Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Destino: Júpiter

En el último número de la prestigiosa revista norteamericana SCIENCE se incluyen 11 importantes trabajos de Investigación procedentes de los mejores centros astronómicos mundiales que versan sobre Júpiter. En buena parte se basan en los datos obtenidos el pasado 7 de diciembre, cuando desde la nave Galileo, que llegaba al planeta, se lanzó sobre su superficie una sonda con paracaídas que fue enviando, durante más de una hora, hasta su destrucción, un gran número de valiosas observaciones.

Realmente Júpiter es un planeta excepcional, como corresponde a su nombre del dios de los dioses, guía del Olimpo e hijo de Cosmos (Saturno). Su masa, 318 veces la de la Tierra, le hace ser dos veces tan pesado como todo el resto de los demás planetas. Tras el Sol, la Luna y Venus, es el objeto más brillante del cielo, lo que le hizo ser reconocido desde la prehistoria. En 1610, Galileo descubrió sus 4 grandes lunas: Io, Europa, Ganímedes y Calisto, amantes mitológicos de Zeus o Júpiter, que hoy día son conocidas como las lunas de Galileo. Ello supuso el refuerzo de la teoría heliocéntrica del movimiento de los planetas, es decir, que el resto del mundo no giraba alrededor de la Tierra, lo que al no ser del gusto de la Inquisición significó para Galileo la prisión de por vida.

EL PLANETA. En la actualidad se conocen hasta 16 lunas de Júpiter, cuyos diámetros van desde los 10 km a los 2.400. Las tres últimas fueron descubiertas en 1973: Metis, Adrastea y Tebas. Realmente Júpiter no tiene una superficie definida, sino que es una gigantesca bola gaseosa, compuesta fundamentalmente de hidrógeno y helio. Cuando se formó el planeta, hace unos 4500 millones de años, ello liberó una inmensa energía gravitatoria, que, en parte, aun permanece atrapada en sus profundidades, y al ir liberándose lentamente hace que se radie el doble de energía que recibe del Sol. Conforme se profundiza en el planeta, el hidrógeno se convierte en un océano caliente líquido con una perpetua lluvia de helio y llega una profundidad en la que la gran presión, unos cuatro millones de bares, y la gran temperatura, unos 20.000º Kelvin, hace que el hidrógeno se comporte como un metal. La elevada gravedad del planeta, la corta duración de su día (9,8 horas) y su química inusual convierten a Júpiter en un laboratorio único. La superficie del planeta presenta zonas y cinturones coloreados, con vientos de hasta 700 km por hora, rodeada de nubes de vívidos colores. Sus fenómenos magnéticos, sus anillos y sus turbulencias atmosféricas levantan gran entusiasmo entre los investigadores y muchos de los estudios van encaminados a obtener un cuerpo de doctrina adecuado que permita la calibración de modelos atmosféricos que en el futuro servirán para conocer la Tierra.

VISITAS A JÚPITER. Su primer visitante de origen terrestre fue la nave Pioneer 10, en 1973, repitiéndose las visitas posteriores con las Pioneer 11, Voyager 1, Voyager 2 y Ulises. Todas estas aproximaciones sirvieron para concluir que, tanto Júpiter como sus lunas, encerraban un gran interés, entre otras razones porque su atmósfera es un excelente ejemplo de lo que debió ser la nebulosa original a partir de la cual surgió el sistema solar. Su gran fuerza de gravedad ha evitado que pierda el hidrógeno y el helio que otros planetas como la Tierra nunca han tenido o los perdieron. Todas esas naves nos han proporcionado también bellísimas fotografías de Júpiter y sus lunas, sus erupciones, radiaciones, turbulencias, cráteres y zonas características. Todas ellas están disponibles libremente a través de la NASA, en Internet.

El proyecto Galileo fue presentado a la NASA en 1976 por James van Allen, de la UNIVERSIDAD DE IOWA, como un gran proyecto de cooperación internacional con la intervención de USA, Alemania, Canadá, Reino Unido, Francia, Suecia y España. Varios contratiempos iniciales demoraron el lanzamiento del vehículo, entre ellos el accidente del Challenger, en enero del 86, que hizo peligrar el uso de cualquier transbordador. Finalmente se decidió utilizar un sistema con mínima propulsión, basado en aprovechar al máximo, para el viaje hasta Júpiter, la energía gravitatoria de los propios planetas, sobre todo las de Venus y la Tierra. La nave Galileo fue finalmente lanzada el 18 de octubre de 1989 a bordo de un Atlantis, desde donde se dirigió, inicialmente autopropulsada, en dirección al centro del sistema solar. La sinuosa trayectoria primeramente le llevó cerca de Venus (febrero de 1990), volviendo a pasar dos veces cerca de la Tierra y, posteriormente, a ponerse en contacto otras dos veces con el cinturón de asteroides (octubre del 91 y agosto del 93) hasta llegar finalmente cerca de Júpiter (diciembre de 1995), donde permanecerá cumpliendo su misión de estudio hasta finales de 1997.

ÉXITOS Y FRACASOS. Cerca de 7 años de vida lleva la nave Galileo y a lo largo de ellos se han obtenidos grandes éxitos y unos pocos fracasos. Sus diversos instrumentos de medida han proporcionado muy valiosos datos sobre diversos fenómenos: radiación, dinámica y turbulencias solares; imágenes de gran calidad de La Tierra o de las zonas volcánicas de la Luna; el cinturón de asteroides y sus propiedades magnéticas, sobre todo de los asteroides Gaspra e Ida; el descubrimiento de un pequeño asteroide asociado a Ida, bautizado como Dáctilo por la Unión Astronómica Internacional; la observación desde una privilegiada plataforma, en julio del 94, del impacto del cometa Shoemaker-Levy 9 sobre la cara oscura de Júpiter; o el estudio de la composición de Io, con el llamativo reciente descubrimiento, de que posee una zona central de hierro. Pero, sin duda los más importantes son otros dos logros: primero, la sonda lanzada en diciembre pasado a la superficie del planeta, que estudió las velocidades de los vientos, la composición de las nubes y diversos fenómenos atmosféricos; segundo, los datos que Galileo seguirá proporcionando durante casi dos años.

Entre los mayores fracasos, aparte de las circunstancias de la demora de su lanzamiento, cabe destacar que, desde el principio, una avería impidió la apertura de la antena principal de Galileo, con la correspondiente pérdida de sensibilidad en las transmisiones. Para solucionarlo parcialmente, lo que se ha hecho ha sido usar la grabadora de cinta magnética de la nave para grabar los datos y transmitirlos después, a través de las antenas de pequeña ganancia. En octubre pasado lo que se ha estropeado ha sido la propia grabadora, con lo que la memoria disponible es ya muy pequeña, pero, a pesar de ello, se han hecho unas oportunas modificaciones en la recepción de datos de las tres estaciones de seguimiento ubicadas en Goldstone, Madrid y Canberra, con lo que se confía en cumplir en gran medida los objetivos de la ambiciosa misión Galileo.