamos que, 25 años antes, Neil Amstrong realizó su pequeño paseo lunar. Esta rememoración puede ser una buena ocasión para resumir la situación en que se encuentra el estudio científico de nuestro satélite y cuáles son las prometedoras perspectivas futuras al respecto. Haciendo un poco de historia, Darwin sugirió que la Luna formaba parte de la Tierra en el pasado y que, debido a la gran velocidad de giro de nuestro planeta, se desprendió una parte de su corteza superficial y se transformó en la Luna. Aunque actualmente este modelo no es muy convincente, otras alternativas propuestas tampoco lo son. La más aceptada puede ser la sugerida en 1974 por el astrónomo americano W. K. Hartman indicando que, al comienzo de la existencia del sistema solar un pequeño planeta, del tipo del actual Marte, pudo colisionar oblicuamente con la Tierra. Se fundió con ella, liberando al mismo tiempo una capa superficial del suelo terrestre, lo que constituyó el origen de la Luna.

Sea cual sea su origen, la Luna se encuentra a una distancia del Sol aproximada a la existente entre el Sol y la Tierra. Sin embargo, sus temperaturas son más extremas: mientras que la cara iluminada por el Sol alcanza temperaturas superiores a los 100ºC, mayores que las de ebullición del agua, en la cara oculta de la Luna, al cabo de dos semanas sin Sol, la temperatura puede bajar hasta 150ºC bajo cero. Ello se debe a que la Luna, comparada con la Tierra, posee una velocidad inferior sobre su eje, un día muchísimo más largo, y no dispone de océanos que conserven el calor ni de una atmósfera que distribuya ese calor por la superficie.

LA CRISIS. Los datos de los que actualmente dispone la llamada Ciencia lunar son impresionantes. Ya, en los años 60, se consiguieron fotografías, obtenidas con los Orbiter lunares, que cubrían toda la superficie lunar. Sin embargo, al estar básicamente destinadas a su uso por el proyecto Apolo no contaban con las características precisas para que se utilizasen en una Investigación cuantitativa adecuada. Lo peor ocurrió cuando 3 años después del paseo lunar de Amstrong, la crisis sufrida por la NASA llevó a la cancelación del programa Apolo y, por tanto, del envío de más hombres hasta la Luna. Transcurridos otros 4 años, para ahorrarse tan solo unos 200.000 dólares anuales, la NASA cometió el error de clausurar el funcionamiento de 5 estaciones científicas ALSEP ( Apollo Lunar Surface Experimental Package). Por ello, la exploración científica de nuestro satélite ha estado interrumpida casi 15 años, con la excepción de que en 1976 la misión soviética Luna 24 obtuvo muestras de la superficie lunar procedentes del Mar Crisium para su estudio posterior en la Tierra. También la nave Galileo, en ruta hacia Júpiter, consiguió datos importantes sobre las zonas más lejanas de la Luna y sobre su polo Norte.

CLEMENTINA. Afortunadamente la situación ha cambiado en los últimos meses de un modo muy favorable. Por una parte, la NASA está estudiando planes para enviar a 4 personas a la Luna en el año 2000 para una estancia de 45 días. Pero quizá lo más importante han sido los resultados de la misión Clementina, pomposamente denominada Programa Clementina de Experimentos Científicos sobre el Espacio Profundo, cuyo padre científico es Eugene Shoemaker, tan popular con motivo del choque contra Júpiter de las 21 porciones del cometa que lleva, al menos parcialmente, su nombre. En principio el proyecto Clementina ,desarrollado por el departamento de Defensa, era una parte de lo que en su día se denominó el proyecto de la Guerra de las Galaxias. Al desmoronarse la Unión Soviética y finalizar la guerra fría, el interés inicial, que era investigar espacialmente y con larga duración cómo se comportaba un determinado hardware militar, se modificó y la NASA fue invitada a incluir algunos científicos para remodelar el proyecto. A principios de este año se lanzó a Clementina, que es una pequeña sonda dotada con sensores miniaturizados modernísimos, cámaras, detectores de partículas, etcétera. con la finalidad de que orbitase la Tierra durante dos meses y después se dirigiese al encuentro del asteroide 1620 Geographos, hacia el mes de agosto de 1994. A los dos meses y medio tras su, el 26 de mayo de 1994, se celebró una reunión en Baltimore, de la Unión Geofísica Americana, haciéndose públicos muchísimos de los datos, muy importantes, que en ese breve tiempo consiguió Clementina en sus observaciones sobre la Luna. Recientemente acaba de sufrir una avería en sus ordenadores que ha ocasionado que se cancele su prevista trayectoria hacia el asteroide Geographos, encontrándose en la actualidad en la órbita terrestre, funcionado como una sonda interplanetaria.

Entre otros logros, el trabajo de Clementina ha conseguido una cartografía digital del 99% de la superficie lunar, con el uso de un amplio espectro de longitudes de onda, lo que sin duda proporcionará bien pronto una imagen global comprehensiva de la relación entre la mineralogía heterogénea de la Luna y sus estructuras geológicas. También se ha comprobado, con sorpresa, que algunos accidentes geográficos de la Luna poseen dimensiones mucho mayores que las supuestas hasta ahora: por ejemplo el cráter Aitken del Polo Sur tiene una profundidad de 12 km Las observaciones sobre la naturaleza y espesor de la corteza lunar también han sido muy reveladores mostrando que varían desde unos 10 km en el cráter Aitken hasta más de 100 km en otros lugares. En suma, que de la esquiva, fría y misteriosa Luna de los poetas está emergiendo una Luna nueva, más conocida científicamente y que será utilizada por el hombre como el primer paso hacia otros destinos siderales.